La tropa mora

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Todo el mundo a sus puestos!
¡El enemigo ya ha atravesado nuestros límites y de un momento a otro, esto será el infierno!
¡La tropa mora en 1ª línea, tras ella los G.A.L.T y que se preparen también los reservistas por si tienen que entrar en combate!
¡Es una situación de emergencia máxima! ¡Mover el culo, si no queréis acabar putrefactos en las alcantarillas!
-¡Señor, el enemigo ha repelido nuestros ataques con ácido y en las porciones proximales del intestino ya empezaron los enfrentamientos con miembros de la tropa mora!
¡Mierda! Esperaba que con el ácido estomacal y los bamboleos del estómago llegaran los intrusos a nuestra posición debilitados y con muchas bajas.
¡Rápido, necesitamos nutrientes y antioxidantes para que podamos soportar lo que se nos viene encima!
La batalla es cruel, cantidad de citoquinas liberadas por ambos contendientes dejan un rastro de hedor y muerte que invaden las almas de los que esperan a que les llegue su hora.
Con lo bien que iba todo ¿por qué tenía que pasar?. Conseguir el equilibrio con la tropa mora fue dificil y costoso. Les llamo tropa mora porque sus soldados, nuestras bacterias de la flora intestinal son fieles, eficientes y sanguinarias. Viven en nuestro interior, les cedimos parte de nuestros terrenos para que acamparan, eso sí, los peores que teníamos, los del colon. Ellas en cambio demuestran ser más nobles y desinteresadas que nosotros, llegando incluso a la muerte por defendernos.

Tropa mora

Me rio con amargura al pensar en mis noches en vela atacado por el miedo y la desazón, repitiéndome siempre la misma pregunta: ¿Qué pasaría si la tropa mora se rebela contra nosotros? Las bacterias intestinales nos sobrepasan en número ampliamente y saben nuestros puntos débiles. Pasan muchas horas con los linfocitos de los GALT entrenándolos y adiestrándolos en las artes de la guerra inmunológica. Les enseñan sistemas de reconocimiento de señales microbianas identificativas de especies potencialmente peligrosas. Los adiestran mentalmente, obligándolos a reconocer y a no olvidarse de todos los patógenos que encuentran a su paso, haciendo que adquieran una agilidad y una destreza digna del mejor grupo de operaciones especiales.

Estructura de los G.A.L.T. (Tejido linfoide asociado al intestino)

A) GALT no agregado:

  • Leucocitos intraluminales
  • Linfocitos intraepiteliales
  • Células linfoides de la lámina propia

B) GALT Agregado:

  • Placas de Peyer
  • Folículos linfoides
  • Nódulos linfoides mesentéricos

Mi angustia comenzó a partir de una noche loca que nos pasamos con el alcohol. La tropa mora se enfadó tanto que lesionó el hígado lanzándole una bomba de TNF-α (Factor de necrosis tumoral alfa).
Aquella noche se marcó un antes y un después. Como una obsesión analizo los sucesos diarios, carcomiéndome con preguntas que me intento contestar a mí mismo para calmarme, pero en vez de tranquilizarme aumentan mi desazón:
-¿Podríamos vivir sin las bacterias intestinales?
Los microbios son los habitantes más antiguos de este planeta. Poblaban la Tierra hace 3000 – 4000 millones de años y fueron los únicos seres vivos durante los primeros 2000 millones de años.
¿Qué interés pueden tener ellas en nosotros? ¿Sólo su manutención gracias a la simbiosis mutua?, Siempre fui muy desconfiado y esto me cuesta creerlo. Podríamos pensar que viven como reinas a costa nuestra, pero no es así, trabajan incluso más que cualquier célula del organismo. Desmenuzan la fibra ingerida no digerible, producen ácidos grasos de cadena corta como el ácido butírico con el que alimentan a las células intestinales (enterocitos); fabrican vitaminas del grupo B y la vitamina K indispensable para la coagulación sanguínea asi como factores tróficos esenciales para nuestro sistema nervioso; favorecen la absorción de calcio y hierro y si esto no fuera poco sintetizan aminoácidos a partir de amoníaco y urea.
Lo más llamativo de todo esto es que nos superan ampliamente en número. El último recuento que hice, de todas las células del organismo, resultó que el 99% del total eran bacterias, sin considerar que nuestras mitocondrias celulares son vestigios bacterianos.

