Bajo peso

Llega el verano y uno de nuestros propósitos más urgentes con la llegada del buen tiempo es el de bajar de peso o mejor dicho “bajar mucho de peso”. Da igual que lo diga una persona con sobrepeso como una que está por debajo de su peso ideal. Siempre hay un cúmulo de grasa furtiva en alguna zona del cuerpo que hay que eliminar y conseguirlo se convierte para nosotros en una prioridad.

¿Somos realmente conscientes de cuál es nuestro límite?

¿Si el descenso de peso es muy pronunciado, puede ocasionar alguna patología?

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El “bajo peso” se diagnostica con valores de Índice de Masa Corporal (IMC) menores de 18,5 (kg/m2), considerando que IMC = Peso (kg) / Altura2 (m).

El bajo peso es peligroso, sobre todo en casos donde se pierde un 5% del peso corporal en un período de 6-12 meses. Siempre es necesario hacer un estudio clínico ya que el bajo peso puede ser un síntoma de enfermedad y no una causa de la misma, como sucede en la obesidad.

 

Causas del bajo peso:

  • Disminución voluntaria de la ingesta para conseguir un cuerpo supuestamente “10”.
  • Aumento del gasto energético por un exceso de ejercicio tanto de manera voluntaria como compulsiva.
  • Aumento de las necesidades energéticas que no son cubiertas por la dieta diaria. Es el caso de una ingesta insuficiente en épocas críticas de la vida como embarazo, lactancia y niños en edad de crecimiento. Estas situaciones conllevan un aumento de los requerimientos de energía que deben ir parejos a un reajuste en el ingreso calórico.
  • Estrés emocional y psicológico. Es frecuente que tras un disgusto descienda el apetito o notemos molestias en alguna zona del aparato digestivo que nos produce rechazo a la comida.
  • Malabsorción. Si los alimentos llegan a nuestro aparato digestivo y no se absorben, los nutrientes se escapan por heces. La consecuencia inmediata es la pérdida de peso. Una clínica de malabsorción suele ser debida a varias causas: Intolerancia al gluten, patología pancreática, infecciones, tumores intestinales y medicamentos.
  • Enfermedades que aceleran el metabolismo. Es el caso del hipertiroidismo que multiplica nuestro metabolismo basal por dos. El “metabolismo basal” es el consumo energético del conjunto de todas nuestras funciones vitales. Debemos destacar que al descender bruscamente el ingreso de nutrientes como en el caso del ayuno prolongado, nuestro metabolismo basal disminuye en un 40%. Descenso que se produce también, aunque en menor cuantía, cuando nos ponemos a dieta al disminuir la ingesta de calorías.
  • El cuerpo en estas situaciones intenta adaptar su gasto energético al ingreso de alimentos, disminuyendo el metabolismo basal y recurriendo si es necesario a proteínas propias como las musculares para mantener el abastecimiento de nutrientes.
  • Neoplasias.
  • Medicamentos.Es paradójico que se le tiene más repulsa a un fármaco que engorda que a uno que hace justo lo contrario.

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El bajo peso puede ser peligroso para la salud porque el organismo prioriza el abastecimiento de energía a órganos vitales como cerebro y riñón, sacrificando las defensas inmunitarias, la fecundidad e incluso el crecimiento, además de otras funciones.

Todos los órganos en mayor o menor grado sufren las consecuencias del menor aporte energético, como se refleja en el aumento en la frecuencia de alteraciones psicopatológicas en personas psicológicamente normales debido al insuficiente aporte de energía.

Esto se comprobó hace años en un trabajo de investigación de la Universidad de Minnesota llamado “The biology of human starvation”. Este estudio seleccionó 36 individuos voluntarios, jóvenes y sanos de un grupo de 100.

El experimento pasó por 3 fases:

  1. Duración: 3 meses. Los participantes tenía acceso libre a la comida con una ingesta promedio de 3.400 kcal al día.
  2. Duración: 6 meses. Se les disminuyó el consumo calórico a 1.500 kcal repartidas en dos tomas, repitiéndose el menú cada 3 días. En esta etapa al ir pasando las semanas los participantes del estudio empezaron a preocuparse demasiado por la comida, algunos incluso soñaban con ella. El comportamiento alimentario era peculiar, unos sentían el impulso de devorar a toda velocidad la comida para aliviar la sensación molesta del hambre y otros deseaban hacer de la comida un ritual, comiendo muy despacio y saboreando al máximo todo lo que entrara por su boca. Paulatinamente los participantes se volvieron apáticos, irritables, con insomnio e inapetencia sexual. El paso de los días agudizó los incipientes problemas psíquícos, sufriendo depresión cuatro de ellos, otro trastorno bipolar, otro se automutiló tres dedos de la mano y otro participante se pegó un atracón en el cubo de basura.
  3. Duración: 3 meses. Se les aumentó las calorías de la dieta, sin llegar a alcanzar las 3.400 kcal iniciales. Los individuos del estudio en esta fase no llegaron a experimentar una recuperación total.

Tras ese período se les permitió comer todo lo que quisieran. Su comportamiento alimentario reflejaba la pérdida del control de la saciedad, pasando a ingerir sin medida y sin horarios gran cantidad de comida.

Un año después todo volvió a la normalidad, pero… ¿Qué hubiera ocurrido si pasara por todo esto, una persona con predisposición a padecer trastornos psicológicos?

Estamos muy centrados en la obesidad y está claro que es un problema que debemos atajar, pero no podemos perder de vista el extremo opuesto que es el “bajo peso”, un caldo de cultivo ideal para problemas de salud, tanto orgánicos como psíquicos en personas predispuestas.

Si queremos promocionar la salud de nuestra generación y de las venideras debemos ser capaces de cambiar el canon de belleza actual y conseguir que el ideal de nuestros hijos sea una persona sana y con un peso dentro de lo saludablemente correcto.

Mª Jesús