Grasa mechero

El concepto de perfección ha ido cambiando a lo largo de los siglos, sobre todo si nos basamos en el punto de vista físico. En la sociedad actual sólo podemos ver la belleza en unas facciones afiladas y en un cuerpo estilizado. Nos cuesta reconocer unos ojos o una boca preciosa en una persona obesa. Nos cargamos de prejuicios contra ella en el primer encuentro, sin conocerla más a fondo, por eso no es de extrañar que una de las piedras filosofales de la actualidad sea una sustancia ideal que elimine el exceso de grasa.

Como escribí en anteriores entradas eliminar toda la grasa corporal es incompatible con la vida tal como la entendemos, pero ¿quién nos dice que dentro de miles de años, la evolución, dejándose llevar por nuestros esfuerzos de destruir la grasa, ésta vaya desapareciendo, dando lugar a otras moléculas con las mismas funciones y que ocupen menos espacio, como los chips electrónicos que cada vez son más pequeños?

La solución de un cambio evolutivo es un poco lento por eso se están buscando otras alternativas y una de ellas es la de convertir la grasa blanca en grasa parda, que son dos modalidades del tejido adiposo con funciones bien diferenciadas. Sigue leyendo

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Diario de a bordo de un hígado estresado

Los excesos nunca fueron buenos y en el caso de nuestro cuerpo menos. Por propia voluntad y sin ninguna base racional nos atiborramos de comida y luego hacemos dietas depurativas a base de líquidos, o derivados azucarados, que privan al cuerpo de nutrientes incluso más de una semana. La finalidad de este comportamiento es supuestamente depurar el organismo, y sobre todo el hígado, de las sobrecargas de nutrientes y toxinas que le embutimos. Pero, ¿es realmente necesario someter de vez en cuando al cuerpo a una limpieza general como a nuestra casa?

Tras varios días sondeando en Internet sólo encontré artículos de dietas depurativas y limpieza hepática en páginas de pseudociencias y de timonutrición (si ellos inventan nombres, ¿por qué yo no?).

Leyendo esas páginas lo único que conseguí fue enfadarme, ya que toda la información que recopilé, carece de uniformidad de criterios; los autores lanzan teorías de forma espontánea como si se las hubieran recibido por inspiración divina y recomiendan técnicas y tratamientos cada cual más esotérico, que parecen más propios de la película “El exorcista” que de una terapia curativa.

Estaba a punto de abandonarlo todo y pasar del tema, cuando recibo en mi correo eléctrónico un mensaje un tanto misterioso, remitido por un tal “Hepato-burnout”. Dudé entre abrirlo o enviarlo directamente a la papelera. Me decidí por lo primero aún a sabiendas de que arriesgaba mi ordenador (en el mundo virtual pasa lo mismo que en el mundo real, no puedes abrirle las puertas a extraños, so pena de que te trasquilen). No sé si fue el nombre lo que me llamó la atención o fue mi desidia por haber pasado toda la tarde leyendo páginas de pseudociencias, lo que al final me llevó a abrirlo. Al comenzar a leerlo me sentí igual que si tuviera en mis manos una botella traída por las olas de allende los mares, con un mensaje dentro de algún náufrago que me contaba sus desdichas: Sigue leyendo