Efecto Antabús

La tolerancia al alcohol presenta gran variabilidad de un individuo a otro, dependiendo de factores genéticos, metabólicos, dietéticos y farmacológicos. Un individuo, por ejemplo con alcoholismo crónico, es capaz de tolerar concentraciones de alcohol en sangre de hasta 700 mg/dl sin notar síntomas evidentes de embriaguez, mientras que otra persona adaptada a un consumo moderado o esporádico de alcohol, estos 700 mg/dl se convierten en letales, presentando deterioro de sus funciones cognitivas y motoras con concentraciones de alcohol de 5 a 10 veces inferiores.

La causa de esta diferencia está en la inducción enzimática que se produce ante un consumo crónico de alcohol, favoreciendo la tolerancia a altas dosis del mismo.

Este es uno de los casos más representativos en las diferencias interindividuales en la metabolización del alcohol, pero existen más, de hecho hay personas que no toleran el alcohol a ninguna dosis y otras que de repente lo dejan de tolerar sin que se reconozca el motivo.

Para entender el mecanismo de estas intolerancias tenemos que conocer la ruta del alcohol en nuestro cuerpo y las transformaciones que sufre.

El alcohol ingerido se absorbe un 20% en el estómago y un 80% en el intestino, al ser hidrosoluble se distribuye por todos los líquidos corporales, tanto intracelulares como extracelulares, alcanzando las concentraciones más altas en los órganos más irrigados o con mayor flujo sanguíneo.

Cuando alcanza el hígado, el alcohol (nos referimos siempre al etanol) se transformará en acetaldehído gracias a la enzima alcohol-deshidrogenasa. El acetaldehído es un compuesto tóxico para el organismo por lo que le urge metabolizarlo rápidamente en acetato gracias a la aldehído-deshidrogenasa. Una vez producido, el acetato se utilizará como fuente de energía.

Met_alcoholUna nutrición desequilibrada puede influir negativamente en estas reacciones metabólicas. Es el caso de personas que nunca tuvieron ningún problema para tolerar el alcohol pero en un momento determinado de su vida sufren una intolerancia al mismo. La causa está en una disminución de la enzima alcohol deshidrogenasa debido a la realización de dietas bajas en calorías o pobres en proteínas, ayunos prolongados o que presentan un déficit de zinc.

mareadoUn caso distinto, pero muy llamativo es la intolerancia alcohólica por el consumo de setas, concretamente la Coprinus Atramentarius y la Clitocybe clavipes que poseen una toxina llamada coprina que inhibe la aldehído deshidrogenasa. Esta inhibición enzimática da lugar a un acúmulo de hasta 5-10 veces las concentraciones habituales de acetaldehído, sustancia que como vimos antes, el organismo intenta depurar con diligencia por su toxicidad. Un plato de estas setas acompañado de vino, cerveza o licor produce un cuadro espectacular.

SetasLos síntomas comienzan a los 3-12 minutos después de la comida con enrojecimiento generalizado y congestión ocular; 10 minutos más tarde, el cuerpo se humedece por el sudor, la cabeza amenaza con estallar y el corazón y el ritmo respiratorio se desbocan. El momento crítico del cuadro se da a los 30 minutos, cuando aparecen los vómitos, caída de tensión arterial, vértigo y desmayo. Cuando todo presagia un trágico desenlace, se empieza a ver la luz al final del camino. Progresivamente se va instaurando una mejoría que será completa a las 4 horas, salvo que haya una enfermedad orgánica de base que desestabilice el proceso.

Esta reacción al alcohol tan dramática se llama efecto Disulfirán o efecto Antabús. Se denomina así porque los síntomas son los mismos que produce el disulfirán, un fármaco utilizado en el tratamiento de la deshabituación alcohólica. Este medicamento actúa al mismo nivel que la coprina inhibiendo la enzima que ayuda a eliminar el acetaldehído sanguíneo, la aldehído deshidrogenasa. El nombre Antabús es la marca comercial del disulfirán.

DisulfiranEste efecto antabús se desarrolla también en personas que consumen al mismo tiempo alcohol y determinados fármacos, como cefalosporinas, isoniacida, metronidazol, clorpropamida, ketoconazol, griseofulvina, propanolol, tinidazol, etc.

Es de destacar que si el alcohol se ingiere antes del fármaco no se produce este efecto. El efecto antabús se manifiesta siempre en el caso de que la ingesta alcohólica se produzca 3 a 12 horas después del consumo del medicamento.

Lo preocupante es que este efecto antabús también puede producirse por inhalación o por contacto con la piel de determinadas sustancias químicas, habitualmente de uso industrial en personas que consumen alcohol. Es el caso de la dimetilformamida, hidrocarburos halogenados, tricloroetileno y tetracloruro de carbono, todos ellos componentes de disolventes o las cianamidas utilizadas en fertilizantes.

Para que se produzca esta reacción tan desagradable no es necesario ni tomar mucha cantidad de alcohol, ni bebidas con muchos grados del mismo. El consumo concomitante de estas sustancias con medicamentos, elixires o productos de fitoterapia que contengan alcohol pueden llegar a provocar reacciones e incluso arritmias potencialmente peligrosas hasta 3 días después de haber terminado el tratamiento.

