Dr. Homunculus en: Vitamina Letal

Allí estaba ella, como una diosa delante de mi puerta, bella e inalcanzable, sujetando del brazo a su marido demacrado y tambaleante.

¡Qué cantidad de recuerdos me trae su presencia!

Durante mi adolescencia, me sentía el ser más desgraciado de la tierra, siempre a la defensiva ante las burlas y los ataques continuos de mis compañeros. No tenía ilusiones, no tenía sueños, solo tenía miedo. Los días pasaban yermos y sin luz, hasta que un día la descubrí. Cuando se fijaba en mi, su cara desbordaba dulzura, como la madona del cuadro de la iglesia, haciéndome sentir tranquilo, fuerte y lejos de mi odiado mundo. Ella transformaba la oscuridad en luz y mi tristeza en esperanza. Aquella belleza solo podía significar pureza y bondad, pero… me equivoqué.

Un atardecer, venía de hacerle un recado a mi madre, cuando de repente escucho muy cerca, risas y jadeos. Muy asustado, con la adrenalina a tope y un insistente temblor de piernas, me escondo y empiezo a buscar la procedencia de aquellos ruidos.

AmoR

Allí estaba ella, tumbada detrás de un árbol del parque con los pechos sobresaliendo a presión de su blusa apenas abrochada, la falda levantada dejando ver lo indecible, el pelo alborotado, las piernas estiradas,.. pronunciando palabras susurrantes y sensuales salidas entre jadeos, mientras uno de mis muchos acosadores la besaba y la tocaba con ansiedad por todos los recovecos de su cuerpo. Ella muy excitada, le daba las instrucciones del plan de ataque del siguiente golpe, cuyo destinatario, como siempre y para no variar, era yo. Mientras contaba con detalle las torturas a las que me iban a someter, se excitaba cada vez más y agarraba con fuerza a su pareja para que aliviara su deseo incontenible y vaciara con premura su vaso lleno de lujuria.

Odio, miedo, deseo, excitación… Nunca olvidaré aquella escena que generó en mi sensaciones contradictorias que formaron un cóctel explosivo en mi torrente sanguíneo. ¡Yo estaba en su mente y en sus deseos más profundos!

Todo eso me repugnó y me halagó al mismo tiempo. Me sentí importante, me sentí viril. Era el protagonista de sus fantasías eróticas aunque estas fantasías fueran más bien perversiones sexuales.

Pasaron los años y desde mi retiro voluntario y gracias a mi madre, seguía teniendo noticias de Ana que así se llamaba mi cruel y erótica diosa Kali en referencia a la mitología hindú. Supe por ella que había cambiado mucho, se había casado con un hombre muy rico del que no se separaba ni a sol ni a sombra.

Mi madre me relataba admirada que Ana era una dama elegante y educada, dedicada en cuerpo y alma a su marido. Se la veía en el supermercado comprando patés selectos para él, además de muchas verduras, pescados azules e hígado de ternera para tener bien alimentado a su marido. A menudo, también la encontraba en la farmacia y en la herboristería comprando vitaminas y suplementos alimenticios para su esposo. Era, según mi madre la esposa ideal, la que todo hombre debería tener, y al decirlo me miraba fijamente con los ojos llenos de lágrimas.

¡Qué cambios da la vida! No lo podía creer. Su crueldad de juventud dio paso a dulzura, amor y dedicación en su madurez. Maravillosa, pensaba yo, sobre todo al verla inofensiva delante mía, sujetando malamente a un hombre viejo, demacrado y enfermo.

Me explicó, mientras yo la miraba con ojos embobados, que su marido empeoraba día tras día. Visitaron a dos médicos que no lograron curar su mal. Su salud se deterioraba a ojos vista y ella no sabía que hacer, estaba bloqueada, así que a instancias de “él” (recalcó esta última palabra con voz aguda y tintineante), recurrieron a mí.

Cuando me recuperé del impacto que ejercía en mi su presencia, me centré en su marido y mis perspectivas de la situación dieron de repente un giro de 360º.

Me llamó la atención el color amarillo-anaranjado de su piel que no llegaba a afectar al blanco de sus ojos. Se quejaba de dolor de cabeza y de huesos, tenía la piel muy seca y escamosa con heridas en labios y boca, además de pérdida total del pelo.

