Tóxicos reinsertados (VII): Batallones ofídicos

PuzzleMe llamo Sierpe 2.0. No soy un tóxico como pueden deducir por el título, ni tampoco un animal que haya existido o que exista en la naturaleza como pueden pensar por mi nombre.

Soy algo más, un idílico superorganismo donde se unen las características más sofisticadas y ventajosas de las más de 3000 especies de serpientes que pueblan la Tierra. Un ser fruto de la imaginación, que engloba en sí misma, las mejores cualidades biológicas de las especies de serpientes más evolucionadas del planeta.

Una auténtica superserpiente, capaz de modificar a voluntad, cualquier punto de la fisiología de mis víctimas gracias a los poderosos componentes de mi veneno.

Serpiente1Soy maestra en el arte de la emboscada, preparada para el ataque si se presta la ocasión. Siempre llevo a punto mis armas, dispuestas a ambos lados de la cara en pequeños sacos o glándulas encapsuladas en una funda muscular.

Nunca bajo la guardia, en todo momento estoy alerta, de hecho, mis ojos protegidos por resistentes escamas transparentes, nunca se cierran.

Percibo precozmente cuando una presa potencial se aproxima. Detecto sus vibraciones con los receptores nerviosos situados en mis escamas y su olor gracias a las incursiones de mi lengua bífida al exterior que atrapa las partículas olorosas y las transporta a mi órgano olfativo, situado dentro de mi boca “el órgano de Jacobson”.

Serpiente2Me gusta trabajar de noche, camuflada en una apariencia simple pero muy efectiva. La falta de visibilidad a esas horas la suplo con detectores de radiación infrarroja situados entre los ojos y las narinas que me permiten detectar el calor de los animales de sangre caliente.

Mi forma de ataque simula una simple mordida, pero no se engañen, se trata del efecto de una auténtica obra de ingeniería biológica. Mis armas son colmillos huecos y retráctiles que conservo habitualmente en el techo de la boca. Sólo los despliego en el momento cumbre, rotando sobre sí mismos, convirtiéndose de esta forma en poderosas agujas hipodérmicas que inyectan el veneno a presión.

DientesUna maniobra sencilla y rápida que da comienzo a una auténtica y espectacular guerra química y biológica donde despliego mi verdadero potencial. Soy un auténtico alquimista que no deja rastro de su presa, ni cuero, ni pelo, ni dientes, ni huesos. ¡Nada!

Una vez atravesada la barrera externa de mi víctima, las enzimas y las toxinas contenidas en mi veneno dan comienzo a la invasión, siguiendo una estrategia de guerra muy organizada que de seguro sería la envidia de sus megalómanos y belicosos estrategas militares.

Como una tropa de alto nivel, mis toxinas y enzimas se aproximan a los objetivos fisiológicos en forma de pequeños, organizados y mortíferos batallones.

Batallón Inflamatorio

Mi grupo de avanzadilla cuenta con auténticos zapadores encargados de allanar el terreno para facilitar el paso al resto de mis efectivos. Es destacable el papel de la enzima hialuronidasa, un agente difusor que abre camino a los componentes del veneno para que se extiendan y distribuyan rápidamente por todos los tejidos, mientras tienen lugar los primeros conatos de pelea entre mis fosfolipasas y las células de defensa de la víctima. Estas aguerridas enzimas se enfrentan cuerpo a cuerpo con las células que se cruzan en su camino dañando su membrana celular, sus mitocondrias y el transporte de electrones, lo que favorece que otras enzimas de mi veneno como las fosfodiesterasas, las RNasas, las DNasas y las nucleotidasas ataquen sin piedad la maquinaria genética de las mismas.

Mientras tanto mis hemorraginas aprovechan el caos del momento y asaltan por sorpresa el endotelio vascular, muralla protectora de los vasos sanguíneos corporales. Poco a poco, las estructuras vasculares van cediendo al ataque, empezando por los delicados capilares y extendiéndose a vasos más grandes, dando lugar a hemorragias profusas.

Batallón Hemotóxico

Estos efectivos de élite son la envidia de sus eminentes investigadores.

Están preparados para atacar e inutilizar muchos y variados objetivos biológicos en el torrente circulatorio. Pueden activar la coagulación de la sangre o hacer justo lo contrario, convertirla en un fluido incoagulable.

Mis toxinas activan la protrombina y los factores V y X de la cascada de coagulación e inducen la agregación de las plaquetas. Todo esto produce múltiples trombos que atascan gran cantidad de vasos sanguíneos dando lugar a necrosis de los tejidos subsidiarios del riego de esos vasos.

Por otro lado, también cuento con toxinas anticoagulantes que hacen un efecto inverso, inhiben la agregación plaquetaria y la formación del complejo protrombina, además de degradar cadenas de fibrina y de fibrinógeno. Una estrategia dual que me da excelentes resultados, aunque donde más se reflejan mis rebuscadas artimañas de guerra es induciendo la formación de trombos sanguíneos desestructurados que se deshacen enseguida, provocando hemorragias sin control.

TromboBatallón Neurotóxico

Anular el control muscular, inhabilitando el movimiento del enemigo es crucial para ganar la batalla. Mis toxinas cortan la transmisión nervio-músculo a todos los niveles, quedando las placas neuromusculares, centros estratégicos del control muscular, inhabilitadas.

Lo paradójico es que algunas toxinas bloquean el impulso nervioso produciendo parálisis musculares y otras hacen justo lo contrario, aumentan la transmisión nerviosa, produciendo contracciones intensas que anulan la función muscular igualmente.

