Dr. Homunculus en: Primavera

La primavera había llegado una vez más. Su luz, sus aromas y sus sonidos se reflejaban en todo lo que me rodeaba. El bullicio reinaba en la ciudad, como si por arte de magia todo volviera a la vida después de un largo sueño.

Las calles se llenaban de mercadillos que vendían infinidad de productos: Telas, alfombras orientales, ropa, calzado, animales exóticos, alimentos, etc. Creando todo el conjunto un ambiente festivo y colorido que invitaba a unirse a la algarabía de las compras.

mercadillo

El público curioseaba por todos los puestos, pero el que vendía infusiones, pócimas, productos naturales y curas milagrosas para todo tipo de males era el más frecuentado.

Este año tenía el éxito asegurado, contaba con un producto estrella que se lo quitaban de las manos: “Las cápsulas de pescado”. La ingesta de una única cápsula, conseguía que el apetito descendiera y el metabolismo corporal se acelerara, notando una bajada progresiva e importante de peso. Era el tratamiento ideal para la obesidad. “Adelgazar sin esfuerzo y sin dejar de comer”.

Muchas mujeres y algún que otro hombre caían rendidos ante el reclamo de tal publicidad, llegando a tener tanto éxito que el puesto se cerró en 2 semanas por falta de existencias.

A mi madre todos estos productos le encantaban y acababa comprando muchos de ellos. Al principio, yo le reñía mucho llamándole incauta, pero al final me daba cuenta de que la bronca no valía la pena, ya que al llegar a casa, su entusiasmo se enfriaba y el miedo a los efectos perniciosos que pudiera tener el compuesto en su organismo, hacía que el cajón de su armario se fuera llenando poco a poco de productos de sospechosa utilidad. Lo que yo no sabía y creo que ella tampoco, era si en un momento de desesperación llegaría a tomarlos.

Los días iban pasando y las luces intensas que traía la primavera y el verano fueron dando paso a los colores ocres y somnolientos del otoño.

Esperaba con las tempranas lluvias la llegada de las primeras bronquitis, pero aquel otoño era distinto. El dispensario se llenaba diariamente con pacientes que presentaban síntomas muy poco habituales. Personajes delgados, pálidos, cojos, apáticos e incluso agresivos llenaron mi sala de espera. Una cuadrilla de enfermos que presentaban cuadros floridos que paradójicamente coincidían en tres síntomas comunes: Delgadez extrema, palidez exagerada y una lengua roja y lisa.

Cuanto más exploraba a estos pacientes más fuerza cobraba mi sospecha de que se tratara de una deficiencia vitamínica, concretamente de vitamina B12. De todas formas, había puntos que no encajaban, como el hecho de que la mayoría eran jóvenes, comían de todo, tenían buen nivel económico, no estaban tomando ninguna medicación y salvo pequeñas cirugías sin importancia, no habían sido sometidos a ninguna operación quirúrgica.

En la analítica presentaban glóbulos rojos grandes y leucocitos con núcleos hipersegmentados. La exploración neurológica revelaba falta de reflejos y pérdida de la sensibilidad vibratoria sobre todo en extremidades inferiores, acompañada en muchos casos de irritabilidad, depresión, falta de concentración y tres de los 60 casos que vi presentaban manifestaciones psiquiátricas.

Todos estos síntomas reforzaban mi hipótesis diagnóstica: Anemia Perniciosa por déficit de vitamina B12.

Tenía que encontrar el origen de esta deficiencia vitamínica tan exagerada, pero los métodos diagnósticos con los que contaba estaban muy limitados.

Sabía que había tres posibles causas a barajar, la primera que hubiera una gastritis crónica, la segunda, un déficit de enzimas pancreáticas y la tercera, un sobrecrecimiento bacteriano en el aparato digestivo. La gastritis crónica es habitual en personas mayores, pero los afectados eran mayoritariamente jóvenes. Las otras dos causas podían ser factibles pero para darse en tanta gente al mismo tiempo, tenía que haber un agente externo que lo provocara.

Les prescribí antibióticos y enzimas digestivas, pero  la patología no mejoraba, incluso al contrario, iba a peor. ¿Qué era lo que estaba provocando aquel cuadro de deficiencia tan florido que afectaba a personas que no tenían relación de parentesco, ni de amistad y que a muchos de ellos los separaba una distancia de varios kilómetros?

