Sexta entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

5ª Semana:

Daniela no pudo ir a su visita semanal debido a que su abuela se rompió una pierna al caerse en el jardín. Se quedó todo el día en mi casa y para mí, aquello era mejor que un día de fiesta.

Jugamos, paseamos y sobre todo le conté mis divertidos descubrimientos. Se tronchó de risa cuando le describí mis pobres soldados que parecían salidos de una guerra nuclear.

Fue un día maravilloso para los dos, aunque al final me quedó mal sabor de boca tras contarme Daniela que estaba analizando cosas que a mí se me hicieron muy raras porque nunca se me habían pasado por la cabeza. Desde el momento en que el peso fue para ella un problema, nota su cuerpo extraño, como si ahora fuera otra persona, cuando antes se miraba al espejo se veía en su totalidad, se caía simpática y con gracia, ahora se ve a trozos, una nariz demasiado pequeña, un pelo demasiado lacio, unos ojos grandes y una amplia variedad de michelines abollándole todo el cuerpo. Ahora se ve gorda, fea y vulgar. Su madre la anima diciéndole que todas esas sensaciones que siente se deben a la pubertad, los cambios en su cuerpo se suceden de manera tan rápida que ella no es capaz de asimilarlos. Sin embargo, Daniela no está muy convencida y me comenta que era como si antes viviera en una nube, se miraba pero no se veía en detalle, solo el conjunto.

Cuando le dijeron que estaba obesa su autoestima llevó un gran palo; pasó de ser todo a no valer nada y lo malo es que notaba lo mismo en la relación con los demás, sentía como si la analizaran primero y después la juzgaran. Me costaba mucho entenderla. ¡Qué complicada es nuestra mente! Parece como si tuviéramos un filtro cuando somos felices y no lo tuviéramos cuando somos desgraciados, cuando nos enfrentamos a una realidad dura y desalmada.

Yo la escucho y la animo, pero me preocupa. Unos días eufórica y otros días melancólica, tengo la esperanza de que sean pasajeros. Mientras tanto yo sigo buscando información.

 Minerales

De estos elementos estaba deseando saber algo más, me tenían muy intrigado desde que los estudié en el cole. Me parecía imposible que dentro de nuestro cuerpo tuviéramos piedras y que al morir fueran lo único que quedara de nosotros, es decir, si nos extinguiéramos como los dinosaurios lo único que quedaría de nuestro cuerpo serían los minerales.

Al ir leyendo me fue quedando claro que tenemos unos cuantos minerales distintos dentro del cuerpo, pero había cosas que aún me desconcertaban: entiendo que necesitemos el calcio, ya que alguna estructura rígida tendríamos que tener, pues si nuestro armazón fuese solo de proteínas seríamos como muñecos de plastilina; pero tener en nuestro cuerpo hierro, azufre, plomo, cobre, potasio, estaño, plata, estroncio e incluso uranio me parece realmente explosivo.

Mentalmente me imaginaba mi cuerpo como una pequeña ciudad: tuberías de plomo con soldaduras de estaño, gente fumigando sus cultivos para que no se le estropeasen con sulfato de cobre, raíles de hierro, microchips cerebrales de silicio, baterías de litio, fósforo para encender las reacciones químicas, uranio para cargarse entre ellos… ¡Yo que sé!, todo era tan disparatado que tenía que leer, no solo para contárselo a Daniela, sino para enterarme yo de algo.

Fue un tema difícil de abordar ya que en los textos se hablaba de equilibrio ácido-base, presión osmótica, coenzima, etc…. y yo no entendía nada, pero lo que sí me quedó claro es que son muy necesarios. Investigué lo que pasaría si tuviésemos falta o exceso de minerales, y lo fui anotando todo:

  • Calcio: Con este mineral me llevé una gran sorpresa, pensé que al tener tantos huesos en el cuerpo debía tener muchos kilogramos de calcio; pero no es así, por ejemplo mi padre, con el hombretón que es, sólo tiene 1 Kg de calcio; y yo debo andar por la mitad, es decir medio kilogramo. ¡Mis huesos pesan igual que medio paquete de azúcar! El calcio no para quieto, se renueva constantemente y necesitamos un aporte continuo. Además el calcio es muy importante porque es como un manitas, ya que tiene muchas funciones distintas en el cuerpo: está presente en huesos y dientes, y unido al fosfato forma el hormigón de nuestro cuerpo. Los músculos se contraen gracias a él y los nervios no podrían mandar sus señales si el calcio no estuviera presente, por no decir que la sangre se coagularía mal. Es decir, si nos falta calcio en sangre tendremos debilidad muscular, alucinaciones y ¡convulsiones!, o sea, encima de loco, epiléptico. Menos mal que esto es difícil que pase, ya que tenemos mecanismos que evitan que quedemos sin calcio en sangre, y claro está, el mejor depósito para echar mano son los huesos. Por lo tanto, si desciende el calcio sanguíneo se lo pedimos al esqueleto; en cambio, si tuviésemos un exceso de calcio éste se depositaría por donde puede y todo nuestro cuerpo parecería de piedra, que es lo mismo que cuando tomamos una cantidad descomunal de vitamina D, ya que ésta favorece la entrada de calcio en el organismo. ¡Menos mal que nuestro cuerpo lo mantiene todo a raya!