Placa motoraEsquema del bombardeo de los puntos clave de la placa sináptica

  • Alfatoxinas: Impide que la acetilcolina se fije a sus receptores.
  • Betatoxinas: Vacían y destruyen las vesículas cargadas de acetilcolina.
  • Dendrotoxinas: Bloquean los canales de potasio en la membrana del nervio, aumentando la liberación de acetilcolina.
  • Fasciculinas: Inhiben las colinesterasas, enzimas encargadas de destruir y limpiar la acetilcolina del espacio sináptico.
  • Kappatoxinas: Afecta a núcleos bulbares y espinales.

Batallón Miotóxico

Como una colección de minirobots moleculares, mis toxinas siguen arrasando todo a su paso. Los combatientes de este batallón se ceban en el tejido muscular produciendo zonas de necrosis y degeneración celular cada vez más amplias, así como dilatación vascular y descenso abrupto de la tensión arterial gracias a contar con un arma muy poderosa, “el factor potenciador de la bradiquinina”.

Batallón Cardiotóxico

Los daños son irreversibles y solo queda la estocada final, “el asalto al corazón”, para eso entran en juego mi grupo de unidades especiales, las cardiotoxinas. Este grupo de toxinas, especializadas en desactivar el corazón, se unen selectivamente a las membranas de las fibras cardíacas y las despolarizan, disminuyendo de esta forma la excitabilidad y el rendimiento cardíaco, dando lugar a parada cardíaca.

Corazon

Sé que estarán pensando que soy un ser aborrecible, cruel y despiadado. Les puedo decir en mi defensa que en el fondo no soy como ustedes creen, sino ¿qué sentido tiene que cuente entre mis toxinas a la hannalgesina que se une a los receptores opioides de las víctimas produciendo una analgesia mucho más potente que la morfina?

Solo soy una superviviente y mi poderío bioquímico es fruto de una carrera armamentística evolutiva desarrollada durante siglos de vida en la Tierra.

Una carrera armamentística con unas tropas de alto nivel que no han pasado desapercibidas para científicos con mente inquieta que vieron en mis componentes bioactivos una fuente de inspiración para descifrar detalles moleculares en diversos procesos fisiológicos y diseñar agentes terapéuticos para distintas patologías. Estos honorables científicos fueron los que indujeron a mis batallones de toxinas a realizar labores humanitarias con el fin de ponerle freno a la masacre producida por variedad de enfermedades que afectan al ser humano.

Mis frentes abiertos son:

Lucha contra las enfermedades hematológicas

La gran versatilidad de toxinas, tanto con funciones coagulantes como anticoagulantes, hacen de mi veneno una fuente inagotable de recursos para diagnosticar trastornos de la coagulación, como por ejemplo el déficit del factor X, V o de la proteína C; así como para valorar la efectividad de medicamentos anticoagulantes e incluso para tratar patologías trombóticas.

Lucha contra la hipertensión arterial

Gracias a mi factor potenciador de la bradiquinina que produce vasodilatación e hipotensión se descubrió el sistema renina-angiotensina-aldosterona como principal mecanismo regulador de la tensión arterial y a partir de ahí se diseñó el captopril para el tratamiento de la hipertensión.

CaptoprilLucha contra el dolor incapacitante

Dos péptidos de mi veneno la hannalgesina y la crotalfina presentan una actividad analgésica muy potente, de utilidad en dolores neuropáticos de difícil tratamiento.

Lucha contra el cáncer

Las células corporales humanas están unidas unas a otras y pegadas a su matriz extracelular gracias a unos anclajes llamados integrinas que las mantienen unidas y estables.

Mi veneno tiene desintegrinas, unas toxinas que rompen esa unión, un blanco muy apetecible para ustedes, ya que mis desintegrinas pueden debilitar las uniones intercelulares de las células cancerosas e inhibir la formación de nuevos vasos sanguíneos, fuente de abastecimiento de nutrientes para la progresión del tejido neoplásico.

Lucha contra las enfermedades degenerativas

Mi riqueza bioquímica tuvo su reconocimiento entre ustedes cuando le concedieron el premio Nobel a dos de sus más eminentes investigadores, Rita Levi-Montalcini y Stanley Cohen por descubrir una auténtica joya en mi veneno, el factor promotor del crecimiento nervioso. Una proteína filogenéticamente muy antigua distribuida en muchas especies animales, cuya función es la de potenciar el crecimiento de los axones neuronales y dirigirlos hacia sus órganos diana, interaccionando con sus receptores específicos.

Este factor de crecimiento es vital en el desarrollo, mantenimiento y diferenciación de los tejidos nerviosos a cualquier edad. Las investigaciones actuales se centran en su posible utilidad en enfermedades degenerativas cerebrales, como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson entre otras.

A lo mejor algún día me tienen que dar las gracias por evitar que el cerebro de miles de personas se hunda en un olvido eterno, a pesar de que su corazón siga palpitando con vida.

DegCerebralDía a día, la mejora de mis armas es una prioridad porque en ello me va la vida. Utilizo mis toxinas para cazar y digerir mis presas además de utilizarlo como defensa ante posibles amenazas.

Mi mejora evolutiva no cesa y va al ritmo del desarrollo de nuevas resistencias a los componentes de mis venenos por parte de mis presas. Esta carrera armamentística es vital para mí, pero muy prometedora para ustedes, ya que mis glándulas venenosas son auténticas factorías bioquímicas con un alto potencial tanto diagnóstico como terapéutico.

Caduceo_sEso significa que cuanto más respeten a las serpientes del planeta y a sus nichos ecológicos, más posibilidades tendrán ustedes de conseguir nuevas e incluso mejores ayudas humanitarias de sus “batallones tóxicos”.

Mª Jesús

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