Tercera entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

2ª Semana:
Daniela vino muy contenta de su visita médica. Estaba eufórica porque había bajado 1,5 kg de peso y no se lo podía creer. Como consecuencia estuvo dando saltos de alegría por toda la habitación durante un buen rato. Era fenomenal verla tan feliz.
Se me acercó en varias ocasiones y era únicamente para que viera lo flojo que le quedaba el pantalón en la cintura. Se ponía de perfil, con la barriga bien metida para dentro, y me preguntaba si percibía la gran bajada de volumen que ella notaba.
Al ir menguando un poco la euforia inicial, me contó que el médico la había felicitado por su logro, pero que había insistido en que no bajase la guardia y que intentase hacer más deporte. Además, también le había preguntado si había tenido algún problema digestivo como estreñimiento, diarrea, exceso de gases; o si, por otra parte, había notado ansiedad por alguna comida en especial y a qué hora.
Daniela le comentó que lo más costoso fue evitar el chocolate, porque a pesar de que en la dieta podía tomar galletas de chocolate, no era lo mismo que su deliciosa tableta diaria de chocolate con leche y almendras. Aparte de eso, el resto lo había llevado bastante bien, aunque notaba mucha hambre a lo largo de la tarde, pues era cuando solía estar más tiempo en casa. El doctor le diseñó una nueva dieta, variándole un poco las comidas principales para que no se aburriera y le aumentó el menú de la merienda.
A Daniela, en un principio, la nueva dieta le pareció fácil y sin complicaciones, dado que se encontraba muy animada y tenía mucha prisa por adelgazar y acabar cuanto antes. De todos modos, el doctor le recomendó calma y tranquilidad ya que habría semanas que se le harían muy duras y difíciles.
Al ver que todo le iba tan bien creí que ya no necesitaría mi ayuda, sin embargo, me moría de ganas por saber qué sorpresas me iba a encontrar cuando leyera el tema de las grasas.
Empecé a buscar información con mucho ánimo, pero me desinflé enseguida. Me entró pereza y acabé poniéndome mil excusas a mí mismo, diciéndome que no iba a conseguir nada. Seguía rondándome por la cabeza la idea de que Daniela no necesitaba más mi ayuda y se me hacía todavía más difícil motivarme para seguir trabajando, pero sobre todo porque lo que estaba leyendo sobre las grasas en los libros de mi padre se me hizo muy pesado: aparecía una larga clasificación de todos los tipos de lípidos y mucha formulación. Finalmente, decidí conectarme a Internet para ver si encontraba algo mas didáctico.

Lípidos o grasas
Existen en la naturaleza muchos tipos de grasas y algunos compuestos que no son grasas, pero que se comportan como tales (como es el caso del colesterol, que se incluye dentro este grupo).
Las grasas están formadas por unas moléculas muy alocadas y traviesas llamadas “ácidos grasos”. Si se encuentran solos se alían con la primera molécula que encuentran en su camino, sea buena o mala, formando así tanto sustancias saludables como tóxicas. El cuerpo humano, para mantenerlos a raya, les pone una especie de tutor que los estabiliza, aunque yo creo que más que estabilizar los emborracha para que no den la lata, porque en muchos casos el tutor es un alcohol llamado glicerol. Se forman entonces los triglicéridos, o unión de 3 traviesos ácidos grasos con el glicerol.
Los triglicéridos son moléculas serias y formales que componen la mayoría del componente graso corporal.

Al seguir leyendo me fui dando cuenta de que la grasa dentro de nuestro cuerpo tiene muchísimas funciones en el organismo:

  • Constituye el 50-60% de la masa cerebral: ¡Quién lo diría, la mitad de nuestro cerebro es grasa! Me acuerdo entonces de las pastillas comegrasas de las revistas del corazón que lee mi madre y no puedo evitar reírme, porque si eso fuese verdad toda la gente que las tomara se quedaría tonta de por vida, (si es que no lo están ya, leyendo lo que leen).
  • Aislante térmico: ¡Por eso Daniela tenía siempre tanto calor! En invierno antes de empezar a jugar ya se quitaba la chaqueta y se quedaba en manga corta mientras que yo tenía las manos y los pies fríos casi todo el año, aunque ésto, pensándolo bien, no me parecía tan raro porque había visto en un documental que los osos polares resistían el frío extremo gracias a la capa de grasa que tenían debajo de la piel.
  • Vehículos de vitaminas liposolubles: Mis amigos los ácidos grasos hacen de taxistas (no debe ser muy dura la ley de tráfico dentro del cuerpo ya que conducen con alcohol encima, ja, ja). Transportan a un grupo de vitaminas por el cuerpo, la A, D y K para que realicen sus tareas. Por eso si la cantidad de la grasa en la dieta diaria fuera cero tendríamos graves problemas, por ejemplo: ceguera por falta de vitamina A, raquitismo por falta de vitamina D y hemorragias por carencia de vitamina K.
  • Amortiguador de traumatismos: La grasa es como una airbag, protege y rellena los órganos como si los empaquetara, para que no sufran con el bamboleo de la actividad diaria, (estoy pensando que tengo que comer un poco más antes de ir a la montaña rusa).
  • Estimula las secreciones digestivas y retrasa el vaciado del estómago para que las digestiones se hagan mejor, ahora entiendo porque a mi abuelo le sentaba tan bién el trozo de panceta del cocido.
  • Gran reserva de energía: Es el depósito más grande y efectivo que tenemos dentro del cuerpo, cada gramo de grasa aporta 9 Kcal el doble de lo que aportan los hidratos de Carbono y las proteínas. Gracias a este almacén podríamos estar sin comer (no sin beber) durante semanas e incluso meses, en cambio el depósito de glucógeno nos daría para más o menos medio día.
  • Componentes de hormonas: Las hormonas corticoides y sexuales se forman a partir del colesterol. No quiero imaginarme que será de mi si adelgazo mucho más de lo que estoy, tonto, frágil, ciego e impotente. ¡Qué horror! Me está entrando una debilidad horrible, al acabar esto tengo que ir a comer algo inmediatamente, no vaya a ser que ya esté con el depósito graso a mínimos.

Los lípidos me parecieron un cajón de sorpresas. La imagen mental que tenía yo sobre las grasas era la de unos pequeños monstruos negros y peludos que atascaban nuestras arterias por dentro, produciendo muchas enfermedades, pero ahora las veía como unas simpáticas y traviesas amiguitas muy necesarias para nuestro organismo. El problema (y ahora estoy pensando en Daniela) es el exceso, siempre el exceso, como cuando nos pasamos con las bromas y éstas se hacen pesadas.
Estas grasas parecen personajes salidos de una película de intriga, adoptan una personalidad distinta según estén en uno u otro lugar.
Lo pasé muy bien investigando sobre estas simpáticas y desconcertantes moléculas, por lo que aunque Daniela no me necesite yo seguiría explorando por mi cuenta.

Continuará…

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