Conspiración nutricional

3 Mayo 1991

Querido amigo:

Te sorprenderá mucho recibir esta carta después de varios años sin saber de mí.

No pretendo con esta carta rogar tu perdón, ni tampoco quiero que me busques. Sólo deseo que la información y los datos científicos que he ido recabando en estos años de retiro lleguen a tus manos y tú valores lo que quieras hacer con ellos.

La historia es muy larga, por lo que intentaré abreviarla un poco.

Un maravilloso día del mes de mayo de hace tres años, recibo en mi despacho a una pareja muy elegante que se hacía pasar por matrimonio. Tras las presentaciones de rigor me exponen en pocos minutos el proyecto de investigación e intervención nutricional más ambicioso e interesante que haya oído en mi vida. Superaba con creces mis aspiraciones profesionales.

El proyecto consistía en mejorar las condiciones de salud y rendimiento físico de un grupo de población que en los últimos 50 años habían reducido su esperanza de vida en un 25 %. La causa de este deterioro era la adquisición de unos hábitos alimenticios distorsionados, acompañados de una baja actividad física que generaban una obesidad mórbida a edades muy tempranas. En este período de tiempo, los gastos sanitarios se dispararon considerablemente debido al aumento de las morbilidades que acompañan a tamaña obesidad: osteoporosis, artritis, enfermedades cardíacas, apneas del sueño, trastornos sexuales, problemas hormonales y algunos tipos de cáncer.

El programa se desarrollaría en un laboratorio donde profesionales de distintas especialidades trabajaríamos juntos para lograr el objetivo de reducir la mortalidad y la morbilidad de la población.

Mis honorarios eran muy generosos, cinco años trabajando para ellos y toda mi vida desde el punto de vista económico quedaría resuelta. La condición que me pusieron era el secreto, no podría decírselo a nadie ni ponerme en contacto con ninguna persona durante el tiempo que estuviera con ellos.

Te darás cuenta que con mi ambición y mi mono de sensaciones fuertes, no podía decir que no. Al día siguiente, vuelo en un jet privado en dirección a la aventura. ¡Guau! Es imposible describirte las sensaciones que corrían en mi interior. Me sentía grande, poderosa, importante y en ningún momento tuve sensación de peligro.

Tras el primer año de toma de contacto y estudio de la población realizando pruebas genéticas, analíticas de sangre y orina, ecografías, pruebas radiológicas y estudios con isótopos radiactivos, nos decidimos a dar comienzo al proyecto de mejora nutricional de una población muestral de 500 individuos del que yo era la directora.

¡Estos individuos no tendrían acceso a la comida convencional! Se les administraría cada 3 horas un comprimido con todos los nutrientes necesarios, respetando las 8 horas de descanso nocturno.

La composición por comprimido sería la siguiente:

  • Energía: 500 Kcal
  • 60% de Hidratos de Carbono.
  • 25% de Grasas o lípidos, de los cuales un 1% eran ácidos grasos saturados, 4% ácidos grasos monoinsaturados y 10% ácidos grasos poliinsaturados (8% de la serie omega-6 y un 2% de la serie omega-3).
  • 15% de Proteínas.
  • Vitaminas y minerales.

La cantidad de pastillas al día difería de unas personas a otras basándose en el “requerimiento óptimo de cada individuo” que se define como la cantidad de nutrientes que es necesario aportar para que el individuo se desarrolle satisfactoriamente desde el punto de vista físico y psíquico, con una esperanza y calidad de vida óptimas.

Para ello teníamos que calcular el gasto energético diario que sería la suma del gasto energético basal (60-75% del gasto energético total), del efecto térmico de los alimentos (10%) y del gasto energético por actividad física (15-30%).

Las constantes vitales y la actividad física de los sujetos de estudio estaban visualizadas y controladas las 24 horas del día en las pantallas de nuestro búnker, gracias a un pequeño dispositivo electrónico que llevaban en el brazo. En algunas ocasiones mis compañeros y yo soltábamos algunas carcajadas cuando la actividad física, la frecuencia cardíaca y la respiratoria se disparaban a determinadas horas de la noche.

En el primer año las bajadas de peso fueron espectaculares, 30 kilos de media por persona y año, con una mejora en su estado de salud que yo definiría de espectacular. La mayoría de las morbilidades parejas a la obesidad iban revirtiendo a medida que bajaban los kilos: La hipercolesterolemia, la hipertrigliceridemia, la hiperuricemia, la diabetes tipo II, la apnea del sueño e incluso los problemas osteoarticulares. Fue un año maravilloso lleno de éxitos, agradecimientos y reconocimientos por parte de las autoridades que veían como las condiciones de salud de la comunidad mejoraban a pasos agigantados. Las personas tratadas estaban bien alimentadas, sanas y a muy bajo costo, gracias a un descenso espectacular del número de kilocalorías ingeridas sumado al bajo coste de las pastillas nutritivas que se fabricaban en una planta química a 15 km de nuestro laboratorio.

El segundo año de mi estancia allí, el trabajo siguió siendo muy intenso mejorando la composición de las píldoras y solucionando problemas que iban surgiendo, como alergias, intolerancias, malabsorción y otros efectos secundarios que fuimos intentando corregir sobre la marcha.

Pero en las Navidades del tercer año todo se empezó a torcer. Algunos individuos empezaron a padecer trastornos médicos, problemas de piel, cardíacos y neurológicos. Lo paradójico es que el cuadro era totalmente distinto de una persona a otra, siéndonos muy difícil encontrar el agente causal. No sabíamos que estaba pasando. A todos se les alimentaba de la misma forma, en cambio unos presentaban un cuerpo superatlético con gran potencia muscular, ideales para los trabajos más duros del campo, y a otros, los más vivarachos se les veía cada día más débiles y achacosos. ¿Será la genética de cada persona la que hacía que respondieran de distinta forma a los mismos nutrientes? o ¿es que el reparto y las necesidades de nutrientes están regidas por factores distintos desconocidos hasta la fecha?