Una tarde paseando por el borde del río, mis ojos se centraron en un perro flaco que no paraba de arrastrarse el trasero por el suelo. Lo miraba sin verlo, mientras me hacía esta pregunta: ¿Y si fuera un parásito, el que causara toda esta patología?

Descarté al momento esa idea de mi mente por improbable. Los parásitos habituales en nuestras latitudes producen otras carencias nutricionales pero no se caracterizan por producir deficiencia de vitamina B12.

De todas formas, quise comprobarlo, al llegar a mi despacho llamé a una de mis vecinas afectadas, pidiéndole que me trajera una muestra de heces. Vino más pronto de lo que yo esperaba, impresionándome lo demacrada que estaba y la dificultad que tenía para andar. Caminaba con movimientos torpes y mal coordinados, parecía un zombi de las películas de miedo, tenía que pensar lo que tenía que hacer cada vez que movía una pierna. La mandé sentarse en el sofá de mi consulta mientras yo preparaba la muestra de heces para ver al microscopio. Ella me hablaba, mientras yo trabajaba. Me comentaba con nostalgia que cruel es el destino y que poco valoramos la salud cuando la tenemos. Estaba sana y en cambio, no era feliz porque tenía un par de kilos de más que la atormentaban y ¿ahora qué? está delgada, pero ¿en qué condiciones? Si algún día se recupera, piensa engordar y lucir con chulería esos michelines tan odiados y repudiados en el pasado.

Media hora más tarde la muestra estaba preparada y sólo fue echar una mirada al microscopio cuando la visión de la imagen de muchos huevecillos en el objetivo, me hicieron saltar de la silla. Mi vecina se acerca a mi toda asustada y me interroga, primero con suavidad pero tras un rato sin respuesta, empieza a gritarme.

Me levanto con lentitud y le digo que no se preocupe, por fin sabía la causa de su enfermedad. Lo único que necesitaba para confirmarlo era que tomara un medicamento y que me trajera al día siguiente toda la materia fecal que evacuara. Si mis sospechas eran ciertas a partir de mañana su mejoría iba a ser manifiesta.

Al irse mi vecina consulto varios libros de medicina interna y microbiología que confirman que lo que estaba viendo al microscopio eran huevos de Diphyllobothrium latum o tenia del pescado, una de las tenias más largas que existen, pudiendo llegar a alcanzar los 25 metros. Este parásito tiene la peculiaridad de adherirse con ventosas a la mucosa del íleon intestinal absorbiendo toda la vitamina B12 que llega a esta zona, llegando a producir deficiencias graves de la misma.

Lo que no me encajaba era el modo de contagio ya que la forma habitual es el consumo de pescado crudo de ríos y lagos de Escandinavia, Rusia, Japón y Norteamérica, zonas situadas a una distancia de miles de kilómetros de nuestro pueblo.

Llamo a todas las personas afectadas y una por una las interrogo una vez más, centrándome en si habían llegado a ingerir pescado crudo de río o algún producto novedoso a base de pescado. Todas las respuestas fueron negativas. La vía de contagio seguía siendo un enigma.

Poco a poco, todo volvió a la normalidad, el grupo de los pacientes afectados se recuperaron íntegramente. El pueblo entero se deshacía en alabanzas hacia mi, pero yo lejos de sentirme feliz me sentía derrotado. Esa sensación de fracaso era causada por dos motivos, uno el haberme demorado en el tratamiento y dos no haber conseguido encontrar el origen de la masiva infestación parasitaria.

Mi desanimo continuó a pesar de la llegada de la primavera y con ella otra vez el bullicio de las calles con el deambular de la gente y los reclamos de los vendedores de los puestos callejeros. Estaban todos colocados en la misma situación que en la primavera anterior y como en el año pasado, el puesto más frecuentado por el público era el …¡Qué vendía la pastilla adelgazante!

Voy a toda velocidad al armario de mi madre y allí estaban. Todo este tiempo la solución al problema se encontraba en la habitación de al lado y yo sin darme cuenta. Taquicárdico, confirmo mis sospechas analizando las pastillas en el microscopio. Una vez hecha la comprobación, arranco como un loco el abrigo del perchero, hago una llamada telefónica y meto en una bolsa, un bote de lombrices apretujadas conservadas en formol.

Bajo las escaleras a toda velocidad y salgo a la calle en dirección al puesto ambulante de productos mágicos.

Una vez allí, me dirijo al vendedor y le digo:

-No sabe la alegría que sentí al verlo otra vez por aquí, para demostrárselo le traigo un regalo.