A la exploración física presentaba adenopatías (ganglios linfáticos inflamados), aumento del tamaño del hígado y el examen neurológico vislumbraba un aumento de la presión intracraneal. La analítica de sangre que traían consigo no reflejaba nada especial salvo ligero aumento de transaminasas hepáticas y del calcio sanguíneo así como dislipemia (alteración de los valores de grasas sanguíneas).

El cuadro clínico que presentaba el marido de Ana me resultaba familiar.

Vinieron a mi memoria recuerdos de cuando yo tenía 7 años y mi madre me daba dos cucharadas de hígado de bacalao todos los días. Tras varios meses ingiriendo ese apestoso brebaje me encontraba muy cansado, con dolor de cabeza y la piel como una lija. Caía con frecuencia y chocaba con todo, igual que un borracho, debido a la diplopía (visión doble) que empecé a desarrollar.

Mi madre, asesorada por el viejo médico del pueblo muy acostumbrado a ver los efectos del consumo elevado y continuado de dicho aceite en aquellos años, me lo suspendió de inmediato. La recuperación fue muy lenta pero progresivamente y sin tratamiento alguno me puse bien.

Aparco mis recuerdos en un rincón de mi mente y me centro otra vez en el caso clínico con una disposición totalmente distinta. Le inyecto suero fisiológico en vena y escribo en una receta el tratamiento y las pautas terapéuticas a seguir. Una vez lista se la doy totalmente desplegada a Ana para que la pueda ver claramente. ¡Por nada del mundo me quería perder su reacción!

Al leer la receta la cara de Ana cambió completamente: Sus ojos se entrecerraron dando la sensación de que iban a salir por ellos rayos mortales con la intención de fulminarme, sus labios y mejillas se contrajeron, sus puños se apretaron con fuerza,…

Una estampa sorprendente, verla allí desbordando rabia y odio a raudales con los pies y las manos atadas por la impotencia. La situación me excitaba muchísimo, de hecho no lo intenté disimular sino al contrario, abrí descaradamente el último botón de mi bata para que ella notara mi miembro viril erecto. ¡Era mi venganza!

Airada y enfadada, Ana levanta a su marido de la camilla y salen con premura, dejando tirada a su paso la receta prescrita por mi:

Receta

Ana llevaba tiempo maquinando el asesinato de su marido. Quería una muerte lenta, insidiosa y que por supuesto pasase desapercibida para todos, incluso para el joven médico del pueblo.

Probablemente no le fue complicado encontrar la solución, siendo como era muy aficionada a la química. Es relativamente fácil que en cualquier texto sobre vitaminas haya encontrado la historia donde se relataba la muerte de exploradores árticos por intoxicación por vitamina A tras darse un buen banquete con el hígado de un oso polar. A partir de ahí, no le costó mucho investigar el resto. Así, con mucho amor, varias píldoras de aceite de hígado de bacalao, tres pastillas de preparados polivitamínicos al día y un menú especialmente rico en vitamina A con muchas espinacas, zanahorias, paté, atún, hígado de ternera… conseguía, poco a poco, acercarse a su objetivo, ya que su marido ingería todos los días una dosis muy grande de vitamina A.

La vitamina A es una vitamina liposoluble que ejerce muchas e importantes funciones en nuestro organismo. Es necesaria para el mantenimiento de la función visual, la diferenciación de las células epiteliales; ejerce un efecto directo sobre la reproducción; participa en el crecimiento óseo y dentario; actúa como antioxidante disminuyendo la oxidación del colesterol LDL; ejerce un papel protector ante determinados tipos de cáncer y regula los niveles de nuestros depósitos de grasa corporal.

La vitamina A no es una sustancia única, sino un conjunto de moléculas que tienen la misma actividad, llamada “actividad biológica de retinol”.

VitaminA

Estas sustancias que englobamos bajo el nombre de vitamina A se dividen en dos grupos: los retinoides presentes en grasas animales y los carotenoides en vegetales. Estos últimos son los pigmentos que tiñen de rojo, verde, amarillo y naranja a algunos vegetales, como las verduras de hoja verde, las zanahorias o frutas como la papaya y la naranja. Los carotenoides son muy numerosos, pudiendo llegar hasta 50, aunque no todos ellos tienen actividad biológica de retinol, como le pasa al licopeno.

