Décimo primera entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

9ª Semana:

Daniela no apareció ni ese día ni el siguiente. Cada vez que llamaba por teléfono o iba a su casa, su madre me decía que estaba ocupada y que me llamaría más tarde, pero la llamada nunca llegaba. No podía aguantar más tiempo sin saber de ella, pasaba horas mirando su ventana desde mi porche y no sabía qué hacer. Me notaba cada vez más nervioso y me costaba concentrarme. Pasé dos días sin tener noticias de ella, y cuando ya estaba dispuesto a ir a su casa, ella entra en mi habitación como si nada hubiera pasado. No sabría decir si me quedó cara de susto, de enfado o de alegría, lo que sí sabía es que me entraron unos ganas enormes de abrazarla.

Me contó que estuvo castigada por negarse a ir a la siguiente cita del doctor. No quería hacer dieta nunca más, su vida era suya y con su cuerpo iba a hacer lo que le viniera en gana. Al final, después de muchísimas discusiones, se tranquilizaron un poco los ánimos en su casa y Daniela cedió a ir por última vez a la consulta del médico y comunicarle su decisión.

Después de contarme todo esto, Daniela se echó a llorar desconsoladamente. Se sentía triste, culpable y al mismo tiempo defraudada por su familia. Desde que empezó todo esto, sólo se encontró con condicionantes, exigencias y reproches. Toda la vida comiendo como uno más y ahora era la única que debía cambiar su forma de comer.

No estaba preparada, ni siquiera lo deseaba. Antes era feliz, una niña muy feliz, ahora estaba gorda, acomplejada y era muy desdichada.

¿Por qué de la noche para la mañana su madre pasó de hacerle tartas a reñirle por comerlas?

¿Por qué antes preparaba un montón de platos e insistía en que comiera mucho y ahora le esconde la comida y cada vez le pone menos cantidad en el plato?

¿Por qué antes tenía que comer para crecer y estar sana y ahora tiene que dejar de comer para lo mismo?

Daniela estaba perdida, se sentía como un perro que todos mimaban y querían mucho cuando era pequeño, pero al crecer se transformaba en una pesada y molesta carga.

Yo no soportaba verla sufrir, al escucharla sentía un nudo en el estómago que me apretaba muy fuerte, despertándome al mismo tiempo sentimientos de rebeldía en mis adentros.

Nos pusimos a jugar al Scrabble y poco a poco se fue relajando, me ganaba siempre porque yo no estaba concentrado en el juego. No paraba de pensar lo mal que habían llevado el problema del sobrepeso de mi amiga desde el principio. Me costaba comprender a Daniela, pero aún más me costaba entender a su familia. Generalmente los mayores están acostumbrados a enseñarte, guiarte y darte órdenes. Cuando somos pequeños les obedecemos, bien sea porque son nuestros ídolos o por miedo al castigo. Pero cuando crecemos necesitamos que nos convenzan con razonamientos, que nos hablen desde el mismo nivel, no desde uno superior, que nos escuchen y respeten, no obligándonos a adoptar determinadas actitudes, aún tratándose de un beneficio para nuestro propio cuerpo. Necesitamos explicaciones, y sobre todo explicaciones dadas con mucho amor. Ya sabemos que nos quieren mucho, pero necesitamos que cuanto más nos exijan más nos mimen, lo necesitamos para sentirnos fuertes, para sentirnos queridos, es como una fuente de poder que te transmiten con cada abrazo y con cada te quiero.

Productos Adelgazantes II

Sigo trabajando en lo mismo, al principio se me hizo muy pesado, pero cada vez me gusta más. Me sorprende y me fascinan algunas páginas que voy descubriendo en internet, mientras que otras me dan la risa. Llegan a inventarse tantas cosas que hasta un niño de primaria se daría cuenta. No entiendo las motivaciones que puede tener una persona para tomar esos productos sin saber si su composición es real, sin consultar con un experto y sin conocer los credenciales de quien escribe. De verdad que sería muy fácil cargarse a ese grupo de población, unas pildoritas anunciadas para adelgazar y ¡ya está!, un incauto menos en la Tierra.