El vendedor coge la bolsa, saca el bote de cristal transparente de su interior y cuando sus ojos enfocan el contenido del bote, lo tira al suelo con asco y hace el amago de huir, si no fuera porque dos agentes de la policía ya lo tenían acorralado.

De todos los regalos que hice en mi vida, este me produjo una especial satisfacción. Siento que el vendedor no lo hubiera disfrutado igual y le dieran asco aquellas criaturas que él se encargó con tanto afán de traer a la vida en este pueblo.

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La vitamina B12 es un grupo de compuestos de cobalamina que intervienen en el metabolismo de grasas, hidratos de carbono, proteínas y en la síntesis del DNA.

vitaminaB12

Las plantas no necesitan dicha vitamina, pero para los animales es imprescindible, consiguiéndola de la ingestión de microorganismos o de su producción por la microbiota intestinal.

Abunda en los alimentos que contienen proteínas animales como carne, pescado, marisco, huevos, leche… Es difícil encontrar deficiencia de esta vitamina en los países desarrollados salvo en el caso de que la alimentación sea exclusivamente vegetariana o exista un problema para absorberla.

La vitamina B12 la ingerimos unida a las proteínas de los alimentos, de las cuales se separa gracias al ambiente ácido del estómago y se une a la proteína R secretada en la saliva y en el jugo gástrico.

Este complejo vitamina B12-proteína R llega al duodeno donde las proteasas pancreáticas degradan a la proteína R y la vitamina B12 se une al factor intrínseco (una glucoproteína secretada por las células parietales del estómago) absorbiéndose en el íleon.

El déficit de vitamina B12 por causas dietéticas es muy raro, lo más habitual es que sea debido a gastritis atrófica (por menor producción de factor intrínseco), sobrecrecimiento bacteriano (consumen la vitamina) o enfermedad ileal.

Las causas más frecuentes de malabsorción de vitamina B12 en la mayoría de países desarrollados son: El consumo de medicamentos que elevan el pH gástrico (omeprazol, ranitidina, pantoprazol, etc.) y la cirugía de derivación gástrica para perder peso en obesos mórbidos.

Su carencia produce trastornos neurológicos (pérdida discontinua de mielina), aterosclerosis, malformaciones congénitas (defectos del tubo neural) y alteraciones sanguíneas con glóbulos rojos grandes y leucocitos con núcleos hipersegmentados por alteración de la síntesis del DNA, con reducción y retraso de las divisiones celulares.

La tenia del pescado (Diphyllobothrium latum) es una causa rara de deficiencia de vitamina B12. Habita en el intestino delgado del ser humano y acapara la vitamina B12 proveniente de los alimentos, impidiendo su absorción.

Diphyllobothrium_latum

El hombre contrae la infección cuando ingiere pescado crudo infectado o cocinado parcialmente.

El gusano adulto se adhiere a la mucosa del íleon por medio de sus ventosas. Todos los días puede llegar a liberar por heces un millón de huevecillos. Cuando estos llegan al agua, se abren y sale un embrión que nada con facilidad, siendo presa fácil de unos pequeños crustáceos de agua dulce (especies de Cyclops o Diaptomus). Cuando un crustáceo infectado es ingerido por un pez, la larva emigra hacia el tejido muscular de este y crece hasta convertirse en plerocercoide o larva espargano. El ser humano contrae la infección cuando ingiere pescado crudo infectado. Después de 3-5 semanas, la tenia madura y se transforma en gusano adulto en el intestino humano.

D_latum_LifeCycle

El diagnóstico de infestación se hace visualizando al microscopio sus huevos, identificándose de forma relativamente fácil por presentar una cáscara única con un opérculo en un extremo y una protuberancia en el otro.

El tratamiento para erradicarlos consiste en una dosis única de praziquantel, un antihelmíntico de amplio espectro que provoca una alteración del flujo de iones de calcio en sus células produciendo desajustes en la contracción – relajación muscular impidiendo que el parásito se fije a la pared intestinal, de esta forma es arrastrado por las heces hacia el exterior.

praziquantel

Nota: Aunque la historia es ficticia, está basada en una historia real. El producto “Sanitizied Tape Worms” creado a principios del siglo XX contenía parásitos que al ingerirlos se liberaban en el tubo digestivo con el fin de lograr una bajada de peso.

Mª Jesús

 

Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición organizado por el blog Scientia y en el XXIV Carnaval de la Química alojado en el blog el zombi de Schrödinger.

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