Los retinoides, por su parte, los encontramos en leche, quesos, huevos, hígado, corazón, riñón y en pescados como el atún, la sardina y el arenque. Es de destacar que los aceites de tiburón, bacalao y oso polar tienen concentraciones considerablemente altas de vitamina A. Aparte de la ingesta de vitamina A con los alimentos, muchos de ellos se enriquecen con ella, para conseguir una ingesta aceptable de la misma, ej: lácteos, margarinas y cereales.

Una carencia de vitamina A es muy peligrosa porque puede producir ceguera permanente por reblandecimiento y ulceración de la córnea, además de presentar mayor incidencia de infecciones y un riesgo elevado de desarrollar enfermedades crónicas.

Si la deficiencia de vitamina A es perjudicial, no lo es menos, el exceso o hipervitaminosis.

La hipervitaminosis o intoxicación por vitamina A se da con una ingesta de 50.000 UI durante varios meses o más de 660.000 UI en una sola dosis, siendo la cantidad de vitamina A recomendada por la FDA de 3.000 UI para los hombres y 2.333 UI para las mujeres aunque algunas sociedades científicas ponen el tope en 10.000 UI.

La hipervitaminosis A presenta síntomas inespecíficos como fatiga, falta de apetito, problemas de piel, caída de pelo y dolor óseo además de otros como náuseas, vómitos, cefalea y diplopía que reflejan un aumento de la presión craneoencefálica que puede dar lugar a coma e incluso muerte. La analítica ordinaria de sangre refleja aumento de transaminasas hepáticas y elevación del calcio sanguíneo, necesitando un estudio de laboratorio más específico para determinar las concentraciones sanguíneas de vitamina A.

Es muy raro que se desarrolle una intoxicación por vitamina A por consumo de vegetales ya que los betacarotenos, precursores de la vitamina A presentes en los vegetales, tienen una baja actividad de retinol si la ingestión dietética aumenta mucho. En cambio esto no pasa con los productos animales, ya que podemos absorber desde 3.000 equivalentes de retinol con 100 g de hígado de cerdo hasta 600.000 con hígado del oso polar.

1 Equivalente de Retinol (E.R) = 3,33 UI de vitamina A derivada de retinol y 20 UI de actividad de vitamina A derivada de β-caroteno.

La hipervitaminosis A es un cuadro difícil de diagnosticar porque rara vez la persona informa a su médico de los preparados vitamínicos o suplementos alimenticios con vitaminas que toma. Lo más alarmante es que el exceso de vitamina A se dé en el embarazo, ya que las consecuencias son terribles, van desde las malformaciones congénitas como valvulopatías cardíacas y anomalías craneoencefálicas hasta la muerte fetal.

El excedente de vitamina A es tóxico porque se deposita en el hígado y no se elimina, solo desaparece la porción que se va usando, de hecho si tenemos los depósitos corporales de vitamina A llenos, sus reservas nos durarían más o menos para un año. Una alimentación variada y equilibrada no necesita aporte de suplementos de vitaminas y minerales, aunque sean imprescindibles para la vida.

Desde aquel día, nadie volvió a ver a Ana nunca más. En cierto modo, siento lástima por ella, porque a pesar de la maldad que rezumaba por sus poros, le estoy agradecido por despertar en mí sensaciones y emociones que alguna que otra noche rememoro en la soledad de mi habitación, excitándome con la idea de que aún soy yo, el protagonista de sus fantasías eróticas.

Mª Jesús

Esta entrada es mi primera participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XXIII Edición del Carnaval de Química que en esta ocasión organiza Moles y Bits y mi primera aportación al XXII Edición del Carnaval de Biología que en esta ocasión organiza Consultoría y Educación Ambiental.

Anuncios

2 pensamientos en “Dr. Homunculus en: Vitamina Letal

  1. Te lo he dicho muchas veces, me maravillan tus posts en los que combinas Literatura, Química y Medicina, todas con mayúscula. Me encanta que tus entradas están impregnadas de personajes ambivalentes y ver como se rebozan en la roña que podemos encontrar en la vida diaria.

    Gracias por participar en el XXIII Carnaval de la Química, esperaba ansioso tu artículo 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s