Confesión de una amante despechada: el Gosipol

Cuando estaba a su lado no existía más luz que la de sus ojos, todo lo que veía a mi alrededor estaba rodeado por un halo divino. No había día que no diese gracias a mi sino por ser tan feliz y no había noche que no dejara de agradecer a las cefeidas que brillaban la noche que lo conocí por hacerme tan dichosa.

Un odioso día el cristal de mi felicidad se rompió. El me abandonó y mi vida se transformó en noche continua y mi corazón en un pozo de odio. Con el corazón roto y mi orgullo despechado empecé a barajar posibilidades de destruir al que tanto amé. No pretendía su muerte, quería su infelicidad y evitar que sus genes y los de su familia se multiplicaran. Quería verlo sufrir día a día, creciéndole el vacio en su interior y haciendo que la amargura y el deseo de tener un algo por lo que vivir no se culminara nunca. Mi maldición sería que su herencia no se perpetuara, yo sería el artifice de su destrucción. El daño que le iba a causar sería atemporal.

Mi plan lo fragüé una noche leyendo una anécdota del eminente biólogo Haldane que saboreando una pinta de cerveza en un pub inglés en compañía de algunos compañeros, estaban debatiendo sobre el problema del altruísmo. Uno de los contertulios le preguntaba si él estaría dispuesto a dar la vida por la de su hermano. Haldane dijo: “por un sólo hermano, no; pero sí por 2 hermanos y 8 primos”. Justo el número de parientes que garantizaba la supervivencia de todos sus genes.

Tardé varios años en preparar mi plan de ataque y un día transformada en una persona encantadora me presenté a su familia como la nueva propietaria de la tienda de ultramarinos de la casa de al lado. Poco tiempo tuvo que pasar para que mi venganza tomara cuerpo. Todos los varones de la familia de mi ex-amante no consiguieron tener descendencia, sus hermanos, sus primos y él mismo eran incapaces de tener hijos. Probaron muchos métodos y fueron a muchas clínicas de fertilidad pero la prole deseada no llegaba. Sólo un hermano tuvo 1 hijo, fruto de la infidelidad de su mujer, que lo mantuvo en secreto para mantener su status de macho y menospreciar asi a sus hermanos y primos.

Los hombres de la familia no querían reconocer su problema y achacaban la falta de fecundidad a sus mujeres que acabaron convirtiéndose en carácteres agrios, yermos y fríos como sus úteros.

El arma que utilicé para dicho fin, fue el aceite y la margarina que les vendí. No les añadí nada, ni veneno, ni sustancias químicas teratogénicas. Todo era perfectamente natural sin manipulaciones químicas.

Al ganarme la confianza de la gente yo les recomendaba a mis cliente productos variados y de muy buena calidad que hacían las delicias de mis compradores. A mi exnovio y a su familia les vendí durante largo tiempo a muy bajo precio aceite de algodón. Al principio les costó acostumbrarse pero después me lo quitaban de las manos.

El aceite de algodón tiene una sustancia química que se llama gosipol que inhibe la formación de espermatozoides sin alterar los niveles de hormonas sexuales en hombres y mujeres, es decir, lo único que impide el gosipol es la procreación, pero sólo en los hombres, no así en las mujeres, como se vió en el caso de la prima infiel que logró tener un hijo.

La molécula responsable es un derivado binaftalénico existente en la semillas del algodón, “Gossipium sp”. Además de producir oligospermia también produce cansancio, falta de apetito, debilidad y disminución del potasio y de la líbido.

Hubiera sido un anticonceptivo masculino ideal pero no se investigó más por sus efectos secundarios y porque en estudios en ratones producía cáncer de piel.

Al pasar los años la manera de ver las cosas cobra otra proporción, minimizando el daño sufrido y haciéndome más sensible al dolor de los demás. No quería ver a mi amado feliz pero tampoco quería verlo así. Cuando me encontraba cara a cara con él, sus ojos se clavaban en los míos buscando una pizca de ternura, de cariño y de deseo. Yo deseaba devolverle el odio que tantos años derroché a raudales pero no era capaz, sólo tenía frialdad, mi corazón se hizo insensible, ya no sentía nada.

Visto así friamente parece la obra de una psicópata, pero creo que estoy y siempre estuve muy cuerda. Cada uno en este vida asume un rol y el mio se determinó el día en que mi novio me abandonó. No volví a ser feliz y menos ahora, haber hecho desgraciada a tanta gente no me dió la satisfacción que esperaba encontrar sino al contrario.

Mi aliento sólo emana el amargor de la culpabilidad y mi corazón me dice ¡basta ya! ¡Acaba de una vez! Con la pluma en una mano y la soga en la otra me despido para siempre.

Mª Jesús

Esta entrada es la participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVIII Edición del Carnaval de Biocarnaval que en esta ocasión organiza Ameba curiosa.

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3 pensamientos en “Confesión de una amante despechada: el Gosipol

  1. Realmente una historia maravillosa y me ha entretenido, sorprendido como pocos que hay en este medio……..Felicitaciones espero que haya otras historias del mismo nivel o mayor………………….saludos

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