De todas formas a pesar de que encontré muchos productos milagro, con indicaciones contradictorias, también encontré productos interesantes, aunque no soy yo el más indicado para decir lo que es bueno y lo que no, pero allá van:

  • Valeriana: La llaman también “hierba de los gatos”. Se utiliza para aplacar el nerviosismo e inducir el sueño. Se dieron casos de daño en el hígado en personas que tomaron valeriana durante largas temporadas o que ya tenían problemas hepáticos. Me hizo gracia porque si la tomas a largo plazo puede producirte el efecto contrario, nerviosismo, cansancio e insomnio. ¡Desde luego que no dejo de sorprenderme!
  • Espino Blanco: Te relaja, y en caso de que tengas insomnio te ayuda a dormir, así no te enteras de la aceleración que te producen las otras pastillas para adelgazar, porque ésta, adelgazar no adelgaza. Tradicionalmente se usaba para tratar enfermedades del corazón, por eso no la pueden tomar pacientes con problemas cardíacos que están a tratamiento. En personas sanas puede bajar la tensión arterial y marearse.
  • Grama: Otro diurético. Me sorprende que la mala hierba que crece en mi jardín sirva para algo. Sería buena idea venderla porque así no me mandarían cortar el césped nunca más. Yo, de todas formas, no me la tomaría porque en algunos casos aparecieron intoxicaciones en las vacas por comerlas, si a ellas les hace daño…
  • Ruibarbo: Laxante. Me hizo mucha gracia porque si lo tomas a concentraciones altas es laxante, y en cantidades muy pequeñas pasa a ser antidiarréico. Paradójico, ¿verdad?
    De todas formas, ¡ojo! con el ruibarbo porque puede producir piedras de oxalato en riñón. Como siempre, queremos arreglar por un lado y acabamos estropeando por otro.
  • Fasolina: ¡Vaya, yo pensé que era otra cosa y no es más que una judía! Claro, si le ponen ese nombre invita más a comprar la pildorita con fasolina que la pildorita con judías. La utilizan en obesidad por su riqueza en fibra y su capacidad diurética, pero estamos en lo mismo, no adelgaza.
  • Pilosela u oreja de ratón, aunque también tiene el romántico nombre de “nomeolvides”. Se utiliza en obesidad por los efectos diuréticos. ¡Otro diurético más! ¿Es que no saben qué el problema de la obesidad es el acúmulo de grasas y no de líquidos?
  • Vinagre de manzana: Me hizo gracia porque en una página web ponía que era un desinfectante intestinal que mataba las bacterias intestinales malas que causan putrefacción y gases, y de paso se carga los piojos y los espermatozoides. ¡Casi nada!
    El vinagre de manzana es ácido acético diluido, igual que el vinagre de vino usado habitualmente en ensaladas, y no corta la sangre como decía mi abuela, y menos adelgaza. ¡De verdad, que algunas páginas web parece que escriben para tontos o el que las hace le falta un tornillo!
  • Alcachofa: La suelen incluir en las pastillas para adelgazar para que te siente bien la comida (no me extraña con tanta pildorita, el estómago debe pedir auxilio). La alcachofa aumenta la producción de bilis, ésta se segrega en una bolsita verde llamada vesícula biliar que se encuentra por detrás del hígado. La bilis se encarga de disolver las grasas que llegan al intestino para que su digestión sea más efectiva, es decir, las gotazas grandes de grasa que vienen con la comida las transforma en gotitas más pequeñas, más fáciles de atacar por las enzimas digestivas. Generalmente, los obesos tienen más tendencia a tener piedras en la vesícula, por eso no entiendo por que le dan alcachofa, porque al aumentar la cantidad de bilis pueden atascar los conductos biliares y producir un cólico; además, la alcachofa también puede producir reacciones alérgicas.