    Los alimentos que tienen más calcio son los lácteos, sobre todo los quesos, con 150 gr de queso curado ya cubro la cantidad de calcio que necesito al día, pero me llamó la atención que los quesos no tuvieran la misma cantidad de calcio, por ejemplo, el queso parmesano que le echo a los espaguetis tiene muchísimo calcio, pero en cambio, el requesón es uno de los que menos tiene. ¡No paro de sorprenderme!

  • Potasio: Dentro del cuerpo tiene muchísimas funciones: intervenir en la formación de las proteínas y del DNA, en la contracción muscular, en la generación de energía,… Pero a mí, lo que más me impactó fueron las alteraciones que puede sufrir el corazón por su falta o por su exceso.

    Si tenemos poco potasio el corazón anda a saltos, y si tenemos de más el corazón se nos para. Ahora entiendo porque mi madre me perseguía con un plátano amenazador en el parque. Cuando sudamos perdemos potasio y el plátano es un alimento rico en ese mineral. Pobrecita, que angustia tenía que pasar conmigo al ver que no le comía nada, hasta a mí se me pone un nudo en el estómago sólo con pensarlo.

  • Sodio: Este mineral es el que encontramos en la sal de aderezar acompañado del cloro. Se encarga, a parte de muchas otras funciones, de mantener el volumen de sangre en nuestro cuerpo más o menos estable, así, si tenemos poco sodio porque lo perdimos al estar con gastroenteritis o al sudar mucho, la cantidad de volumen de sangre disminuye, y si llega el sodio a niveles muy bajos nos quedamos secos en todos los sentidos de la palabra. Por eso, mi madre cuando estoy con gastroenteritis me da a beber agua con sal y azúcar. La sal para retener el líquido dentro del cuerpo, y el azúcar debe ser para alimentar mi pobre cerebro que se puede quedar como una pasa al perder tanta agua.

    En cambio si tuviésemos sodio de más, el volumen de sangre aumenta y genera hipertensión arterial, por eso mi abuelo tenía que comer las comidas sosas. Es imposible eliminar del todo la sal en las comidas ya que todos los alimentos, excepto las frutas, tienen sodio. No creo que sea buena idea que coma solo fruta mi abuelo.

  • Flúor: Yo pensaba que el flúor solo era necesario para tener unos dientes sanos, como dicen los anuncios de dentífricos, pero parece ser que donde está la mayor cantidad de flúor es en los huesos, precisamente para ayudarlos a tener una mineralización perfecta. El flúor marca las zonas donde los minerales tienen que depositarse. Si tomamos poco flúor en la dieta, bueno, mejor dicho, si el agua que bebemos tiene poco flúor las estructuras que más sufren en nuestro cuerpo son los dientes. Estos, ante la falta de flúor, se desarrollan débiles y transparentes siendo el blanco perfecto para las bacterias y favoreciendo así la aparición las caries.

    De todas formas, si el agua contiene mucho flúor, tendremos unos dientes durísimos pero llenos de lunares blancos y un esqueleto deformado. Por eso, los niños pequeños tienen que tener mucho cuidado en no tragarse la pasta de dientes. Me imagino que el contenido de flúor del agua potable estará controlado por las autoridades. También me llamó la atención que algunos médicos le diesen tratamientos con flúor a personas mayores con huesos muy débiles para endurecerlos; supongo que como suelen estar la mayoría ya sin dientes o con unos postizos, lo de las manchas blancas en los dientes ya no les debe afectar.

  • Hierro: Tener este mineral dentro del cuerpo me hizo muchísima gracia. ¿Cómo era posible que el hierro del que están hechos multitud de máquinas, cacharros y tuercas lo tengamos en nuestro cuerpo?

    Lo más simpático es que si una persona tiene falta de hierro, el cuerpo instintivamente lo busca y se le da por comer arena, tizas o chupar tornillos. ¡Igualito que los androides de las películas, solo nos falta beber el aceite a morro para lubricar toda la maquinaria!

    Tan alucinado quedé al leer sobre este mineral que hasta le pregunté a mi madre si ella tomó pastillas de hierro alguna vez, porque estaba intrigado con su aspecto. Me las imaginaba como pequeños tornillos grises y redondos.

