Obesos acuosos

El agua es indispensable para la vida y en nuestro organismo tiene funciones muy diversas que van desde el transporte de nutrientes, la eliminación de sustancias de desecho y la lubricación articular hasta servir como medio para que se transmitan los impulsos neuromusculares y como mesa de trabajo donde tienen lugar las reacciones metabólicas corporales.
La distribución del agua dentro de nuestro cuerpo varía de una persona a otra y sobre todo lo hace con la edad. Con el paso de los años nuestro cerebro, piel y tejido subcutáneo pierden progresivamente agua, dando lugar a las odiosas arrugas y al cerebro con aspecto de uva pasa. En cambio, al aumentar la edad el agua se incrementa en el tejido adiposo y muscular.
En la obesidad no pasa lo mismo en contra de lo que podamos pensar (no acumulamos una sútil capa de grasa y mucha agua, como muchos piensan). Al aumentar el tejido adiposo disminuye el agua corporal, a no ser que presentemos alguna patología en la homeostasis hidroelectrolítica que nos haga retener líquidos o que tomemos alguna sustancia que disminuya la eliminación de agua, como es el caso del consumo de medicamentos como: Corticoides, antiiflamatorios, anabolizantes esteroideos, estrógenos, etc., o golosinas tan exquisitas como la regaliz.
¿Por qué retienen agua estas sustancias? ¿Es qué al eliminarse por el riñón lo atascan o lo dejan dañado?
La retención de líquido puede darse por un exceso de sal, por cambios hormonales, por patologías (cardíacas, circulatorias, hepáticas, renales…) o por la toma de medicamentos.
Las retenciones de líquido, no ligadas a patología, no tienen significado patológico, ya que no suelen pasar de 1-2 kilos y suelen revertir al cambiar las condiciones, como puede ser con el cese del tratamiento correspondiente.
Puede llamar mucho la atención la inclusión en la lista de la regaliz, una simple chuchería, que no lleva sal, y sin embargo, produce retenciones de agua.
La regaliz se extrae de la planta “Glycyrrhiza Glabra” y se utiliza como aromatizante en muchos productos como pueden ser golosinas, infusiones, suplementos a base de hierbas o algunas bebidas. La causa de que la regaliz retenga agua está en un metabolito de la misma llamado “ácido glicirrícico”. Este ácido inhibe la enzima 11 β-hidroxiesteroide deshidrogenasa (11β – HSDH) que convierte el cortisol en cortisona.
Vamos a ver que supone este cambio: El cortisol es capaz de interaccionar con los Receptores mineralocorticoides y la cortisona, no. Al activarse estos receptores se retiene sodio y agua, así la regaliz dependiendo de la dosis que tomemos puede llegar a producir desde una ligera retención de agua hasta edemas e hipertensión.
Los Receptores mineralocorticoides y los Receptores glucocorticoides son específicos para las hormonas corticoides y están situados dentro de nuestras células.
La activación de los Receptores glucocorticoides aumenta la glucosa en sangre y activa los mecanismos antiiflamatorios que ponen freno a reacciones inmunológicas exageradas que pueden dañar nuestro organismo como alergias, reacciones autoinmunitarias, tóxicos, etc.
Por su parte los Receptores mineralocorticoides retienen sodio y agua para mantener los niveles de agua y electrolitos intracorporales dentro de una concentración óptima.
De esta forma, comprobamos que la regaliz es un claro ejemplo de como una sustancia natural y supuestamente inofensiva puede producir efectos adversos, ya que interfiere con el metabolismo normal de los corticoides endógenos.
No sólo la regaliz activa estos receptores sino también los corticoides administrados como tratamiento para enfermedades reumáticas, alérgicas, autoinmunitarias, etc.
En el mercado farmacéutico existen variedad de preparados corticoideos que según la afinidad que presenten por uno u otro receptor, su efecto será distinto, así como también sus efectos secundarios. La mayoría producen alteración en la distribución de las grasas y edemas por retención de sodio y agua, al mismo tiempo que eliminan potasio, debido a sus efectos mineralocorticoides.
La retención de líquidos puede llegar a ser patológica llegando a producir edemas, hipertensión y sobrecarga cardíaca, que es especialmente peligrosa en personas con patología previa de corazón o riñón.
Otro grupo de fármacos muy utilizados y que también pueden causar retención de líquidos son los antiiflamatorios no esteroideos (AINES), muy utilizados en procesos febriles, dolores varios y procesos inflamatorios. El mecanismo por el cual los antiiflamatorios retienen líquidos es distinto al de los corticoides.
Los antiiflamatorios inhiben la actividad de las ciclooxigenasas (COX 1 y COX 2) que se encargan de transformar el ácido araquidónico en prostaglandinas y tromboxanos, piezas clave en la cascada de las reacciones químicas que tienen lugar en la inflamación. Como su acción no es totalmente específica, inhiben también la formación de prostaglandinas a nivel renal, encargadas en el día a día, de aumentar el flujo sanguíneo del riñón y regular la absorción de agua y sodio.
