Décimo séptima entrega de “Daniela, crónicas de una niña obesa”

12ª Semana:

No hay quién aguante a mi amiga, últimamente tiene un carácter insoportable agudizado por los últimos acontecimientos ocurridos en su casa. Todos los miembros de su familia están un poco nerviosos porque el padre tiene problemas en el trabajo y se queja de que no se encuentra bien. La madre insiste en que vaya al médico a hacerse una revisión y él no quiere, atribuye todos sus males al estrés psicológico sufrido en los últimos meses en su trabajo.

El padre de Daniela lleva años trabajando en una empresa farmacéutica dedicada a la búsqueda y estudio de sustancias químicas nuevas, extraídas habitualmente de zonas estancadas de ríos y lagos.

Desde la inauguración de la empresa, hace ya casi 20 años, encontraron moléculas muy interesantes que tras su manipulación química se convirtieron en fármacos útiles en medicina y veterinaria. Estos descubrimientos, aún siendo novedosos, no llegaron a tener una gran repercusión porque no aportaban nada nuevo con respecto a las otras sustancias similares que había ya a la venta en el mercado.

La empresa se iba manteniendo y funcionaba bien. El ambiente era familiar, tranquilo y relajado hasta que descubrieron por casualidad una sustancia que se comportaba como un espanta-virus. Esta molécula se fijaba al DNA de las células de los monos que utilizaban como conejillos de indias, e impedía que los virus utilizaran la maquinaria de sus células para copiarse a sí mismos y multiplicarse.

A raíz de este descubrimiento, en la empresa se montó un gran revuelo, se pidieron subvenciones al gobierno, obtuvieron créditos de los bancos y la empresa familiar en la que trabajaba el padre de Daniela cambió por completo. Todo se revolucionó en poco tiempo y así fue como comenzó una carrera estresante para conseguir la aprobación del producto.

Daniela me contó que conseguir que un fármaco nuevo salga al mercado es una carrera muy dura que puede durar hasta 15 años ya que tiene que superar varias etapas largas y pesadas que muchas veces acaban en fracaso.

Las dos primeras etapas que van del descubrimiento de la molécula y de sus características, hasta la fase de experimentación en animales las superaron sin problemas. A partir de aquí, quedaba lo más duro, la etapa de investigación clínica que consta a su vez de 4 fases:

En la primera fase o fase I se estudia el comportamiento de la molécula en el cuerpo de 100 voluntarios y se valora su comportamiento en el mismo, ya que a lo mejor el producto es estupendo, pero puede absorberse mal o destruirse muy rápidamente o simplemente no llegar nunca a su objetivo; asimismo en esta fase, también se valora si tiene algún efecto dañino en el cuerpo. Para alegría de todo el equipo y sobre todo para el padre de Daniela, la prueba se superó satisfactoriamente.

Al llegar a la fase II, empezaron los problemas, los nervios y las tensiones. Había que probar la sustancia en personas enfermas o mejor dicho infectadas por algún virus. Tras días de observación la prueba fue un éxito para todos, menos para el padre de Daniela que tras años de duro trabajo y buenos resultados en la compañía, se veía totalmente desplazado por brillantes investigadores llegados del extranjero. Toda la ilusión que tenía se transformó en tristeza y frustración, no comía apenas y dormía poco y mal. Esto significaba que Daniela dejó de ser el centro de atención.

Cada vez que venía a verme desahogaba su rabia conmigo, y al final se echaba a llorar. Poco a poco se iba relajando, mientras yo estimulado por su proximidad, sentía como mi adrenalina se disparaba y allí los dos en silencio, mi cabeza divagaba en todo lo que había leído y en lo que me quedaba por leer e investigar. Tenía claro lo que quería ser de mayor y también tenía claro con quien quería compartir mi vida. Necesitaba que el tiempo pasara rápido para ver culminados mis deseos y mientras tanto a corto plazo me urgía saber cuales eran las investigaciones sobre obesidad en desarrollo ahora mismo porque en alguna de ellas podría estar la solución al problema de Daniela.

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Investigaciones Genéticas:

La intuición o la certeza de que la genética de la persona tiene mucho que ver con la obesidad tiene enfrascados a muchos científicos que se dedican a este campo.

Le están siguiendo la pista a 100 genes sospechosos de inducir un aumento de peso bien por su implicación directa o bien por mutaciones de los mismos.

Gen

Son muy interesantes los hallazgos logrados en este tema. Al comenzar a leerlos parecen muy complicados, pero, después te das cuenta que intentan encontrar los fallos a nivel genético de aquellas moléculas que intervienen en el mantenimiento del peso. Una de ellas es la vieja conocida rata de biblioteca, la leptina, la hormona que vigila el estado de los depósitos corporales para mantener informado puntualmente al cerebro. Una mutación en el gen que codifica la leptina o en su receptor puede producir obesidad ya que, en el gen que codifica la leptina están los planos para construirla. Si por alguna razón, esos planos se modifican o se estropean, la leptina saldrá defectuosa y lo mismo pasaría con los genes que codifican el receptor de la leptina.

El receptor suele ser la molécula que recibe y reconoce las señales específicas de la leptina. Si los receptores cerebrales de la leptina no funcionan porque su diseño genético es defectuoso o por un fallo en los mismos, se desarrolla obesidad porque el cerebro no se está enterando del estado de sus depósitos.

Es improbable que Daniela tenga una mutación genética del gen de la leptina o de su receptor, ya que en el caso de que fuera así, tendría retraso de crecimiento, falta de desarrollo sexual e hipotiroidismo, porque la leptina aparte de ser “la vigilante de los depósitos” tiene funciones muy importantes a otros niveles.

Continuará…

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