El michelín de la impotencia

Todos las mañanas al levantarme de cama pienso: “Debo estar soñando, yo no soy así”.

En el universo de mis noches me veo ligero, alto, guapo, pero al despertarme toda esa imagen se rompe y vuelvo a ser “el gordo” del que todo el mundo se ríe.

Me siento atrás de todo en clase para no taparle la visión del encerado a nadie porque, según ellos, parezco una columna enorme de ruedas de camión atravesada delante.

No sólo por esa razón me siento al fondo, allí en la esquina izquierda veo la clase en toda su panorámica y también la veo a ella, preciosa, delgada, sensual… A veces me sorprende mirándola y me sonríe picaruela, marcando los oyuelos de sus mejillas. Yo me ruborizo y noto que un calambre me recorre todo el cuerpo y va a parar a mi entrepierna donde noto calor y presión a la vez. No sé como logra siempre detectar mi turbación mi compañero de delante que suelta un comentario grosero y me lanza su goma directa al ojo.

Ya estoy acostumbrado, aunque no cabe duda de que no me gustan los insultos ni las bromas de mal gusto de las que soy objeto. Yo vivo en mi mundo, en el mundo de la fantasía donde con solo levantar la mano todos se mean por los pantalones. Esta coraza defensiva es fuerte porque estoy enamorado. Sigue leyendo

Capitán metabollito

Llevo viajando varias jornadas, llegando incluso por momentos a la velocidad de la luz. Todos mis compañeros superhéroes andan siempre muy ocupados con los problemas de la humanidad: guerras, saqueos, catástrofes naturales… Pero, yo no he tenido nada que hacer hasta ahora. Mis superiores decidieron darme el puesto de capitán Metabollito con la convicción de que nunca iba ser necesario, ya que según ellos no tenía ninguna habilidad especial. Pero, paradojas de la vida, la humanidad está en peligro y sólo yo puedo salvarla. Una gran epidemia, la obesidad, está asolando la población de la Tierra y lo peor de todo es que los individuos que pueblan el planeta son conscientes del problema pero no buscan soluciones o las buscan a lo loco.

La cuestión se reduce únicamente a que no saben usar las matemáticas, y con esto no hablo de matemáticas avanzadas, sino de simples operaciones aritméticas. Concretamente sumar, restar y multiplicar. Esta limitación no es por falta de habilidades sino al contrario son seres basados en el carbono, con un disco duro con capacidad para almacenar todos los libros escritos por su especie hasta el día de hoy. El problema es la infrautilización de sus capacidades y su mal uso, destinado la mayor parte de las veces a actividades banales, la mayoría reiterativas, algunas obsesivas e incluso en algunos casos autodestructivas. Sólo un pequeño porcentaje de ellos se dedican a sacarle partido a su buen dotado hardware.

Desde que salí del cuartel general situado en la “Galaxia del Bollo de Leche” traigo el piloto automático activado mientras voy leyendo los informes de mis superiores sobre la misión que tengo encomendada: Sigue leyendo

Conspiración nutricional

3 Mayo 1991

Querido amigo:

Te sorprenderá mucho recibir esta carta después de varios años sin saber de mí.

No pretendo con esta carta rogar tu perdón, ni tampoco quiero que me busques. Sólo deseo que la información y los datos científicos que he ido recabando en estos años de retiro lleguen a tus manos y tú valores lo que quieras hacer con ellos.

La historia es muy larga, por lo que intentaré abreviarla un poco.

Un maravilloso día del mes de mayo de hace tres años, recibo en mi despacho a una pareja muy elegante que se hacía pasar por matrimonio. Tras las presentaciones de rigor me exponen en pocos minutos el proyecto de investigación e intervención nutricional más ambicioso e interesante que haya oído en mi vida. Superaba con creces mis aspiraciones profesionales. Sigue leyendo

Oscars a las mejores preguntas (Parte II)

Premio a la pregunta más aburrida:

-¿Qué fué lo que le llevó a embarcarse en este proyecto?

Cuando hago algo que me gusta no lo suelo planear, lo hago y ya está. Me sale espontáneamente y en particular, el tema de la obesidad me fascina. Procuro estar al día de toda la información científica que se está publicando y después disfruto mucho simplificandola para que las personas de mi entorno lo entiendan.

Premio a la pregunta más pasota:

-¿Engorda un alimento lo mismo a una persona que a otra?

Me la plantearon varias veces y en todas ellas tuve la misma sensación. A partir de mi primera frase: “Las calorías de un alimento son las mismas para todo aquel que las ingiera, lo que varía es el gasto energético de una persona” el resto de mi respuesta deja de interesar ya que no coincide con lo que quiere escuchar mi interlocutor, entrando éste en modo desconexión.

¡Qué manía con decir que fulanit@ come más que yo y no engorda! Sólo vemos lo que queremos ver y nos obcecamos pensando que algunas personas tienen cualidades o virtudes que nosotros no tenemos.

Premio a la pregunta más peligrosa: Sigue leyendo