Octava entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

7ª Semana:

A carcajada limpia estuvo Daniela cuando le regalé el caldero y le expliqué para que servía. Sinceramente, me dió mucha rabia, además del esfuerzo que hago para ayudarla, ahora va y se ríe de mis métodos. Menos mal que al poco rato se calmó y me pidió perdón. Si no fuera así, estaba pensando en darle otra utilidad al caldero que no le iba a gustar nada a esa niña.

Al tranquilizarse me dijo que yo estaba pasado de moda. El doctor tenía un aparato que analizaba la cantidad de grasa, músculo y agua que tenía en el cuerpo. Si Daniela hubiera tenido retención de líquidos, el doctor ya lo hubiera detectado y puesto remedio.

Me pidió que fuera otra vez con ella a su cita semanal con el médico, porque su madre no podía. Yo acepté con la condición de que esta vez entraría con ella. Sentía mucha curiosidad por lo que ocurría allí dentro, aunque Daniela me dice siempre que no pasa nada en especial.

Llegamos muy temprano a la consulta y tuvimos mucha suerte porque la persona que estaba citada a aquella hora se estaba retrasando y la enfermera al vernos ya nos hizo pasar. De pie en la puerta nos estaba esperando el doctor que, después de saludarnos, nos pidió que nos sentáramos. Le preguntó a Daniela si había tenido alguna novedad aquella semana y ella le contestó que no. Me sentí muy incómodo porque notaba en ella mucha tensión. Tenía la cara roja y hablaba con la cabeza gacha, sin levantar la vista, cosa rarísima en ella. Cuando subió a una especie de balanza conectada al ordenador del médico, este se quedó muy serio mirando su pantalla. Estuvo callado y pensativo todo el rato hasta que tuvo a Daniela sentada otra vez en frente a él. Le preguntó qué es lo que había picado o tomado a mayores de la dieta esta semana, porque había engordado 1 kg y no precisamente de agua. Me quedé helado, ya no por el 1 kg a mayores sino por la reacción de mi amiga, se quedó callada y no dijo ni mú y yo por supuesto tenía que estarlo también.

El médico se quedó pensativo un rato, mirando para sus anotaciones y cuando levantó la cabeza le habló a Daniela con una voz muy dulce y cargada de sensibilidad como si sólo con el tono de voz intentara transmitirle que estaba con ella y no contra ella, como si él supiera exactamente lo que le pasaba por la cabeza a mi amiga. Le explicó que su problema es difícil y en la actualidad la única forma de afrontarlo es con tratamiento dietético. En esta terapia sólo podía contar consigo misma y con la pequeña ayuda de él y de su familia. Si en el momento que entró por primera vez en la consulta sus kilos sólo fueran un problema estético, sin compromiso en principio para su salud, lo único que hubiera hecho sería organizarle la alimentación sin prohibirle entre comillas ningún alimento. Pero el caso de ella era distinto, al aumentar de peso tuvo la mala suerte de acumular la grasa en el abdomen y no en las nalgas ni en las caderas. En esa zona la grasa visceral se infiltra como un cáncer entre las células de los órganos internos de la cavidad abdominal dificultando y entorpeciendo su función, dando lugar a múltiples patologías, muchas de ellas no visibles por ahora, pero sólo era cuestión de tiempo.

Le pidió que hiciera un diario con todo lo que comía y que anotara al mismo tiempo si en algún momento del día presentaba un deseo irresistible e incontrolable de comer algo. Le restó importancia al aumento de peso y le diseñó una dieta muy fácil para la siguiente semana. Cuando nos despedimos, Daniela parecía más animada a pesar de seguir con los ojos llenos de lágrimas.

Me enterneció mucho la entrevista con el doctor y me sentí mal porque no estoy en la misma onda que mi amiga, ¡no sé que le está pasando!

Todo el camino de regreso íbamos andando despacio y callados. Ella, me imagino, con sus frustraciones y preocupaciones, y yo como un tonto mirando para los coches que pasaban por nuestro lado. Empecé a preguntarme por qué los coches nuevos cada vez tienen motores más potentes y en cambio la gasolina está cada día más cara, para eso es mejor comprar un coche que consuma menos aunque tenga poco motor. Fue ahí donde se me encendió una luz ¿las personas tendremos distinto caballaje y así quemaremos más o menos? Bueno, ya me emocioné otra vez.

Metabolismo basal

Me cuesta siempre empezar los temas, tengo que leer mucho para ir entendiendo algo y quedarme con la idea, después cuando entro en calor me embalo y ya está, pero mientras ¡qué duro es empezar! Y este en especial no es que se me haga duro, más bien me cansa. ¡Tanta energía me agota!

El metabolismo basal es la cantidad de energía que consumimos cuando estamos sin hacer nada, es decir, lo que consume nuestro corazón, nuestro riñón, nuestros pulmones, etc., para mantenernos vivos, igualito que tener el motor del coche encendido pero sin moverse.

Aparte de este gasto basal, el cuerpo consume energía en trabajar, hacer ejercicio y en la digestión de los alimentos que ingerimos. ¡Esto sí que es gracioso! Yo pensaba que comer no era un trabajo, sino un placer, y da la casualidad que el proceso de la digestión supone un gasto nada despreciable para el organismo del 10% de lo que consume durante todo el día. Es decir, de lo poco que como yo diariamente, mi pequeño bocadillo de la merienda va completo a cubrir los gastos de digerir y absorber el resto de los alimentos que consumo, (es como pagar la cuota diaria para poder usar el comedor). Además este gasto no es el mismo para todos los alimentos. Consumimos más energía comiendo proteínas que hidratos de carbono y grasas, es decir, gasto más calorías comiendo un rico chuletón que el trozo de chocolate, aunque sea muy duro.