  • Frángula: Seguimos con los laxantes a vueltas. Como los anteriores lo que hace es estimular las contracciones del intestino para que se mueva más rápido, y al mismo tiempo, lo irrita un poco para que suelte agua y así las cacas vayan más líquidas. No se puede utilizar a diario durante un largo período de tiempo ya que produce alteraciones en los niveles de minerales y además interfiere con medicamentos como la indometacina, un antiinflamatorio, y con medicamentos para el corazón y la hipertensión arterial.
  • Fucus vesiculosus o Sargazo vesicoso: Es un alga que se encuentra en las costas Atlántica y Pacífica. Se utiliza mucho en dietas adelgazantes por su contenido en mucílagos y yodo. Los mucílagos se hinchan mucho en contacto con el agua, mejorando así el ritmo del intestino. El yodo es un mineral que se encuentra en nuestro cuerpo concentrado en el tiroides, por eso catalogan a este alga como estimulante del tiroides. Estas altas concentraciones de yodo pueden ser peligrosas en algunas personas sensibles por producir tirotoxicosis. El tiroides se vuelve loco ante la avalancha de yodo y desarrolla un hipertiroidismo, y así claro que se adelgaza pero poniéndote malito y como una moto. Está contraindicado en personas que están a tratamiento del tiroides o las que padecen ansiedad, insomnio, taquicardia, tensión alta y enfermedades del corazón. Además no la pueden tomar los diabéticos a tratamiento con hipoglucemiantes orales y los bipolares tratados con litio. Estas algas pueden tener gran concentración en metales pesados pudiendo llegar a producir toxicidad.
  • Ortosiphon stamineus: Viendo el nombre, ya lo adivino. Es otro producto para perder agua, por eso le llaman sifón. Es muy simpático el nombre asiático que tiene: “barba de gato”. Hay que tener cuidado con él porque es un diurético potente y puede producir mareos por bajones de tensión.
  • L-Carnitina: Cantidad de botes de este producto hay a la venta en el gimnasio a donde vamos Daniela y yo. Al mirar las etiquetas, parece un producto espectacular, porque quema grasas y aumenta músculo. Me hace gracia, porque si funcionara tan bien, el gimnasio se quedaría sin clientela porque ya no necesitarían sus servicios nunca más.
    La L-carnitina es una sustancia que tenemos en el cerebro, hígado y riñones. Es como un ascensor, se encarga de hacer pasar los ácidos grasos más largos al interior de la mitocondria, para que se quemen y generen energía. Pero, el tener más cantidad de ascensores no significa que se quemen más grasas. Por eso, es un cuento eso que dicen de que te adelgaza y te pones cachas. ¡Ya les gustaría!
    Lo malo de todo esto, es que si alguien se equivoca y te da D-carnitina, en vez de L-carnitina, pasa el efecto contrario, ya que es tóxica. Te produce debilidad, pierdes fuerza muscular y por si fuera poco, te duelen todos los músculos del cuerpo incluso el corazón. ¡No estaría nada mal hacerle un sabotaje al equipo contrario con una ampollita con D-carnitina! ¡Je, je, qué malo soy!
    La L-carnitina sí está indicada en determinadas situaciones, por ejemplo en personas con epilepsia a tratamiento con valproato, en casos de deficiencia de carnitina congénita, pacientes que siguen una dieta cetogénica, dializados y lactantes prematuros.
  • Guaraná: Tiene, entre otros componentes, cafeína y teofilina, estimulantes que hace que nuestro cuerpo pise el acelerador y vaya a toda mecha. No lo pueden tomar personas con tensión alta, con problemas de corazón, úlcera de estómago o con enfermedades del tiroides. Y si además lo mezclas con la efedrina, no sólo adelgaza, sino que también mata.

Continuará…

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