Bioimpedanciometría

La historia de la electricidad, con sus progresivos descubrimientos, causaron desde siempre una gran revolución. La encontramos en nuestras casas, en nuestros coches, en las calles, en el mar, en la atmósfera con sus 6.000 rayos/minuto, etc.

En nuestro propio cuerpo se producen fenómenos eléctricos gracias al generador del sistema nervioso, que propaga su corriente por el cableado de los nervios.

La electricidad tiene multitud de aplicaciones. En medicina se usa tanto en las técnicas de diagnóstico como en las terapias curativas, siendo el resultado de muchos años de trabajo e investigación que dan fruto a marcapasos, láseres, desfibriladores…

Una de las técnicas diagnósticas actuales basadas en la electricidad y de uso extendido en la nutrición es la bioimpedanciometría para el estudio de la composición corporal.

Existen otras tecnologías para el cálculo de los distintos compartimentos corporales: TAC (Tomografía Axial Computerizada), resonancia magnética, absorciometría X dual, hidrometría, dilución isotópica con deuterio o tritio y muchas más cuyo uso queda limitado por su coste, complejidad o efectos colaterales. Por contra, la impedanciometría es la que está ganando más adeptos día a día por su fácil manejo, seguridad, bajo coste y relativamente buena fiabilidad, aunque sin llegar a la efectividad de otras técnicas, como las citadas anteriormente, más sofisticadas y precisas.

La bioimpedanciometría calcula la composición de nuestros compartimentos corporales basándose en la resistencia que ofrece cada parte de nuestro cuerpo a un flujo de corriente alterna, según esto el músculo es muy buen conductor de electricidad y la grasa no.

Para entender como funciona el bioimpedanciómetro tenemos que imaginarnos nuestro cuerpo como un cilindro lleno de agua con minerales disueltos. Al aplicar una corriente alterna en un extremo y detectarla en otro, estamos creando un circuito eléctrico que por mucho que simplifiquemos se trata de un circuito complejo, ya que aparte de tener elementos conductores simples (como puede ser la sangre y la linfa), también tiene condensadores que almacenan energía durante un tiempo y después la liberan. Estos condensadores corporales serían las membranas y las interfaces celulares que producirían el fenómeno llamado capacitación eléctrica. El inverso de la capacitación eléctrica es la reactancia que no es más que la resistencia que ofrecen los condensadores al paso de la corriente. La oposición a dicha corriente consta de dos componentes que son la resistencia (R) y la reactancia (X) que determinan el valor de la impedancia (Z).

El bioimpedanciómetro se basa en la ley de Ohm para un circuito de corriente alterna que se generaliza y se transforma en:
I=\frac{V}{Z}
Donde I es la intensidad de la corriente alterna; V es el voltaje de dicho circuito; y Z es lo que se llama impedancia y engloba la resistencia (R) y la reactancia (X), calculándose su valor por la siguiente fórmula:
Z=\sqrt{R^2+X^2}

Esta técnica tiene sus limitaciones porque influyen una serie de factores que pueden modificar el resultado:

  • Composición
  • Densidad
  • Hidratación
  • Temperatura
  • Edad
  • Raza
  • Sexo
  • Ingesta de medicamentos como antinflamatorios o diuréticos
  • Condición física

Los equipos de bioimpedanciometría más fiables son los analizadores de multifrecuencia con dos electrodos emisores y dos receptores, utilizando un abanico de frecuencias entre 1KHz – 1MHz.
Con frecuencias bajas, la corriente atraviesa el agua extracelular siendo aquí la reactancia mínima. Confome vamos aumentando la frecuencia, la electricidad penetra en el espacio intercelular retardando la corriente, ya que las membranas celulares y las interfaces frenan y almacenan la misma, comportándose como condensadores. Estos condensadores corporales aumentan la capacitancia hasta un máximo, a partir de ahí y a pesar de que la frecuencia de la corriente aumenta, la reactancia disminuye. Con las frecuencias más altas el flujo de corriente circula por el agua extracelular, intracelular y compartimentos intermedios.
Gracias a esto se calcula la composición corporal a partir del contenido de agua en todo nuestro cuerpo (excepto la cabeza que no entra en la medición). Partiendo del valor total de agua, y asumiendo que el agua es una fracción constante de la masa libre de grasa, podemos calcular el componente graso según la fórmula:
Masa\,\, grasa=Peso\,\, corporal-Masa\,\, libre\,\, de\,\, grasa

Para que el resultado sea más o menos fiable se necesitan equipos que utilicen una amplia gama de frecuencias y unas ecuaciones de regresión validadas con otros métodos de composición corporal como el DEXA (Absorciometría Radiográfica de Energía Dual), la densitometría u otras, para minimizar los errores de estimación.

La bioimpedanciometria es una técnica asequible, segura y barata que es útil pero no objetiva, ya que en muchos casos subestima la grasa corporal de individuos muy delgados y por el contrario, sobrevalora la grasa de los individuos con alto grado de obesidad.

Esperemos que en un futuro cercano la investigación en biotecnología nos aporte mejoras en la bioimpedanciometría, o el descubrimiento de otros métodos que sean más precisos y exactos e igualmente seguros.

Mª Jesús

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s