La bestia de hierro

A menudo me gusta mirar con ojos de niña pequeña y analizar todo con ingenuidad, eliminando de mi mente conceptos predeterminados que me inculcaron con mi educación, y desde ahí observar todo por primera vez como si fuera una extraña criatura que de repente la asientan en un marco imaginario. Una criatura fascinada por todo lo que ocurre a su alrededor, pero sobre todo por lo que pasa en su interior, aplaudiendo todas y cada una de las sorpresas que va sintiendo: corrientes de sangre, latidos cardíacos, contracciones musculares, movimientos intestinales, crecimiento, etc. Fenómenos alucinantes por su aparente sencillez, pero que representan la complejidad y sofisticación de un ser que llegó a conseguir un pódium en la carrera evolutiva, gracias a una combinación de elementos que se unieron en perfecta sincronía para trabajar en conjunto.

Uno de esos elementos, y para mí personalmente uno de los más fascinantes, es el hierro, un mineral que se asemeja a una hermosa bestia que sometemos pero que no domesticamos. Una bestia mágica que nace de los últimos estertores de miles de estrellas en nuestro universo y que dentro de nuestro cuerpo la enjaulamos para que trabaje para nosotros. Pero ¡cuidado!, un despiste en nuestros sistemas de control y el hierro campará a sus anchas dentro de nuestro organismo, generando especies reactivas de oxígeno que atacan todo lo que se le ponga por delante, tanto sean membranas celulares, proteínas o la misma central de operaciones corporal: el ADN. Sigue leyendo

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Vivir sin grasa

La búsqueda del cuerpo diez es una constante en los últimos años que se ha convertido para algunas personas en algo más que una obsesión. Cuerpos con músculos, tendones y huesos tan marcados que parecen sacados de las fotos de los atlas de anatomía.

¿Qué pasa con la grasa? ¿Sólo la consideramos un abominable estorbo? Si no vale para nada, ¿por qué la evolución no se encargó de eliminarla durante los miles de años que llevamos habitando este planeta? Y, ¿Por qué los seres humanos, junto con los cerdos, poseemos el mayor número de adipocitos por superficie corporal (más o menos 40.000 millones de células adiposas)? ¿Es que la grasa se comporta como los espías de los servicios secretos con funciones de vital importancia para nuestro organismo que nosotros desconocemos? Sigue leyendo