La venganza del lobo

NOTICIA:

El lobo de caperucita acaba de llegar a la ciudad envuelto en una multitud que lo aclama. Lleno de emoción, con los ojos cubiertos de lágrimas y las manos temblorosas saluda uno por uno a todos los habitantes del pueblo. Rogó públicamente el perdón a Caperucita y a su abuela por el daño que les había causado y les pidió que le dieran la oportunidad de vivir otra vez en el pueblo donde están sus mejores amigos y familiares.

El lobo volvió a ocupar su vieja cueva, situada en la zona más espesa del bosque. La adecentó y preparó una huerta preciosa donde incluso dejaba pastar las vacas de su vecinos. Se convirtió en un vecino ejemplar, y para sorpresa de todos, en un gran cocinero. Los vecinos del pueblo estaban anonadados viendo como su cocina se convertía en un sofisticado laboratorio donde empezaron a salir maravillosos platos y deliciosos postres que eran la delicia de todos los que se acercaban a probarlos. Los curiosos no paraban de llegar y el lobo disfrutaba viéndolos comer. Pasaba el día cocinando y siempre tenía el detalle de hacerle algún paquetito con comida a algún vecino que no podía visitarlo.Todos lo animaban a que montara un restaurante, pero él se negaba diciendo que lo hacía sólo por hobby.

Pasó el invierno, vino la primavera y la población del bosque estaba encantada con su vecino reinsertado. Pero la alegría duró poco. Un día gris del mes de Abril, el lobo desapareció para siempre sin avisos, ni mensajes, ni comentario alguno. Lo único que se supo fue que dejó una bandeja de buñuelos cubiertos de miel en la casa de la abuelita, una tarta dentro de una cestita en la del cazador y un paquete de ricas bolitas de chocolate para Caperucita, así como leche fresca para su madre, que le encantaba beberla fría.

Todos estaban sorprendidos con la súbita desaparición del lobo, pero lo peor estaba por llegar. A la mañana siguiente, con el periódico de la mañana, la sorpresa dejó paso a la ira y a la consternación.

NOTICIA:

Han aparecido muertos en extrañas circunstancias: Caperucita, su madre, su abuela y el cazador. La policia está buscando al lobo como principal sospechoso. La causa de las muertes está sin dilucidar hasta que se haga la autopsia. Cualquier dato que consideren relevante para la investigación hagánselo saber a la policía.

Mientras el pueblo continúa paralizado por la conmoción, las fuerzas del orden están investigando las causas de las muertes.

Pss.., usted y yo, querido lector, vamos a investigar por nuestra cuenta. Nuestro primer trabajo va a ser el de estudiar detenidamente los regalos que les dejó nuestro enigmático sospechoso a las víctimas antes de irse.

Tras un examen exhaustivo y tras muchas horas de esfuerzo, mis análisis y pesquisas desvelaron que no se encontraron sustancias extrañas ni venenos ajenos a los alimentos, sino que el asesino aprovechó determinadas cualidades mortíferas de algunos de ellos.

En estos momentos estarán pensando que me las estoy dando de Sherlok Holmes de pacotilla, por no decirme otras cosas peores

¿Cómo pueden matar unos buñuelos recubiertos de miel totalmente caseros o cómo te puede aniquilar un vaso de leche recién ordeñado?

Si somos realistas la única forma de cargarse a todas estas personas sería dándole con el envase en la cabeza, hasta dejarlos cao.

Pero no fue así queridos lectores, aunque no quieran creerlo no existió ninguna mano negra que modificó el contenido de los alimentos, sino que ellos mismos presentaban altas concentraciones de tóxicos naturales en niveles suficientes para matar a sus víctimas. Lo único que hizo el asesino fue estar muy bien documentado y saber aprovechar sus propiedades dañinas. Veamos uno por uno:

  • Miel de abejas que contenía grandes cantidades de grayanotoxina con efectos cardiotóxicos y neurotóxicos, fruto de las abejas que libaron en flores de rododendros y azaleas. Su mecanismo de acción consiste en bloquear los canales de sodio en las células nerviosas y musculares, manteniéndolas despolarizadas continuamente, inutilizándolas.
  • Leche fresca obtenida de vacas alimentadas con pasto en el que iban incluidas plantas o semillas del género Boraginaceae, Compositae, Leguminosae y Apocynacae. Estas plantas pueden llegar a contener más de 100 alcaloides hepatotóxicos. Producen daños graves en el hígado, corazón, riñones y pulmones. Estos alcaloides de pirrolizidina son metabolitos secundarios de las plantas que no son tóxicos por sí mismos hasta que son metabolizados en nuestro hígado por las enzimas hepáticas transformándose en “pirroles” que son los verdaderos causantes del cuadro.
  • Tarta de almendra: Elaborada con 20 almendras amargas (muy tóxicas) mezcladas con otras tantas dulces y mucha miel. Al masticar la almendra amarga, la amigdalina que contiene reacciona en contacto con la saliva, formando azúcar, benzaldehído y el mortal ácido cianhídrico que se une al hierro de la hemoglobina bloqueando todo el transporte de oxígeno.
  • Bolitas de chocolate rellenas de habas de Calabar. La fisostigmina se aisló del haba de Calabar en 1864 por Jobst y Hess. El haba de Calabar es la semilla de una enredadera llamada Physostigma venenosum. Provoca malestar digestivo, contracciones musculares con aumento de la salivación y muerte por parada respiratoria. La utilizaban en Calabar, un puerto de Nigeria, en los juicios de Dios para decidir si el acusado era culpable o inocente del delito que se le imputaba. Para eso, les hacían ingerir el haba de Calabar que mataba a los culpables y no a los inocentes que la expulsaban sin más, con un vómito. Parece una superstición, pero aunque cuesta creerlo tiene su base científica. El haba de Calabar tiene una sustancia emética en su capa exterior, es decir, es capaz de provocar el vómito. Si el acusado es inocente traga el haba sin miedo produciéndose inmediatamente arcadas que libran al individuo en cuestión del fatal desenlace. Sin embargo, los culpables la meten en la boca con miedo y tardan en tragarla, haciendo que las propiedades eméticas del haba disminuyan en contacto con la saliva, así en el momento en que la ingieren mueren víctimas de los efectos de la fisostigmina, el alcaloide tóxico que contiene el haba.

Ahora mismo me imagino sus caras de asombro, tienen que reconocer que soy una detective buenísima. Me limpio la baba y me dispongo a leer con prepotencia y mucha chulería el informe forense de las muertes, aunque sinceramente, ¿qué me van a contar a mi esos informes que yo no sepa?

Voy hojeando por encima las hojas, una por una, y como era de esperar coincidían exactamente con mis argumentos, hasta que al pasar a la penúltima página, abro los ojos horrorizada al ver que el resultado de la autopsia del cazador no coincidía con mi hipótesis. ¿Cómo? Aquí tiene que haber un error. ¿Qué pasa, el cazador va y se muere porque sí? ¡Vamos hombre, era lo que me faltaba!

Ante mi sorpresa y mosqueo, el informe exponía en apenas dos párrafos que la causa de la muerte del cazador se debió a la ricina, una lectina producida por la planta del ricino cuya ingestión causa daño grave en las células intestinales, aunque su efecto es mayor si en vez de ingerirse llega directamente a la sangre por vía parenteral. El cazador, que era muy listo y desconfiado, no comió nada de lo que le había traído el lobo, su muerte se debió al pinchazo accidental con alguna de las esquirlas afiladas de la cesta de mimbre que contenía la tarta, impregnadas generosamente por el lobo con la mortal ricina. En su cuerpo no había rastro de las almendras amargas ni del mortífero ácido cianhídrico. El lobo sabía que el cazador no iba a comer su tarta y preparó un plan B al estilo del asesinato del periodista búlgaro Georgi Markov en 1970, causado por el pinchazo de un paraguas cuya punta estaba impregnada de ricina.

El lobo al final consiguió ver consumada la venganza que tras muchos inviernos fue cultivando en su pecho. Llevó a cabo su plan después de años de estudios de la composición de las plantas, valiéndose de su potencial y de aquellos compuestos químicos que fabrican las plantas para defenderse de los depredadores o como respuesta a unas condiciones ambientales adversas. Estas sustancias se llaman metabolitos secundarios y muchos de ellos son tóxicos, llegando a poner en jaque nuestra salud si entran en nuestro organismo.

Querido lector, si se encuentra al lobo como chef de primera en un restaurante famoso cerca de su casa, tengan mucho cuidado con lo que se llevan a la boca.

Mª Jesús

Bibliografía:

  • Historia del veneno de Adela Muñoz Páez. Ed. Debate, 2012.
  • Medicamentos de Enrique Raviña Rubira. Editado por la Universidad de Santiago de Compostela, 2008.
  • Química de los alimentos de Owen R. Fenema y otros. Ed Acribia, 2010.
  • Toxicología de los alimentos de María de la Concepción Calvo Carrillo y Eduardo Mendoza Martinez. Ed. Mc Graw Hill, 2012.

Esta entrada es la segunda participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVI Edición del Carnaval de Biología que en esta ocasión organiza El Blog Falsable.

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