El bocadillo de enzimas

Esta entrada se gestó a raíz de un artículo que leí en los últimos días en una revista on line. En él se comentaba que una de las causas del vientre hinchado era la “falta de fuerza digestiva” (término desconocido como tal en Medicina). Según el texto, comer alimentos refinados como pan, galletas, cereales e incluso arroz hace que se agoten antes las enzimas de nuestro aparato digestivo, ya que esos alimentos ingeridos están desprovistos de ellas. Siendo recomendable, continúa diciendo el artículo, tomar alimentos integrales y vegetales crudos que nos suministran enzimas para poder llevar a cabo las digestiones de forma eficiente.

Al leerlo no pude más que sorprenderme por lo erróneo de su contenido, por lo que quiero corregir esta argumentación. Para explicarlo de forma amena y divertida voy a transformarme en un minibocadillo de lomo acompañado con rodajas de piña que va a ser comido de forma voraz por usted querido lector. ¿Se atreve o la idea le está dando náuseas? Allá voy:

Estoy en el plato delante de sus ojos, envuelto apenas por una miniservilleta. Me aprieta con fuerza entre sus manos, nota mi crujiente textura y mi sabroso aroma, y clava sus incisivos en mí, amputándome el apéndice superior para después inmediatamente ingerir el resto de mi cuerpo. Con una fuerza impresionante va deshaciéndome en partes más pequeñas envolviéndome poco a poco en su saliva, un jugo fluido que me va ablandando y limpiándome a la vez, desgranando todo mi ser en partículas más pequeñas y blanditas. La mayoría de los gérmenes que me acompañan van desapareciendo poco a poco gracias a la lisozima y a los iones tiocinato de la saliva.

El almidón de mi pan está siendo hidrolizado lentamente por la ptialina, una enzima α-amilasa que da lugar a moléculas de glucosa que hacen que sepa cada vez más dulce y sabroso. Cuando parece que empezamos a disfrutar los dos, una contracción muscular me desliza cuesta abajo y me lleva a su estómago. Siento que me arde todo mi cuerpo, el pH ácido del estómago penetra en mis entrañas. Las proteínas de mi lomo están siendo hidrolizadas en péptido más pequeños y la bromelina, la enzima de mis rodajas de piña, también se digiere al mismo tiempo. En esta lavadora ácida y oscura que es su estómago, me convierto en un líquido feo y pastoso, mareado por el continuo bamboleo al que estoy sometido. Cuando pienso que mi fin está cerca se abre una luz en el fondo del estómago oscuro y con una fuerza inmensa me expulsa a su intestino delgado.

El ambiente en esta zona deja de ser ácido y empiezo a notar el ataque de multitud de enzimas por todo mi cuerpo: Proteasas, amilasas y lipasas. Una a una van renovando mi aspecto, haciéndome sentir un ente totalmente nuevo. Las proteasas hidrolizan las proteínas de mi carne hasta dejarlas convertidas en preciosos aminoácidos, las amilasas se encargan de los restos del pan y de los azúcares de la piña y las lipasas atacan mis michelines de grasa que sobresalían por los bordes de mi lomo. Poco a poco, me siento transformado y feliz. Una por una mis moléculas ya bien definidas y organizadas son absorbidas por sus células intestinales llevándome en un climax bioquímico hasta el fondo de su ser, en donde ya no seré un bocadillo más, sino parte suya.

Llegado a este punto, mi querido lector, seguro que le ha entrado hambre, pero mi intención no era esa. Si se acuerda de cómo empezamos este post, mi pretensión era explicar por qué no se agotan nuestras enzimas digestivas al comer alimentos refinados y se reponen al comer alimentos integrales, además de frutas y verduras crudas. Por una razón muy sencilla, las enzimas de los alimentos son proteínas y como tal se desnaturalizan e hidrolizan en nuestro aparato digestivo igual que el lomo de su bocadillo. La bromelina de la piña y la papaína de la papaya son enzimas que utiliza la industria alimentaria para ablandar carnes, pero nuestro cuerpo sólo las usa como nutrientes y no las necesita para llevar a cabo la digestión de los alimentos que entran en él. Es más, si algunas enzimas de los alimentos o de las que fabricamos nosotros mismos llegaran intactas al torrente circulatorio, darían lugar a un canibalismo, es decir, poco a poco se irían digiriendo nuestras estructuras vitales, similar a lo que ocurre en la pancreatitis aguda, donde la inflamación del páncreas produce liberación masiva de enzimas digestivas hacia la cavidad peritoneal generando una destrucción fatal a su paso que puede conducir a la muerte.

En nuestra farmacopea existen preparados a base de enzimas digestivas con una cubierta entérica, que las protege a su paso por el estómago, para llegar así intactos a la zona del intestino delgado donde van a realizar su función. Estos medicamentos están indicados en aquellos procesos patológicos en los que no hay producción suficiente de enzimas digestivas, como la insuficiencia pancreática. En esta patología, la deficiencia enzimática produce un cuadro de malabsorción grave de nutrientes que se eliminan por heces sin ser digeridos. Por eso, si la causa del vientre hinchado es por falta de enzimas digestivas, no creo que la solución sea comer ensaladas y macedonias de frutas. Lo más aconsejable en estos casos, sería visitar a su médico.

Mª Jesús

Esta entrada es la participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVII Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza Un geólogo en apuros.

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2 pensamientos en “El bocadillo de enzimas

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