Examiné uno por uno a todos los sujetos del estudio y conforme pasaban las horas mi desazón aumentaba. La hipertrofia muscular de unos chocaba con la apatía y el debilitamiento de los otros. Llevamos a cabo controles y revisiones exhaustivas de todo el trabajo realizado hasta el momento, así como de los informes del laboratorio donde se fabricaban las pastillas. No encontramos nada. Mi equipo y yo estábamos con el ánimo por los suelos, sobre todo cuando nos notificaron las primeras muertes y recibimos las primeras amenazas de las autoridades.

El insomnio y las crisis de ansiedad empezaron a hacerse sentir entre los miembros del grupo de trabajo. No sabíamos que nueva pesadilla nos iba a deparar el día siguiente. Pasábamos muchas horas trabajando sin apenas comida ni descanso y la obsesión de encontrar una salida a este túnel nos carcomía por dentro.

Una noche el bioquímico de mi equipo llegó todo alarmado porque se enteró, gracias al amorío que tenía con la camarera del restaurante, que el mal de las pastillas afectaba en mayor grado a miembros de la comunidad con deseos independentistas. Con esta información y con el secretismo con el que trabajábamos empezamos a valorar la posibilidad de estar ante una limpieza política orquestada. Es decir, nos estaban utilizando para dejar limpio el país de mentes subversivas y problemáticas para el gobierno en el poder.

La noticia nos dejó de piedra, estábamos metidos en un gran lío y no teníamos marcha atrás. La única manera de limpiar nuestra conciencia era descubrir la causa de aquellas muertes y buscar la forma de evitar las siguientes. Analizando el problema fríamente sabíamos el por qué, pero no sabíamos el cómo, hasta que éste llegó solo de la mano de un moribundo que traía en una bolsa las últimas pastillas que no llegó a tomar.

Analizamos en detalle la composición, esperando encontrar algún tipo de microorganismo o algún tóxico que produjera la muerte de aquellas personas, pero no fue así, la modificación fue algo más sutil. Una mano negra había manipulado los elementos nutritivos más vitales: “Los aminoácidos y los ácidos grasos esenciales”.

Los aminoácidos esenciales son nueve: Isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano, valina e histidina. Forman parte de la mayoría de las proteínas corporales. Dentro de nuestro cuerpo tenemos 100.000 clases de proteínas que ensamblamos con sólo 20 aminoácidos. En cada célula corporal podemos encontrar miles de proteínas diferentes. Una carencia de un aminoácido es un factor limitante para la síntesis de la mayoría de los tejidos corporales. Contando además que los aminoácidos los necesita el cuerpo para la síntesis de hormonas, pigmentos, porfirinas, etc.

Por su parte, los ácidos grasos esenciales -componentes de las grasas- son sólo dos: el ácido linoleico de la serie omega-6 y el ácido α-linolénico de la serie omega-3, (ambos poliinsaturados). Son imprescindibles para el buen funcionamiento del sistema cardiovascular, pulmonar, reproductor, renal e inmunitario. Así, su déficit produce un mayor susceptibilidad a las infecciones, problemas de piel, trastornos reproductores, problemas en la coagulación y trastornos cardíacos.

Al igual que la carencia de aminoácidos esenciales, la carencia de ácidos grasos esenciales es incompatible con la vida.

La manipulación de las pastillas fue muy fácil, sólo con eliminar en su composición un componente esencial ya se estaba minando la salud de la persona en cuestión, y dependiendo de cual fuera el nutriente afectado, la clínica sería distinta.

Estábamos metidos en un buen lío, sólo teníamos dos salidas: quedarnos y ser cómplices de la criba ideológica o huir del país. Conociéndome ya sabes que opción elegí pero ahora mismo no importa cómo ni dónde estoy. Lo que importa es que las pastillas se están comercializando en distintos países para el tratamiento de la obesidad. Quiero pensar que sólo es para hacer negocio a costa del sobrepeso pero ,¿y si no es así? Por eso y gracias a tus contactos sólo te pido que des la voz de alarma y no permitas que la masacre de la que fui protagonista se vuelva a repetir.

Mª Jesús

Nota de la autora:

El relato que acabo de recrear es totalmente fruto de mi imaginación salvo los datos químicos y médicos que se ajustan a los conocimientos científicos actuales sobre el tema. A los ojos del lector puede parecer excesivamente fantasioso, por eso acompaño este texto con unas breves reseñas históricas que le servirán para tener una idea clara de los peligros que acarrea una alimentación deficitaria en componentes esenciales.

Reseñas históricas:

  • 1828: Magendie practicó varios experimentos con perros para valorar la importancia de los principios inmediatos en la alimentación. En uno de ellos les dio una dieta sin proteínas, sólo a base de azúcares o grasas. A partir de las primeras semanas los animales se fueron debilitando y murieron todos. En otra ocasión los alimentó con gelatina carente de triptófano (un aminoácido esencial) y también murieron.
  • 1970 : Dieta de la proteína líquida. Más de 60 mujeres murieron en Estados Unidos por este tipo de dieta exclusivamente proteica. Las causas de la muerte se debieron a un fallo cardíaco debido a carencia del triptófano.

Bibliografía:

  • Obesidad. La epidemia del siglo XXI.
    B. Morena Esteban, S. Monereo Megías y J. Alvarez Hernandez.
    2ª Ed. Editorial Diaz de Santos.

Esta entrada es la tercera participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVII Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza Un geólogo en apuros.

Anuncios

Un pensamiento en “Conspiración nutricional

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s