Al inhibir los antiiflamatorios a estas prostaglandinas, se produce retención de líquidos, muchas veces considerable dependiendo del estado previo de la función renal.
Existen también otros tratamientos que retienen líquidos y que se toman con buen estado de salud, como pueden ser los anticonceptivos y los anabolizantes esteroideos.
Los anticonceptivos hormonales femeninos orales suelen llevar en su composición un derivado estrogénico y uno progestágeno, que suplen a las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona) con el fin de impedir la ovulación.
Los estrógenos se parecen mucho químicamente a las hormonas corticoides y producen retención de agua y sal, aunque en menor cuantía que las anteriores. Los estrógenos además, alteran los mecanismos de reparación de las paredes venosas produciendo debilidad de las mismas, dando lugar en algunos casos a edemas por aumento de la permeabilidad de sus paredes.
Con la aparición de anticonceptivos orales de nueva generación estos efectos se han minimizado mucho, por la utilización de progestágenos con efecto antimineralocorticoide, es decir, “anti-retención” de líquidos. Un ejemplo es la drospirenona, un progestágeno, que anula el efecto secundario de la retención de líquidos que provoca el estrógeno. Por lo que hoy en día, tomar anticonceptivos no es sinónimo de subir de peso.
Parecidos a éstos, pero en versión masculina, tenemos los esteroides anabolizantes utilizados en dopaje deportivo.
Los anabolizantes esteroideos utilizados en deportistas, suelen ser derivados de la testosterona, hormona sexual masculina. La testosterona es una hormona esteroidea al igual que los estrógenos o el cortisol y como ellos, también produce retención de líquidos por mayor reabsorción de sodio en los túbulos renales.
El mecanismo de acción más buscado en estos productos es el incremento de la síntesis proteica que se traduce en un aumento de masa muscular. Al elevarse la proporción de músculo en el cuerpo, también lo hace el agua, sobre todo la extracelular, porque el músculo se hidrata mucho a diferencia de la grasa.
Podemos destacar, en estes casos, que la retención de líquidos es el efecto secundario menos dañino, ya que la toma de anabolizantes esteroideos sin que estén indicados, puede dar lugar a infertilidad, aumento del colesterol LDL (el malo), ginecomastia (crecimiento de las mamas), daño hepático y patología prostática que puede ir desde la benigna hiperplasia de próstata hasta una neoplasia prostática.
Resumiendo un poco lo visto hasta ahora vimos que ciertas sustancias nos podían hacer retener agua, generalmente en poca cantidad (rara vez esta cantidad supera lo equivalente a 2 kilos de peso) y revierte de forma fisiológica al dejar de tomar el producto químico responsable.
Pero, ¿cuándo debemos preocuparnos? ¿Cómo podemos diferenciar una retención acuosa aislada de una patológica?
Tenemos primero que describir dentro de nuestro cuerpo los distintos compartimentos que tienen agua. Seguro que estamos pensando que es en el torrente sanguíneo donde tenemos más agua. Si es así, nos vamos a llevar una sorpresa.
El agua dentro de nuestro organismo constituye el 60 % del peso corporal y se sitúa, o bien dentro de las células (agua intracelular) o fuera de las mismas (agua extracelular).
Las células son como saquitos de agua con sus orgánulos flotando en ella y es ahí donde tenemos concentrada la mayor parte del agua corporal. Esta agua intracelular constituye las 2/3 partes del agua total. Fuera de las células (agua extracelular) tenemos el 1/3 que nos falta y que se distribuye entre agua plasmática y líquido intersticial. Este 1/3 se distribuye de la siguiente manera: La primera es la que se encuentra dentro de los vasos sanguíneos y comprende sólo 1/4 del líquido extracelular y el líquido intersticial es el que está en los espacios que quedan entre las células y viene a suponer las 3/4 partes restantes.
La retención de líquidos o mejor dicho el edema se produce cuando aumenta el volumen del líquido intersticial y este aumento puede tener una amplia variedad de causas aparte de los medicamentos.
En edemas ligeros notamos que nos aprietan los zapatos, el calcetín nos deja marca, notamos la tripa hinchada o no podemos sacar la alianza. Cuando ya notamos esos síntomas, ya tenemos encima un par de kilos de agua. Si ésta sigue incrementándose, el edema se va generalizando y haciéndose cada vez más visible.
Para entender la localización del edema así como sus causas vamos a imaginarnos que tenemos un nuevo amig@, en este caso, un “maniquí de goma”, al que le podemos hinchar a nuestro gusto cualquier parte de su cuerpo.
Vamos a empezar a inflar:

  1. Insuflamos sólo piernas, resto del cuerpo normal: Este edema es típico de la insuficiencia venosa. Cuando la sangre llega a las venas de las piernas, éstas tienen que llevarla de vuelta al corazón. La sangre sube por efecto de su propia presión y las válvulas de las venas evitan que la sangre retroceda hacia atrás. En el caso de embarazo, obesidad o estreñimiento hay una resistencia aumentada al flujo venoso con lo que es más fácil que se estanque la sangre, aumente su presión y se extravase el líquido plasmático fuera de las venas hacia el líquido intersticial. Al ocurrir ésto el nivel de sangre en el torrente circulatorio disminuye, algo que nuestro cuerpo no se puede permitir, ya que hay que mantener el riego de todos los órganos, sobre todo los vitales como el cerebro y el corazón.
    Para mantener este volumen plasmático se aumenta la retención de sodio y agua por riñón para corregir el déficit, perpetuándose así el cuadro.
  2. Insuflamos sólo la barriga y le damos un ligero toque de maquillaje de color amarillo por todo el cuerpo: Este edema es típico de la cirrosis hepática. Se produce, porque el hígado en estos casos está tan desestructurado que comprime todo el sistema venoso portal, extravasándose líquido hacia el peritoneo produciendo lo que se llama ascitis. Esta extravasación de agua se complica aún más al asociarse hipoalbuminemia. La albúmina es una proteína producida fundamentalmente por el hígado que mantiene la presión oncótica sanguínea. Al disminuir la albúmina aumenta el paso de líquido desde el torrente sanguíneo hacia el espacio intersticial.
  3. Inflamos de forma generalizada todo nuestro maniquí y si lo vamos a tener de pie, le rellenamos los pies y las piernas un poquito más. A mayores, le pintarrajeamos el cuerpo con un tono azul-violeta, un poco más claro que el de un Avatar. Este sería el caso de un edema de causa cardíaca. Al fallar el corazón y no expulsar sangre con diligencia, la sangre se extravasa y se van hinchando las distintas zonas. El riñón para compensarlo aumenta la reabsorción de sodio y agua, aunque de esta forma lo único que se consigue es empeorar más el cuadro.
  4. Insuflamos por todas las zonas pero con un toque exagerado en la cara, sobre todo en los ojos, y le ponemos un color plomizo. Este edema es típico de la insuficiencia renal que aparte de retener agua y sales no permite eliminar sustancias de desecho como la urea que también se acumulan.
    El edema renal se complica por momentos porque el riñón parece un colador por el que se pierden glucosa y proteínas como la albúmina afectando a la presión oncótica vascular.
  5. Como nos cansamos de insuflar y no queremos darle más al bombín, cogemos a un maniquí chica y lo ponemos de pie en una esquina. Como obra de magia, al final del día aparece espontáneamente con la barriga y las piernas hinchadas. Es como si en vez de maniquí tuviéramos un transformer que por la mañana está esbelta y por la tarde rolliza.
    Este edema se llama “edema idiopático”, es decir, no se sabe la causa. Aparece en mujeres sin relación con el ciclo menstrual y sólo se debe tratar con reposo en horizontal periódico (más o menos cada 2 horas) y usando unas medias de descanso. El uso de diuréticos en este caso complicaría más el cuadro y ¡mucho cuidado con las infusiones diuréticas para eliminar líquido!
  6. Seguimos sin insuflar nada y comprobamos que a nuestro maniquí chica le engordan los pechos, la barriga y las piernas cada 28 días. Creo que todos nos imaginamos que tipo de edema es. Correcto, es el “edema cíclico o premenstrual”, en el que hay retención de agua y sodio debido al efecto de los estrógenos y que cesa con la menstruación.

Estamos mareando un poco a estos maniquís y va a ser mejor que los dejemos tranquilos y les agradezcamos el habernos servido como modelos estupendos para entender los edemas.

Y como conclusión de todo lo visto, nos damos cuenta que no podemos achacar a la ligera un aumento de peso a una retención de líquidos, ya que el cuerpo acumula grasa como reserva energética pero no acumula agua; si esto pasara debemos consultarlo con nuestro médico porque puede ser reflejo de una patología incipiente.

Mª Jesús

Esta entrada es la tercera participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XIV Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza Educación Química y la segunda participación en el XII Carnaval de Biología que tiene como anfitrión a Blog de Laboratorio.

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