Cuarta entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

3ª Semana:
Hoy Daniela y yo salimos a jugar más tarde de lo habitual. Ella acababa de llegar de la revisión médica y venía un poco triste porque sólo había bajado 200 g. Reconoció que conforme iba pasando el tiempo, hacer dieta se le hacía cada vez más duro.
Por las mañanas lo lleva bastante bien, pero al ir avanzando la tarde no para de pensar en chocolate, patatas, pistachos, gominolas y hasta en aceitunas, las cuales nunca le gustaron. No lo puede remediar, no es capaz de pensar en otra cosa y lo único que hace es encerrarse en su habitación a beber Coca Colas y masticar chicles, contando los minutos que le quedan hasta la hora de la cena.
A pesar de esos bajones, en general lo fue llevando bastante bien, hasta que un sábado gris y lluvioso no pudo más y asaltó la caja de bombones que tenía su madre escondida en el fondo del armario donde guardaba la vajilla.
Daniela llevaba varios días merodeando por la cocina como si la visión y el olor de la comida le aliviara un poco, pero aquella tarde explotó y como si de una ladrona se tratase, esperó a estar sola en casa, bajó corriendo a la cocina y debajo de la mesa del comedor se comió a toda prisa los bombones de la caja.
Su madre no se enteró de lo sucedido hasta dos días después haciendo limpieza. La caja de bombones vacía estaba debajo de la cama. Daniela la escondió allí porque con la precipitación y el nerviosimo de aquella tarde no se le ocurrió otro sitio mejor, dejando para otro momento la eliminación de la prueba del delito.
Su madre se lo dijo al médico a pesar del enfado de mi amiga y él le comentó que era un comportamiento que podía darse haciendo dieta y no se debía considerar como anormal. Todo el mundo en algún momento tiene sus momentos de debilidad, lo importante es que no se los calle, ya que cuanta más comunicación haya entre todos más fácil será todo.
El doctor le recomendó mantener la mente y el cuerpo ocupados, salir a dar paseos, hacer deporte, leer, hacer crucigramas o sudokus e incluso escribir en un diario cómo se va sintiendo día a día, ya que es una buena forma de desahogar la tensión que va acumulando. Al escucharlo Daniela se quedó más aliviada pero no más tranquila porque aunque el doctor comprendía sus deslices, su madre no. De todas formas ella se autoconvenció de que tenía que aguantar hasta el final porque su máxima ilusión era estar delgada y volver a ser feliz. Llegado a este punto es donde entrábamos otra vez en la parte más aburrida de la historia: Lo guapísima y chic que iba a estar cuando consiguiera su peso, la ropa fashion que se iba a comprar, el corte de pelo que se iba a hacer y otras cosas de las que no me enteré porque desconecté rápidamente de lo que me estaba diciendo. Estaba deseando estar solo para ponerme manos a la obra e investigar sobre unas moléculas que me intrigaban mucho: las proteínas. Últimamente oigo hablar mucho de ellas, que si dietas a base de proteínas, sobres proteinados, proteínas para deportistas, etc. A lo mejor en este tema puedo encontrar algo interesante y útil para que la dieta se le haga menos costosa a mi amiga.

Proteínas
Cuando empecé a leer sobre las proteínas me quedé fascinado y al poco rato de ponerme con ellas, mi imaginación ya estaba volando.
Las proteínas están compuestas por aminoácidos y de éstos el cuerpo humano sólo necesita 20 para construir todas las proteínas que necesita. Ésto no tendría importancia si sólo tuviéramos unas pocas proteínas, pero tenemos nada más y nada menos que ¡80.000 proteínas diferentes!

La insulina, la miosina del músculo, el colágeno de la piel, la queratina del pelo y hasta los anticuerpos para defendernos de los microbios son proteínas. Estas tienen multitud de funciones y están en todas las células de nuestro cuerpo, que es donde se fabrican. Es un espectáculo maravilloso visualizar el ensamblaje de los aminoácidos para formar proteínas. Parece obra de un niño pequeño que va construyendo casas y coches a partir de pequeños ladrillos de plástico.
Los aminoácidos, o componentes de las proteínas, son como piezas de Lego flexibles y con poco variedad. Gracias a ellas se pueden hacer construcciones impresionantes en el espacio y dependiendo de la forma que adopten asumen un trabajo o una función distinta. Lo simpático es que para construir las proteínas nuestro cuerpo cuenta (como cualquier buen juego que se precie) con instrucciones que van escritas y empaquetadas en el núcleo de cada célula. Estas instrucciones constituyen el genoma celular, que es un conjunto de genes que dirigen la construcción de las proteínas según las labores que tenga asignadas para ellas, creando así proteínas variopintas y con funciones muy diversas.
Las proteínas así formadas son la estructura de mi ciudad corporal y sin ellas no tendría músculos, huesos, piel ni pelo y no podría saltar, ni bailar, ni jugar al fútbol,… Son además las encargadas de defenderme en forma de anticuerpos contra bacterias, virus y parásitos o cualquier bichejo que ose atacarme.

Sin las proteínas, yo sería un blanco fácil de destruir, por no decir que sería diabético porque la insulina no es más que una proteína o estéril, ya que los espermatozoides se mueven gracias a que tienen proteínas contráctiles en su interior. ¡Qué horror!
¡Me están entrando unas ganas tremendas de comerme un filete! ¡No quiero que me pase nada de eso!
Si mi madre lo hubiera sabido, cuando yo era más pequeño, en vez de contarme el cuento de Caperucita Roja para que comiera, me habría leído el Tratado de Bioquímica de mi padre.
Yo no sé a quién ayudaré más, si a Daniela para que pierda peso o a mí para que lo recupere.
Estoy deseando ver a mi amiga para contarle la historia de estas mágicas y maravillosas piezas de Lego.

Continuará…

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