    ¡Qué chasco cuando las vi! Yo que hasta me imaginaba que tendría que tomarlas con Coca Cola para que no se oxidaran…

    También pensaba que formaría parte del armazón de nuestro cuerpo, como el calcio o como una casa en que las columnas están formadas por hormigón recubriendo un corazón de hierro. Pero no, estaba en un error, el hierro es necesario para que los glóbulos rojos lleven oxígeno a las células, si nos quedásemos sin él nos moriríamos. Además, el cuerpo humano es muy listo, si nos atacan unos gérmenes y nos ponen malitos, atrapa y cierra los depósitos de hierro a cal y canto para que las bacterias no lo puedan utilizar, y se lo dosifica a las células de nuestro cuerpo para que la defensa sea efectiva. Ya me estaban entrando ganas de comer las espinacas de Popeye hasta que me llevé otro chasco, ya que el hierro de los vegetales se absorbe mal porque tiene otras sustancias que lo bloquean; en cambio el mejor aporte de hierro para nosotros es el procedente de las carnes, por eso a las personas con falta de hierro le suelen dar hígado. ¡Si es que no acierto ni una!

  • Iodo: Es el combustible de una pequeña máquina que tenemos en el cuello llamada tiroides. El tiroides es el botón de regulación de potencia de nuestro cuerpo, marca la intensidad de quemado de los combustibles que comemos, regula la temperatura, la velocidad de crecimiento y muchos mecanismos más. Si nos falta el iodo, el cuerpo lo intenta compensar haciendo crecer el tiroides. Una vez vi una foto de una señora con bocio (así se llama el crecimiento exagerado del tiroides) y me impresionó porque parecía que se había comido una manzana entera y le quedara atravesada en el cuello.

  • Fosfato: Este mineral está presente en casi todos los alimentos. Yo seguro que tengo los niveles a tope porque me encantan las bebidas de cola que tienen mucho fosfato. En los huesos está unido al calcio consiguiendo así su consistencia fuerte y dura. Además forma parte del DNA y de micropíldoras de energía llamadas ATP, que genera el cuerpo en las reacciones químicas que tienen lugar dentro de él. Pero ojo, si tenemos un exceso de fosfato la mandíbula se convierte en un queso de Gruyere, llena de agujeros. Mira tú, yo que pensaba que el tomar mucho fósforo me daba una memoria de elefante.

  • Magnesio: Este es el mineral mas simpático de todos porque es el antiséptico de nuestras tripas. Le tengo que contar a mi amiga que a partir de ahora para que no me huelan las cacas tengo que tomar muchas frutas, verduras y sobre todo chocolate, que tiene mucho magnesio. Se me desborda la imaginación solo con pensarlo. Deberían hacer un anuncio en el que digan: “Toma cacao y ni las cacas ni los pedos olerán”. Aparte de esta función el magnesio tiene otras más, como la de estimular las defensas, mejorar las digestiones y relajar. Bueno, justo lo que necesita mi madre los días antes de entregarle mis notas del cole.

  • Cobre: Este mineral interviene en un montón de funciones como componente de enzimas, ayudante de la absorción de hierro y forma parte de la melanina gracias a la cual nos ponemos morenos. Pero lo más gracioso es que le da el color azul a la sangre, pero no a la sangre real sino a la de caracoles, pulpos y araña. ¡Ja ja ja!, si lo llegan a saber se les caería a más de un rey la corona del asco. Además, si alguna vez existió un rey con una verdadera sangre azul, estaría loco y cirrótico; eso sí, con unos ojos preciosos, porque el exceso de cobre se deposita en hígado, cerebro y ojos, formando en estos depósitos dorados y verdes.

  • Cinc: Es un elemento muy importante dentro del cuerpo, ya que el DNA lo utiliza para hacer las copias de su información, forma parte de muchas enzimas y es muy necesario para el desarrollo de nuestro aparato sexual; sin ir más lejos, el semen está cargadísimo de cinc. Si nos faltara cinc seríamos retrasados mentales, calvos y sobre todo estériles. Con 20 años sería muy bajito y con cataplines de un niño de 7 años. ¡Qué horror!

  • Azufre: Se encuentra en todas las células porque el azufre se encarga de atar a los aminoácidos para que las proteínas tengan sus formas tridimensionales, y como ya vi en las proteínas, con los 20 aminoácidos que tenemos podemos hacer miles de proteínas, dependiendo de la forma a la que se anuden gracias al azufre. Este mineral no tendría desperdicio en una tienda de regalos.

Hay aún mas minerales en nuestro cuerpo, pero por cansancio y por aburrimiento me quedé con los que los libros consideraban los más importantes y me puse a hacer otro esquema para ver en qué alimentos puedo encontrarlos. De verdad que no me conozco, en mi vida trabajé tanto. Bueno. después de esto el curso que viene va a ser coser y cantar.

Continuará…

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