La borrachera del bypass

¡Uf, todo me da vueltas!

¡Qué borrachera tengo!

No me lo puedo creer, me acabo de poner un poco contentilla sólo con una copa.

¡Uy! ¡Si me levanto de la silla me caigo seguro!

Me siento como una pluma, ligera hasta casi flotar. Tantos años sintiéndome pesada y torpe que me da la sensación que con mi poco peso y este colocón estoy recorriendo las nubes en ala delta.

Mi cerebro es como si cambiara de golpe su función, percibo sensaciones desconocidas y muy placenteras para mi, en cambio ¡Ja! ¡Ja! se me olvidó donde vivo o donde dejé el coche. ¡Qué gracia! Voy a tener que hacer autostop, eso sí, a lo mejor produzco algún accidente porque con el calor que me sube desde el pubis, me voy a quitar hasta las bragas y con algo de suerte el hombre de mi vida se estará aproximando hacia aquí en su coche y me llevará en brazos como una princesa hasta el motel más cercano. ¡Uy! ¡Qué cosas tengo! Si me oyera mi madre, la tenía clara, la que me iba a caer. ¡Bah! ¿Quién piensa en eso? Necesito una copa más, así es que voy a probar como me sientan las burbujitaaaaas de una copa de champán. Sigue leyendo

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JENNER Y LA VACA BLOSSON: Mi particular homenaje a un héroe del pasado.

Eduard Jenner
Fuente: Wikimedia-Commons

Siento frío, me explota la cabeza y tengo el ánimo por los suelos. Pasaron 15 años y otra vez me enfrento con la ignorancia, la incomprensión y el desprecio de personas que no valoran el hecho de ser yo, la persona que venció a uno de los males más devastadores de la humanidad: “El más temido de los ministros de la muerte” según los egipcios.
Una enfermedad que a lo largo de los siglos mató a más personas que todas las otras enfermedades juntas, sin embargo, el Real Colegio de Médicos de Londres no me acepta como miembro, ya que según ellos no tengo los conocimientos suficientes sobre Hipócrates ni Galeno. Sigue leyendo

Confesión de una amante despechada: el Gosipol

Cuando estaba a su lado no existía más luz que la de sus ojos, todo lo que veía a mi alrededor estaba rodeado por un halo divino. No había día que no diese gracias a mi sino por ser tan feliz y no había noche que no dejara de agradecer a las cefeidas que brillaban la noche que lo conocí por hacerme tan dichosa.

Un odioso día el cristal de mi felicidad se rompió. El me abandonó y mi vida se transformó en noche continua y mi corazón en un pozo de odio. Con el corazón roto y mi orgullo despechado empecé a barajar posibilidades de destruir al que tanto amé. No pretendía su muerte, quería su infelicidad y evitar que sus genes y los de su familia se multiplicaran. Quería verlo sufrir día a día, creciéndole el vacio en su interior y haciendo que la amargura y el deseo de tener un algo por lo que vivir no se culminara nunca. Mi maldición sería que su herencia no se perpetuara, yo sería el artifice de su destrucción. El daño que le iba a causar sería atemporal. Sigue leyendo