Todos las mañanas al levantarme de cama pienso: “Debo estar soñando, yo no soy así”.
En el universo de mis noches me veo ligero, alto, guapo, pero al despertarme toda esa imagen se rompe y vuelvo a ser “el gordo” del que todo el mundo se ríe.
Me siento atrás de todo en clase para no taparle la visión del encerado a nadie porque, según ellos, parezco una columna enorme de ruedas de camión atravesada delante.
No sólo por esa razón me siento al fondo, allí en la esquina izquierda veo la clase en toda su panorámica y también la veo a ella, preciosa, delgada, sensual… A veces me sorprende mirándola y me sonríe picaruela, marcando los oyuelos de sus mejillas. Yo me ruborizo y noto que un calambre me recorre todo el cuerpo y va a parar a mi entrepierna donde noto calor y presión a la vez. No sé como logra siempre detectar mi turbación mi compañero de delante que suelta un comentario grosero y me lanza su goma directa al ojo.
Ya estoy acostumbrado, aunque no cabe duda de que no me gustan los insultos ni las bromas de mal gusto de las que soy objeto. Yo vivo en mi mundo, en el mundo de la fantasía donde con solo levantar la mano todos se mean por los pantalones. Esta coraza defensiva es fuerte porque estoy enamorado. Sigue leyendo