El Doctor Homúnculus en: “La muerte ebria”

Me llaman el Doctor Homúnculus. Los que no saben el significado de esta palabra se reirán al leerla y no comprenderán como puedo llamarme así, los que la conocéis ya os imagináis como soy. Una cabeza gigante y repulsiva, insertada en un cuerpo raquítico, con unos pies enormes como base.

Odio con todo mi alma mi aspecto físico, solo me dio sufrimientos. Mis vecinos se mofaban de mi cuando me cruzaba con ellos por la calle y para los compañeros de colegio era el objetivo perfecto de sus salvajes ataques. Así es que tras varios años de insultos, vejaciones y lesiones, dejé de ir a clase y me encerré en casa.

Gracias al apoyo incondicional de mi madre y su amistad con la bibliotecaria del pueblo, tuve siempre a mi disposición libros y revistas de todo tipo de temas. Leía de todo, pero poco a poco mis gustos se fueron decantando por las ciencias, sobre todo por la medicina. Pasé los mejores momentos de mi vida intentando buscar los diagnósticos correctos para cientos de historias clínicas inventadas por mi e inspiradas en un viejo cuaderno que alguien había dejado olvidado en las páginas raídas de un viejo tomo de Fisiopatología. Sigue leyendo

La tormenta tiroidea

¡Alerta! ¡Alerta! ¡Todos a sus puestos, se acerca una tormenta!
¡Las señales registradas desde el aparato digestivo hablan de la entrada de sustancias químicas desconocidas, acompañadas de una concentración muy elevada de yodo!
Todo el organismo empieza a sufrir los efectos del gran temporal.

Tempestad
Temblores, sudoración y la respiración acelerada son los preámbulos de un fin apocalíptico.
La sangre embravecida choca con violencia contra las válvulas cardíacas que, como velas izadas en pleno temporal se sienten frágiles y a merced de un golpe certero que las partirá en dos; el corazón va a gran velocidad, más de 120 latidos por minuto, para dar salida con premura a la marabunta de sangre que le entra con mucha fuerza por las aurículas; los circuitos cerebrales se recalientan, la temperatura se dispara a 42ºC; los músculos se agotan por el esfuerzo, el aparato digestivo intenta vaciar lastre… Todo se transforma en un caos de lucha y resistencia que acaba en una pelea a vida o muerte en la cama de la UVI de un hospital, donde descansa una víctima más de la Tirotoxicosis.
Todo empezó una semana antes cuando los primeros rayos de sol avisaban de que el cambio de muda estaba cerca, fuera abrigos y prendas gordas y holgadas que ocultan más nuestra vergüenza que nuestro pudor. Llega la primavera y como otro nuevo año hay que presentarse en sociedad sin tapujos. Flacideces, michelines, celulitis, pistoleras se asoman tímidamente intentando pasar inadvertidos, pero aunque para una parte del mundo pasen desapercibidos, la persona que los sufre, los siente como una pesada y molesta carga. Sigue leyendo