Obesidad y genética

Con los avances científicos en los últimos decenios se han abierto las puertas de nuestro conocimiento a algo que siempre intuímos pero que quedaba lejos de nuestro entendimiento.
El diseño, el funcionamiento e incluso los defectos que afectan a nuestro cuerpo tenían que estar encriptados en algún sitio con el único fin de manifestarse en el momento oportuno; un plano guardado en un sitio privilegiado.
Desde que Watson y Crick descubrieron nuestro particular mapa del tesoro en el núcleo de cada célula, se abrieron muchas puertas a la imaginación y al estudio; puertas que abren multitud de posibilidades a distintas ciencias.
La ilusión y la esperanza de muchas personas emergieron con la idea de poder prevenir e incluso modificar el curso de las enfermedades y patologías que nos afectan y, ¿por qué no?, hacer alguna mejora para vivir más guapos, más delgados y más jovenes durante un tiempo más largo.
Con el paso del tiempo fue decayendo el ánimo general ya que los genes no determinan totalmente nuestra vida; son los factores ambientales los que van moldeando a su vez el mapa genético con cicatrices, marcas y modificaciones hechas sobre la marcha.
Imaginemos por un momento que construimos nuestro chalet ideal, le ponemos todos los lujos y servicios que nos apetezcan y lo situamos en el enclave más bonito que jamás habíamos soñado. Nos instalamos en él y van pasando los años. Tormentas, averías, inundaciones, productos químicos, el uso, etc., son factores que van deteriorando nuestra casa y que nosotros vamos arreglando al mismo tiempo pero con pequeñas modificaciones para que soporte mejor las agresiones. En algunos casos conseguimos reforzar la estructura, pero estropeamos la estética, en otros casos podemos mejorar ambas, pero habrá situaciones que por mucho que nos esforcemos no conseguiremos nada o incluso lo hagamos peor, es decir, el remedio fue peor que la enfermedad. Pasados los años, si volvemos a mirar el plano original vemos que es el mismo pero con anotaciones, borrones, anexos, etc., que modifican el resultado final que nosotros habíamos pretendido en un principio.
Todo esto coincide con lo que le pasa al cuerpo humano. Si la genética se encarga de describir y estudiar nuestro mapa genético, la epigenética es la que se encarga de estudiar las improntas que dejan los factores ambientales en nuestro genoma. Asi es que algunas enfermedades son producidas por un error en el plano genético original, pero muchas de ellas se deben a factores ambientales, que unidos a una particular susceptibilidad genética, dan origen a las mismas.
La obesidad es una de ellas. Excluyendo unos pocos síndromes de causa exclusivamente genética, la mayoría de las veces la tendencia al aumento de peso se produce por interacción genes-ambiente.
Habrá lectores que al leer esto seguro que piensan que ellos son la excepción que cumple la regla, porque siempre nos toca el gordo de la lotería cuando para lo malo se refiere. Por eso, vamos a describir el síndrome genético que cursa con obesidad más frecuentemente, el Síndrome de Prader-Willi y veremos que el plano genético no es tan sencillo, ya que tiene su intríngulis.
El Síndrome de Prader-Willis es un síndrome genético que afecta a 1 de cada 15.000 niños. Se produce por una microsupresión genética, es decir, falta un minúsculo trozo de material genético en el cromosoma 15 heredado del padre. Presenta una clínica muy peculiar en la que va a ser difícil que algún lector se sienta identificado. Suelen ser bajitos, con cabeza estrecha y pequeña, ojos almendrados y boca de pez. Presentan retraso mental y falta de fuerza muscular, no tienen un correcto desarrollo sexual y sufren un hambre voraz que puede acabar en una agresividad exagerada si no se les complace. Debido a esta hiperfagia las personas afectadas pueden alcanzar grados muy altos de obesidad mórbida con los problemas que ello acarrea: diabetes, enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios, etc. Tienen una expectativa de vida muy reducida que no llega a los 40 años.
Esta patología muestra como un error grave aunque minúsculo en el plano produce una alteración importante en la estructura y funcionalidad del producto final. Es curioso que si en vez de estar afectado el cromosoma 15 heredado del padre, está el heredado de la madre produce un síndrome genético totalmente distinto, el Síndrome de Angelman. Los afectados con este síndrome suelen ser niños muy alegres, siendo la risa una de sus principales características, tienen retraso mental y no presentan la propensión a la obesidad que tienen los niños afectados con el Síndrome de Prader-Willi.
Es muy difícil, salvo excepciones, encontrar una causa puramente genética a nuestro problema de sobrepeso.
Cada célula de nuestro cuerpo contiene 30.000 genes y de estos más o menos un centenar pueden estar relacionados con la obesidad, de los cuales sólo un 10 % presenta una asociación muy fuerte con la misma. Esto quiere decir, que no podemos achacar la culpa de nuestra obesidad a la genética, es más, nuestro genoma es casi idéntico al de nuestros ancestros de hace 20.000 años y coincidimos en un 99 % con el genoma del chimpacé. Que sepamos, ni los chimpancés ni nuestros antepasados prehistóricos sufrían la enorme carga que supone la obesidad hoy en día. Según esto, aunque no queramos aceptarlo, la obesidad presenta una fuerte carga ambiental. Va a ser obeso aquél que tiene un ambiente que le está favoreciendo y eso es contra lo que hay que luchar. En ocasiones, es un freno y en otras un peligro el intentar que nos hagan un análisis genético que nos diagnostique que tenemos una predisposición fuerte a padecer obesidad u otra enfermedad. Nos puede dar una falsa sensación de condena eterna a la que estamos abocados de por vida. Nada nos impide conseguir estar como queramos salvo nosotros mismos. La mejora o el deterioro de nuestra estructura corporal igual que la de nuestra casa la vamos planificando nosotros a lo largo de la vida y eso, sí que tiene una gran fuerza a la hora de predisponernos a determinadas patologías.
No nos abandonemos aplicándonos la excusa de que somos gord@s porque la genética juega en nuestra contra, si queremos, podemos.

Mª Jesús

Esta entrada es la participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la X Edición del Carnaval de Biología que en esta ocasión organiza Scientia.

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