Yo siempre tuve en mente que donde el cuerpo gasta realmente energía es moviéndose, es decir, con el deporte y con las actividades que realizamos día a día y sin embargo, no es así. El consumo de energía por actividad física es de un 15% a un 30% de lo que gastamos en total (estoy hablando de individuos con actividad normal) y en cambio para tener nuestro motor corporal en marcha, es decir, con el metabolismo basal gastamos un 60% a un 70 % del mismo.

Entonces lo tengo claro ¿Para qué matarse a hacer deporte? ¿Por qué sufrir por la comida? Lo que hay que hacer es aumentar la cilindrada de nuestro cuerpo, es decir, solo habrá que tunear el motor de mi amiga y de paso hacer algún apaño en el mío.

Lleno de entusiasmo me puse hacer una lista con los factores que influyen en el metabolismo y así mirar si se puede hacer algo para modificarlos:

  • Edad: El metabolismo varía con la edad y aquí me asusté un poco, no por mí, sino por mi amiga ya que al poco de nacer el metabolismo alcanza el pico más alto, más o menos a los 6 meses, a partir de ahí va decayendo progresivamente hasta los 18 años, estabilizándose en la madurez y cayendo en picado en la menopausia. Según esto la perspectiva que tiene mi amiga con el paso de los años, llevando el ritmo actual de comidas y de actividad, es que tenderá a engordar más, llegando a obesa mórbida cuando sea abuela. No sé si decírselo o no, porque no sé como reaccionará.
  • Temperatura: Si no tuviéramos calefacción ni aire acondicionado en las casas, como pasaba cuando nuestros abuelos eran pequeños, consumiríamos más energía porque el cuerpo tiene que mantener la temperatura corporal estable como si fuera un climatizador. Si hace un frío intenso el metabolismo aumenta casi en un 5% y si hace muchísimo calor (temperaturas mayores de 30 ºC) el metabolismo se eleva en un 0,5 %. Mira, esto me hace gracia, no entiendo porque en los gimnasios hay saunas, debería haber neveras, así quemaríamos más calorías.
  • Alimentación: Cada vez soy más consciente de que nuestro cuerpo es muy listo. Se adapta a lo que comemos y se defiende si hay escasez, ya que ingiriendo una cantidad normal de comida, el metabolismo mantiene su ritmo, pero si la reducimos, el metabolismo basal disminuye. Si Daniela ingiere 3000 kcal/día y pasa a tomar 1500 kcal/día, adelgaza durante un tiempo hasta que el cuerpo se adapta a la ingesta y deja de perder peso porque su metabolismo basal desciende. ¡Ya podría pasar igual en los coches, con menos gasolina, menos consumo!
  • Composición corporal: Comparando uno por uno los órganos que gastan más energía, llegué a la conclusión de que los riñones, corazón, cerebro, hígado y músculo son los que más consumen. Mi cerebro y el conjunto de mis músculos queman igual, es decir, los 900 g que tengo de cerebro, gastan la misma energía que mis 18 kg de músculo. ¡Qué palo, siempre presumiendo de cerebrito y no llega al kilo!
    De todos los órganos del cuerpo, el único que podemos modificar para incrementar el gasto de energía es el músculo. Es decir, hacer deporte supone un gasto en sí, pero al generar más masa muscular aceleramos el metabolismo basal, es decir, estamos quemando más calorías durante las 24 horas del día.
    Mi gozo en un pozo, de hacer ejercicio no nos libramos, aunque a mí me encanta, pero Daniela está cada vez más perezosa. Tengo que convencer a mi amiga para retomar otra vez la piscina, que abandonamos un poco por excusas ya que siempre inventamos algún pretexto para no ir. Empezamos con muchas ganas pero dejamos de ir un par de días y así no hay manera de coger el ritmo otra vez.
  • Fármacos: Los medicamentos para ayudar a conciliar el sueño como sedantes y anestésicos bajan el metabolismo basal, en cambio la cafeína, adrenalina y anfetaminas lo suben. Unos nos relajan y otros nos revolucionan, pero no es cuestión de drogar a mi amiga.
  • Hormonas: En la velocidad de quemado influyen estas sustancias que nuestro cuerpo genera en muy pequeñas cantidades pero con efectos asombrosos. Un ejemplo de ellas son las hormonas tiroideas que son los verdaderos directores de orquesta del ritmo metabólico. Si se fabrican en exceso, el metabolismo va muy rápido, es decir, aún comiendo mucho adelgazamos, cosa que se invertiría si fabricáramos pocas hormonas tiroideas. Cualquiera de los dos casos necesita tratamiento médico urgente para evitar las complicaciones que acarrea.

Además de las tiroideas, otras hormonas juegan un papel fundamental en el metabolismo, como es el caso de la adrenalina, noradrenalina, cortisol, leptina y muchas otras más.

Acabo de entender por qué para adelgazar tenemos que ir al médico. No sólo la comida está implicada en engordar, sino que hay una serie de factores que juegan un papel determinante en el peso. Me doy cuenta de que cuanto más estudio, menos útil me siento. Yo intentaba asemejar el cuerpo humano a una máquina, pensaba que era bastante simple, faltaba una pieza o ésta fallaba, se reponía o se arreglaba y ya está, pero no es tan sencillo. De todas formas, me está gustando mucho lo que hago, es fascinante nuestro cuerpo.

Continuará…

Anuncios