Bacterias

– ¿No será que cada una de las bacterias que nos acompañan tiene un fin superior distinto al que dejan traslucir? ¿Y si fuéran ellas las que realmentes dirigen nuestros actos? ¿Qué pasaría si se rebelaran contra nosotros?
Tiemblo al pensar en la posibilidad de que sean ellas las que nos dirijan y que nosotros seamos simples marionetas a merced de sus deseos. No paro de cavilar en que deben tener alguna intención oculta y no creo que se conformen solamente en ser nuestros perritos falderos. De todas formas esto no es realmente lo que más me preocupa a corto plazo, sino la posibilidad de que las bacterias intestinales nos ataquen directamente, cara a cara, sin tapujos como ya quedo confirmado en el caso de la hepatopatía alcohólica. En animales de laboratorio libres de gérmenes no se llega a producir daño hepático por alcohol, es decir, no desarrollan hepatopatía alcohólica ya que la lesión es producida por las mismas bacterias intestinales que segregan sustancias que inducen la formación de TNF-α (Factor de Necrosis Tumoral alfa) y radicales libres que lesionan el hígado.
Sin embargo las bacterias no necesitan el enfrentamiento directo para destruirnos, lo único que necesitan es irse y dejarnos plantados, es decir, limpísimos y sin gérmenes. Sin su presencia, nuestras defensas se irían atrofiando y perdiendo en efectividad. Multitud de microorganismos patógenos aprovecharían la ocasión para infectarnos y presentaríamos carencias nutricionales.
De hecho, en experimentos con ratones totalmente carentes de bacterias (gnobióticos) se vió la afectación de todos los sistemas orgánicos, dando lugar a una serie de síntomas y carencias:

  • Insuficiente desarrollo del tejido linfático.
  • Menor producción de anticuerpos.
  • Necesidad de grandes dosis de vitaminas K y del grupo B.
  • Metabolismo basal inferior a lo normal.
  • Disminución del gasto cardíaco.

Sería imposible que nuestra descendencia sobreviviera y nuestra vida en la Tierra tendría los días contados.
Para tranquilizarme y desechar estas ideas perturbadoras de mi cabeza, rememoro, las palabras de Richard Dawkins: “Somos colonias gigantescas de genes simbióticos”.
El ser humano tiene cerca de 30.000 genes en sus células conviviendo con otros seres vivos que nos aportan 3,3 millones de genes. Somos un equipo y tenemos que verlo como tal.

Aclaro todos estos pensamientos de mi mente y me centro de nuevo en la batalla.
Míralas ahí como pelean como guerreros aguerridos, con nobleza y sin atisbo de miedo.
Cubriéndoles las espaldas y en posiciones estratégicas se encuentran los G.A.L.T, el sistema inmunológico intestinal entrenado diariamente, sin un minuto de descanso por las mismas bacterias intestinales.
Esperando en la retaguardia, las grandes células estrellades, “las células de Kupffer” que recubren los sinusoides venosos del hígado, preparadas para dar batalla a todos los intrusos que sean capaces de romper nuestros flancos y atravesar la barrera intestinal.
Ante este panorama, hago mío lo que dijo en su día Isaac Asimov: “Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: La guerra contra su extinción”.

Mª Jesús

Bibliografía:

  • Nutrición Clínica. Bases y Fundamentos.
    Alberto Miján de la Torre.
    Ediciones Doyma.
  • Tratado de Nutrición.
    Ángel Gil.
    Editorial Médica Panamericana.
  • CECIL – Tratado de Medicina Interna
    Ediciones Elsevier

Esta entrada es la tercera participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XX Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza La Ciencia de Amara y la segunda aportación al XIX Edición del Carnaval de Biología que en esta ocasión organiza La Fila de Atrás.

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2 pensamientos en “La tropa mora

  1. Bonita forma de explicar la importancia de las bacterias intestinales y muy bien aderezado con las citas. Aún así creo que para alguien que no haya estudiado biología es muy difícil entender que estamos vivos gracias a que tenemos millones de otros organismos viviendo en nuestro interior. Y si quieres conocer otra historia de las células estrelladas del hígado, a ver qué te parece ésto: “14 años después” http://wp.me/p2VkRq-Q

  2. ¡ Me ha encantado tu entrada ! Pero has hecho que me entre un poco de miedo… En realidad somos colonias de bacterias, como bien dices, aunque nos limitemos a pensar que somos los seres más perfectos que existen. No seriamos nada sin las bacterias (ni ellas sin nosotros). Espero que sigamos en simbiosis por mucho tiempo.

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