Séptima entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

6ª Semana:

¡Qué guay! Acompaño a Daniela a la consulta del doctor porque su padre está trabajando y la madre continúa con su abuela en el hospital. Estoy contentísimo, me siento como el manager de mi amiga, la voy animando todo el rato contándole mis aventuras con los minerales.

Le dije que cuando fuera mayor iba a hacer un trabajo de investigación en el que pesaría las cenizas de muchos cadáveres y miraría si existe alguna diferencia entre los minerales contenidos en las cenizas de las personas gordas y de las delgadas ¡A lo mejor hasta gano el premio Nobel, je je!

Se reía con mis ocurrencias, pero Daniela iba muy inquieta. Me costaba entender porque estaba tan nerviosa. Por mucho que me dijera lo contrario, ese doctor tenía que ser un mal bicho.

Llegamos a la consulta y me encontré con mucha gente en la sala de espera. Aquella situación me inquietó un poco porque tuve que sentarme lejos de Daniela, entre una señora que parecía que iba a participar en un torneo de sumo (que no hacía más que decir que hasta el agua le engordaba) y de un señor con una barriga como la de Papá Noel, con pinta de simpático y de buen bebedor de cerveza, como mi abuelo. Por su parte, Daniela tenía a su lado una chica tan delgada que daba grima verla, tenía la piel transparente y con mucho vello, parecía que de un momento a otro iban a salirle gusanos de la boca.

Al mirar a mi alrededor me preguntaba: ¿Cómo es posible que una persona se abandone hasta llegar a engordar 100 Kg? ¡Si yo me viera engordar de esa forma comería menos, no cabe duda!

Por el contrario, la chica que estaba tan esquelética no debería probar alimento, porque yo con lo poco que como, estoy estupendo y casi obeso al lado de ella.

¡A lo mejor es que una come poco y engorda mucho y otra al revés come mucho y no engorda!Esperemos que el doctor tenga más armas que la dieta para tratar a estas personas. De todas formas tengo que seguir investigando porque no me fío un pelo de lo que sabe este médico, porque según lo que me dijo Daniela más tarde, ya coincidieron con ella más veces en la consulta y siguen igual.

Estos pensamientos se fueron de mi mente cuando al poco rato, una enfermera muy simpática y sobre todo delgada mandó pasar a Daniela. Me quedé un poco fastidiado porque quería entrar yo también y echarme en cara al doctor para hacerle un montón de preguntas.

Mi enfado desapareció al verla salir contenta y feliz, porque había perdido medio kilo.

Camino de casa Daniela me contó que había ido muy nerviosa porque en esta ocasión lo había dejado todo para el final. Al posponerse la consulta, se relajó un poco, hasta que en los últimos días casi no comió nada por el sentimiento de culpabilidad y por el miedo a no bajar. En la forma de mirarme al decirlo, tuve la sensación de que iba a repetir esta estrategia más veces y no me gustó nada, me dejó mal sabor de boca al despedirnos. En primer lugar no me parecía bien que quisiera utilizar el “todo o nada” para adelgazar y en segundo lugar porque me daba la sensación de que hasta ahora no la ayudé en nada, salvo divertirla un poco con mis historias. Me estaba dando cuenta que ella a su manera estaba buscando un atajo y lo que yo hacía valía más como tema de diversión que como ayuda.

Enfadado y sin ganas de hacer nada me tiro en cama y al rato empieza a rondar por mi mente una pregunta: ¿Será verdad que el agua engorda como decía la señora obesa?

Agua

Me levanté cansado y sin ganas de hacer nada, pero aún así me obligo a buscar alguna información sobre el agua.

Al ir pasando el tiempo, en vez de animarme me pongo de malhumor ya que todo lo que iba encontrando era un rollo aburrido: “El agua es saludable y beneficiosa, amortigua el calor y el frío, transporta nutrientes y oxígeno a las células recogiendo los desechos que se generan”.

Demasiado perfecta, por eso es recomendable que todo el mundo beba agua por lo menos 1,5 – 2 litros al día. Esto se lo tendrían que decir a mi madre, nunca se pone el vaso en la mesa. No bebe nada y después se queja de que engorda porque retiene agua.

Y ¿si fuera eso en realidad lo que le pasa a Daniela? ¿No será que el médico lo pasó por alto?. Ojalá tuviera ocasión de ir otra vez con Daniela a la consulta y así preguntárselo.

Llegado a este punto se fue todo mi disgusto y me puse a hojear páginas de Internet con mucho entusiasmo.

Tenemos agua por todo el cuerpo, hasta la grasa y los huesos tienen agua, pero son los músculos y las vísceras los órganos que están más hidratados. La cantidad del agua dentro del cuerpo disminuye con la edad y también cambia de lugar. En la piel y en el sistema nervioso bajan los niveles de agua al hacernos viejos (claro, así aparecen las arrugas y el cerebro se seca como una pasa), en cambio en el músculo y en la grasa aumenta la cantidad de agua.

Se me rompieron los esquemas cuando veo que la mayoría del agua que tenemos dentro del cuerpo (más o menos dos tercios de nuestra composición corporal) está dentro de las células. Yo me imaginaba que la mayoría se localizaría en la sangre y en otros líquidos como el sudor, la saliva, etc. Si por ejemplo, me pusiera a beber sin parar se hincharían todas las células del cuerpo, incluso las del cerebro. ¡Me encontraría fatal, tendría muchísimos calambres musculares y un fuerte dolor de cabeza, con náuseas y vómitos! ¡Que horror! y esto pasándome sólo con agua, si fuera con vino no sé como sería, casi creo que es mejor no probar.

En nuestro cuerpo el agua es importantísima y tiene que haber un equilibrio entre la que se ingiere y la que se elimina, ya que no podemos almacenarla. Si mi madre no bebe nada, es imposible que orine sin apenas beber. ¡Era lo que me faltaba ya tenía bastante con Daniela y ahora mi madre!

Menos mal que al poco rato encontré que no sólo tomamos agua con la bebida sino también con los alimentos sólidos, ya que todos la contienen en mayor o menor proporción, a excepción del aceite. Además al quemar todos los nutrientes que ingerimos para producir energía también generamos agua, más o menos la cantidad de una taza al día.

Estoy pensando que a mis 2 chicas (Daniela y mi madre) les voy a mandar hacer la prueba del caldero. Esta prueba consiste en beber una cantidad exacta de agua al día, por ejemplo 2 litros y orinar todas las veces en un caldero graduado. Al acabar la jornada tiene que haber la misma cantidad de orina que de agua bebida. Si orinamos menos es que la retenemos.

Les voy a decir a mis chicas que hagan esa prueba el sábado que viene, que es cuando pienso irme a dormir a casa de mi abuela, porque sinceramente no quiero estar presente y menos ver u oler la prueba del crimen.

No pensé que lo fuera a pasar tan bien con el tema del agua, estoy eufórico, me siento con ganas de hacer cosas y una de ellas es pasar por la ferretería a comprar 2 calderos graduados.

Continuará…

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