Décimo sexta entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

11ª Semana :

La vida en casa de Daniela fue volviendo poco a poco a la normalidad. No había reproches, ni comentarios de “no comas esto”, “no comas lo otro” ni miradas inquisitivas, nada. Todo, según mi amiga, era sospechosamente normal. Sin embargo, Daniela no se fiaba y estaba siempre a la defensiva, no bajaba la guardia en ningún momento.
Un día, un comentario de su madre confirmó sus sospechas, con la excusa de que le había salido un poco de barriga, fue a la tienda naturista que habían abierto hace poco  cerca de su casa y compró varios productos naturales que, según ella, le quitaría el bollo de la barriga en un santiamén
Daniela se puso muy furiosa, no podía creer cómo su madre era capaz de engañarla de ese modo. Estaba muy claro que lo que pretendía era llevarla a ella también, asi es que los días posteriores fueron horribles. No se quedaba callada. Sólo con nombrar comida, dieta, peso o cualquier palabra relacionada, saltaba a la mínima de cambio. Lo tenía muy claro, para ella las palabras “dieta” y “bajar de peso” se habían acabado.
Las reacciones de sus padres, como eran de esperar, fueron tremendas y como ella no se cortaba ni un pelo, aquello era un infierno.
Daniela se desahogaba conmigo y pasábamos muchas horas juntos, retrasando el momento de irse a su casa. Pero al final tenía que regresar y a mi, me quedaba un hormigueo en el estómago y una preocupación que me quitaban el apetito.
Ya nada iba a ser igual o mejor dicho ya nada es igual. Daniela cada vez está más nerviosa, no se concentra como antes en los juegos y no para de levantarse para ir al baño o para ir a la cocina a beber. Incluso, cuando hablo con ella siento que aunque me mira no me atiende. Llega un momento que me agota su compañía, hasta llego a desear que se vaya y que me deje tranquilo, su presencia me agobia. Por un lado siento mucha pena por ella, pero por otro lado me gustaría que se fuera y pasara de mi.
Ella cambió pero yo también, descubrí el gusto por la ciencia, por preguntarme cuestiones, por buscarlas, por perderme en información que la mayoría de las veces no entiendo, pero que me llenan. De alguna forma que yo no llego a entender me siento enganchado, la búsqueda de información sobre el problema de Daniela es una aventura. Al comenzar un tema me cuesta un gran esfuerzo porque no tengo nivel, pero al ir avanzando me pongo como una moto. Me emociono al darme cuenta de que acabo entendiendo, no quizás todo, pero sí la esencia, igual que cuando veo los dibujos animados en inglés que me pierdo al principio, pero al final me entero de todo o casi todo.
Me siento feliz, me siento vivo. Me imagino que algo parecido deben vivir las personas que se dedican a la investigación. Primero la curiosidad, las preguntas, después viene la búsqueda a veces divertida pero muchas veces pesada y finalmente el resultado que muchas veces no es el esperado, pero en ocasiones sí y vuelta a empezar con otra cuestión. Debe ser tan grande su satisfacción que siento envidia, porque no se paran en vanalidades, tienen siempre en mente, el sueño de solucionar algún problema.
¡Anda lo que se me acaba de ocurrir! Si el problema de la obesidad es tan grande sobre todo en niños, tiene que haber mucha gente volcada en buscar los factores involucrados en el desarrollo de este mal.

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Mecanismos que controlan el peso corporal:

Si pienso que el cuerpo es inteligente, tiene que tener unos mecanismos que regulen que nuestro peso no se desfase, tanto si comemos mucho, como si comemos poco, por ejemplo, si como mucho el cerebro me da señales de que estoy lleno y sería al contrario si no le doy de comer, el metabolismo se ralentiza para ahorrar energía y me manda señales de hambre para que coma. ¿No será que a Daniela le funciona mal algún mecanismo regulador?
Con toda la información que recabé me imaginé el siguiente circuito:

Hipotálamo

En nuestro cerebro hay una zona llamada hipotálamo donde se encuentran los interruptores del hambre y de la saciedad.
El interruptor del hambre (verde) está situado en el núcleo lateral del hipotálamo y el botón que activa la saciedad (rojo) se sitúa en el núcleo ventromedial del hipotálamo.
Voy a jugar un poco con estos botones. Si activo muchas veces el botón verde, tendré un apetito exagerado, me comeré hasta las piedras. Si por el contrario, activo el botón rojo, que debe ser el que tengo yo saturado todo el día, no tenemos necesidad de comer, nos podemos morir de inanición que no nos enteramos.
Pero esto no es tan simple como parece. Unas neuronas cerebrales en forma de dedos son las encargadas de activar estos núcleos según los datos que envían sus espías particulares. Estas neuronas necesitan información para saber que botón pulsar, datos registrados en todas las partes de nuestro cuerpo: Ojos, nariz, boca, estómago, intestino, sangre, músculos, depósitos de grasa e incluso del mismo cerebro. Hay que saber en todo segundo que necesidades, carencias e incluso exceso de combustibles presenta cualquier zona corporal aunque sea la más alejada o la menos utilizada. Estos espías tienen nombres y funciones muy peculiares:

  • CCK (Colecistocinina):
    Justo a la entrada del duodeno tenemos a esta guapa espía que como es muy presumida y le encanta estar delgada, cualquier grasa que vea en su camino ya le está mandando el chivatazo al hipotálamo para que active el botón rojo.

CCK

  • PYY (Péptido YY):
    Este varonil espía se sitúa un poco más abajo que la anterior, en el íleon. Es frío, calculador y muy observador. Está mandandole continuamente información al cerebro sobre la cantidad y la composición de la comida que va entrando en su zona.

PYY

  • Ghrelina:
    Esta espía gordita siempre está hambrienta y no puede ver el estómago vacio porque enseguida incordia al jefe.
    Su zona de acción es el estómago y en menor medida el intestino.
    Como es lógico está muy elevada en personas con el peso por debajo de lo normal o en la anorexia nerviosa.

Ghrelina

  • Leptina:
    Esta como una rata de biblioteca, en todo momento está vigilando y estudiando los depósitos de grasa. Si estos aumentan llama al cerebro como una histérica para que active el botón de la saciedad.

Leptina

  • Insulina:
    Esta hormona es la espía más maniática y cómoda del grupo. No puede ver nada fuera de sitio, almacena la grasa en el tejido adiposo, apila los azúcares formando glucógeno y anima a las células para que asimilen las proteínas. Quiere ver todo limpio y recogido y para eso activa el centro de la saciedad para no tener tanto trabajo.

Insulina

Aparte de estos espías el organismo cuenta con detectores automáticos que al estimularse activan uno de los dos botones del hipotálamo, como es el caso del “nervio vago” que detecta el estiramiento gástrico a medida que los alimentos van ocupando el estómago y la composición química de los mismos.
¡Guau, si parece una peli del Agente 007! Si no tenemos que ir muy lejos para vivir una aventura. Dentro de nuestro cuerpo se están viviendo grandes aventuras fascinantes continuamente.

Continuará…

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