Tóxicos reinsertados (III): La bella dama

Soy Atropa Belladonna, hermosa, poderosa y letal.

Dicen de mí que me vigila el diablo por lo peligrosa que soy.

Me llaman Atropa en honor a “Átropos”, la moira de la mitología griega encargada de cortar el hilo de la vida y “Belladonna” por la belleza que imprimía a los ojos de las mujeres italianas del Renacimiento.

pupila

Soy bella y voluptuosa hasta el punto de que los celtas veían en mi una hechicera sexy y encantadora a la que era peligroso mirar a los ojos.

Aparentemente soy una planta sencilla de flores color púrpura oscuro con frutos negros y dulces como moras, pero con un interior que esconde una química rebosante de emociones y voluptuosidad.

Atropa_belladonna

Solo necesito acceder por tu boca a tu aparato digestivo y en una hora, todos tus órganos estarán impregnados por mi y podrás sentir mis efectos.

¿Quieres saber lo que es tenerme dentro de tu cuerpo? ¿Si?

Cierra los ojos y déjate llevar…

Poco a poco empiezas a notar una ola de calor que va ascendiendo desde tus entrañas y explota en tu cabeza. Tu cara se congestiona y notas la piel seca y muy caliente al igual que tu boca. Quieres hablar y no eres capaz de articular palabra. Tus pupilas se dilatan como si estuvieras haciendo el amor, a la par que tu corazón y tu respiración se aceleran. Solo tu aparato digestivo se relaja como si entrara de repente en un plácido sueño.

Conforme me voy abriendo paso a tus Receptores cerebrales, tu percepción de la realidad empieza a cambiar y entras de lleno en un viaje vertiginoso lleno de alucinaciones y delirios.

Todo tu cuerpo experimenta sensaciones contrapuestas muchas de ellas terroríficas, al mismo tiempo que te sientes tan ligero que surcas los cielos como las brujas de los aquelarres de las leyendas que subían desnudas a palos de escobas untadas con ungüentos de los que yo era uno de sus principales componentes.

Los que te rodean, te escuchan desconcertados gritar, pero no saben como ayudarte. Solo tu puedes percibir los terribles peligros que te acechan y te llenan de pavor.

Normalmente permanezco en tu organismo una media de 2,5 horas pero si te sobrepasas conmigo te corto tu hilo vital. Si por el contrario tienes la suerte de recuperarte de mi embiste, probablemente olvides nuestro encuentro ya que no soy una vulgar droga que crea dependencia y adicción. La única secuela que te dejo es que no podrás mear ni una triste gota de orina durante 2 días.

Me utilizaron como una especie de multiusos muchos pueblos de la Antigüedad, ya que tanto valía para curar enfermedades como para formar parte de pócimas de pitonisas y hechiceros e incluso para envenenar individuos, de ahí mis apodos de cereza del diablo, hierba de la muerte o baya de la bruja.

Atropa

Solo con ingerir de 10-15 de mis bayas, siego la vida de mi desafortunada víctima. Así es que en mis manos cayeron asesinados muchos poderosos entre los que destacan las tropas de Marco Antonio durante la guerra de Esparta, como bien describió Plutarco o el envenenamiento del emperador romano Claudio con ciruelas envenenadas por mi.

Mi principio activo es la atropina, un alcaloide que se encuentra en una concentración de 0,1% en mi fruto y entre 0,4 y 0,6 % en mi raíz. Mi mecanismo de acción en el cuerpo humano es inhibir el efecto del Sistema Nervioso Parasimpático encargado principalmente de contraer las fibras de los músculos involuntarios de los órganos internos, además de estimular la producción de jugos y secreciones.

Los síntomas que provoco en los seres humanos son muy previsibles y mis metabolitos en orina se identifican con facilidad por técnicas de cromatografía, de ahí que me planteara la opción de una reinserción, aunque bien es cierto que llevo tiempo haciendo mis pinitos en Medicina; de hecho, los egipcios me fumaban para tratar el asma y en el siglo XIX era muy habitual ver mis hojas enrolladas en forma de puro, humeando en la boca de algún inglés aquejado de alguna patología respiratoria.

En la actualidad, ayudo a cirujanos y anestesistas en sus operaciones quirúrgicas. Confían en mí porque en el momento cumbre de su trabajo evito que se contraigan involuntariamente músculos que podrían echar a perder el buen desarrollo de la cirugía y anulo la producción de moco y saliva del paciente, facilitando la limpieza del campo quirúrgico y evitando de esa forma la aspiración de secreciones por el pulmón.

Soy muy útil en operaciones oculares donde es necesario aumentar al máximo el diámetro de la pupila para inspeccionar la retina y en personas que tras un infarto de miocardio presentan una tensión arterial muy baja con un ritmo cardíaco por debajo de 60 latidos por minuto. Aunque de lo que más me enorgullezco es de ser el antídoto ideal para personas intoxicadas por compuestos organofosforados, por armas químicas como el Sarin y por setas que contienen alcaloides muscarínicos como el Amanita muscaria.

Asi es, como poco a poco fui dejando atrás mi fama de molécula fatal y con el paso de los años mi trayectoria médica fue creando escuela. A partir de mi estructura química, se sintetizaron muchas moléculas, más selectivas en su mecanismo de acción y con muchos menos efectos secundarios, de ahí que ya no sea útil en tratamientos de Parkinson, úlceras gástricas o procesos espásticos digestivos. Tengo que dejar paso a modernas moléculas menos agresivas y más formales, mientras yo vivo de mi fama y me quedo para siempre en mi pedestal de “Molécula prototipo de fármaco anticolinérgico” en los anales de la Farmacología.

Atropina

Antes de despedirme, permítanme dejarles un mensaje a los estudiantes de Medicina y Farmacia que estudian mis efectos, valiéndose de esta horrible y antigua regla nemotécnica para describir los síntomas producidos por mi en el cuerpo humano:

“Rojo como una remolacha, seco como el hueso, caliente como el infierno, ciego como un murciélago y loco como una cabra”.

Por favor queridos estudiantes, memorizar esta otra a partir de ahora:

“Rojo como el carmín, seco como el condón, caliente como el sexo, ciego como el amor y loca como la pasión”.

Creo que estaréis de acuerdo conmigo de que es una versión mejorada y más atrevida.

Mª Jesús

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