Grasa mechero

El concepto de perfección ha ido cambiando a lo largo de los siglos, sobre todo si nos basamos en el punto de vista físico. En la sociedad actual sólo podemos ver la belleza en unas facciones afiladas y en un cuerpo estilizado. Nos cuesta reconocer unos ojos o una boca preciosa en una persona obesa. Nos cargamos de prejuicios contra ella en el primer encuentro, sin conocerla más a fondo, por eso no es de extrañar que una de las piedras filosofales de la actualidad sea una sustancia ideal que elimine el exceso de grasa.

Como escribí en anteriores entradas eliminar toda la grasa corporal es incompatible con la vida tal como la entendemos, pero ¿quién nos dice que dentro de miles de años, la evolución, dejándose llevar por nuestros esfuerzos de destruir la grasa, ésta vaya desapareciendo, dando lugar a otras moléculas con las mismas funciones y que ocupen menos espacio, como los chips electrónicos que cada vez son más pequeños?

La solución de un cambio evolutivo es un poco lento por eso se están buscando otras alternativas y una de ellas es la de convertir la grasa blanca en grasa parda, que son dos modalidades del tejido adiposo con funciones bien diferenciadas.

La grasa blanca es la vieja conocida, la antipática, la aguafiestas, el incordio; en cambio, la grasa parda es una nueva amiga, que miramos con recelo porque es familiar de la anterior pero que con suerte e ingenio la podemos utilizar en su contra.

La función principal de la grasa parda es la de generar calor para mantener una temperatura corporal estable. Todas las reacciones químicas corporales, necesitan una temperatura constante con un intervalo de seguridad bastante estrecho.

Un sobrecalentamiento de nuestros circuitos o de nuestra maquinaria metabólica, así como un fuerte enfriamiento sería mortal.

El cometido principal de la grasa parda es impedir que esto ocurra.

Los recién nacidos son los que contienen un mayor porcentaje de grasa parda, hasta un 6%. Esta grasa mantiene calentitos y a temperatura constante sus órganos vitales, a manera de chaleco isotérmico recubre corazón y grandes vasos, riñones y glándulas suprarrenales y en menor medida, se extiende de forma diseminada por todo el cuerpo.

Los adipocitos o células grasas de la grasa parda tienen pequeñas gotitas de grasa y muchas mitocondrias a diferencia del tejido adiposo blanco o grasa blanca que presenta una gran gota de grasa que desplaza el núcleo y pocas mitocondrias. Esta morfología diferenciada determina las distintas funciones que realizan.

La grasa parda a la orden del sistema nervioso simpático, a través de su mediador la noradrenalina, desencadena la producción de calor gracias a una proteína mitocondrial UCP-1 (uncompling protein). Esta proteína desactiva la producción de ATP (adenosintrifosfato), una molécula poderosa que acumula energía, necesaria para que el cuerpo pueda llevar a cabo sus trabajos habituales. Al desacoplarse la producción de ATP, se empieza a quemar la grasa para producir calor, igual que si utilizáramos el horno de nuestra cocina para calentarnos en lugar de cocinar en él.

Sería una panacea convertir toda la grasa blanca en parda, pero ¿sería viable?

Usted querido lector ya se está imaginando en meterse en la nevera un ratito todos los días o darse un chute de noradrenalina.

Lo de la nevera no está mal, pero tiene sus limitaciones, ya que necesitamos varios días de exposición corporal al frío para que el quemado de grasa sea evidente, lo que puede producirnos daños corporales graves como gangrena en zonas acras como nariz, orejas y pies. ¡Igualito que a los alpinistas!

Lo del chute de noradrenalina es un poco engorroso porque se absorbe mal por vía oral y no podemos aplicarla por vía subcutánea ya que produce necrosis cutánea. Debemos administrarla muy diluida en infusión intravenosa lenta ya que su acción es muy rápida, es decir, tiene una semivida muy corta. Si esto es un engorro, más peligrosos son los efectos que produce sobre todo en nuestro aparato cardiovascular: El corazón se acelera, dando lugar en algunos casos a arritmias potencialmente mortales, sube la presión arterial pudiendo dar lugar a hemorragias cerebrales y hay vasoconstricción cutánea, es decir, los vasos sanguíneos de la piel se estrechan mucho dando lugar a circulación deficiente en algunas zonas con las consecuencias que esto acarrea (cianosis, edema y necrosis).

De todas formas, en el caso de que fueran efectivas las técnicas anteriores y todo lo que comiéramos en exceso fuera a producir calor, tendríamos problemas para disipar éste. Las células se morirían por sobrecalentamiento y al no tener depósito de energía, tendríamos que estar comiendo continuamente o estar enchufados a una máquina que nos abasteciera de nutrientes a demanda, porque no consumimos lo mismo durmiendo que corriendo.

Lo ideal sería encontrar el producto perfecto que transformara “sólo” el exceso de grasa blanca en grasa parda y que al mismo tiempo mantuviera una temperatura corporal estable.

Esta idea de quemar grasa para producir calor no es nueva, en la 1ª Guerra Mundial descubrieron que los operarios que trabajaban en la síntesis de dinamita, adelgazaban espontáneamente. La causa de este adelgazamiento era un producto llamado dinitrofenol.

El 2,4-dinitrofenol produce desacoplamiento de la fosforilación oxidativa, quemando la grasa en forma de calor. La noticia se extendió como la pólvora, nunca mejor dicho, comenzándose a utilizar como producto adelgazante. Una sustancia química que hacía realidad los sueños de personas con sobrepeso: ¡El quema-grasas auténtico! ¡Adelgazar sin pasar hambre! ¡Perder peso mientras duermes!

La cara triste de estos sueños es que sólo quedan las cenizas de dichas personas, ya que murieron al tomar este producto debido a sus efectos secundarios mortales. Todos los órganos son afectados por el exceso de temperatura y por falta de combustible, ya que éste se destina exclusivamente a producir calor.

El uso humano del dinitrofenol está prohibido en la actualidad, digo humano porque su uso está aprobado para matar hongos y bacterias, que mueren por calenturón y por falta de energía, eso sí: ¡Mueren hechos unos tipazos!

Mª Jesús

Esta entrada es la segunda  participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVI Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza Dr. Litos y la segunda participación en el XIV Carnaval de Biología que tiene como anfitrión a BioTay.

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