Mª Jesús

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Beber sin control

Habitualmente leemos o escuchamos consejos, comentarios e incluso anuncios de productos que prometen o aseguran una neutralización o metabolización acelerada del alcohol presente en sangre, evitando de esta forma, los efectos del mismo a nivel cerebral y por consiguiente a nivel legal.
Vamos a analizar una por una las afirmaciones que escuchamos con más frecuencia.

Inducir el vómito o hacer un lavado de estómago
Una vez que el alcohol desciende por nuestro esófago, se absorbe totalmente en nuestro aparato digestivo y más o menos en media hora, alcanza su concentración máxima en sangre. Sus niveles sanguíneos van descendiendo de forma lenta y progresiva, dependiendo de si ya eres consumidor habitual o un novato en el tema, ya que los alcohólicos crónicos pueden metabolizar el alcohol, el doble de rápido que un bebedor ocasional.
El inducir el vómito o efectuar un lavado de estómago sería útil en los primeros minutos después de ingerir la mayor parte del alcohol. Si la persona ya está ebria, esto no sirve para nada e incluso puede ser dañino, ya que los esfuerzos del vómito pueden ocasionar desgarros de la mucosa esofágica.

Ingerir aceite
Cualquier tipo de grasa retrasa el vaciamiento gástrico dependiendo de la cantidad de la misma, pero parte de la metabolización del alcohol se hace en el estómago, por lo que retrasar el vaciamiento del mismo con comidas grasas no tiene sentido. De todas formas, es de destacar, que la absorción del alcohol aumenta con el vaciamiento rápido del estómago inducido por
bebidas carbonatadas y por la falta de nutrientes en el mismo.

Tomar leche
La ingesta alcohólica excesiva es una de las causas más frecuentes de gastritis hemorrágica. La idea de  ingerir leche y/o antiácidos tiene más razón de ser, como alivio y/o preventivo de las molestias gástricas que ocasiona la sobrecarga etílica. Estas medidas no impiden la absorción del alcohol ni hacen que se metabolice más rápido.

Hacer ejercicio
Practicando deporte no aceleramos el metabolismo del alcohol, ya que los músculos no utilizan el alcohol como combustible. Podemos retardar el vaciamiento gástrico si inmediatamente después de beber, hacemos deporte, pero siempre teniendo en cuenta, que en el estómago también se metaboliza una parte del mismo.
Si lo que pretendemos al hacer ejercicio es eliminar el alcohol por sudor, solo conseguiremos deshacernos de un 2% del alcohol ingerido.

Baños de agua fría o ponerse a la intemperie
Los primeros solo dan un poco de lucidez y con lo de ponernos a la intemperie -ojo con quedarnos dormidos-, corremos el riesgo de morir por hipotermia. El alcohol produce vasodilatación con pérdida de calor así como inhibición de la formación del mismo.

Consumir chicles
No tienen utilidad alguna para descender la alcoholemia, es más, incluso no llegan a enmascarar el olor a alcohol del aliento.

Vitaminas
Están indicadas las vitaminas del grupo B en caso de alcoholismo crónico con el fin de prevenir una posible neuropatía por deficiencia de la misma, pero no para disminuir una sobrecarga etílica.

Medicamentos
En nuestra farmacopea no contamos con medicamentos que neutralicen el alcohol sanguíneo, que aceleren su metabolización o que incrementen su excreción. Aunque sí, existen tratamientos médicos para prevenir las recidivas del consumo de alcohol en personas con un consumo crónico y excesivo.

Botellas
El alcohol se absorbe por la mucosa bucal y esofágica (en cantidades muy pequeñas), pero es en el estómago y en el intestino delgado donde se absorbe la mayor parte.
Si en un día de fiesta, nos animamos con la bebida y bebemos una cantidad considerable de alcohol, el 10% del mismo lo eliminamos por pulmones, orina y sudor. El resto, un 90% se metaboliza en el hígado en acetaldehído que a su vez lo hace en acetato.
La alcoholemia asciende de forma rápida en los primeros 15 minutos, alcanza el punto máximo a la media hora y después desciende lentamente a un ritmo de más o menos, 15-20 mg por cada 100 ml en una hora.
Una vez ingerido, el alcohol se distribuye por todo el cuerpo, siendo los órganos que reciben más sangre por minuto como el cerebro, el hígado y los riñones, los que alcanzan concentraciones más elevadas del mismo y los que se llevan la peor parte.
La toxicidad que produce el alcohol en nuestro organismo, se refleja de forma muy clara en nuestra  conciencia, rendimiento cerebral y habilidades motoras, pudiendo llegar en casos extremos a la muerte.

Si sabemos los riesgos que corremos, ¿Por qué beber sin control?

Mª Jesús

La borrachera del bypass

¡Uf, todo me da vueltas!

¡Qué borrachera tengo!

No me lo puedo creer, me acabo de poner un poco contentilla sólo con una copa.

¡Uy! ¡Si me levanto de la silla me caigo seguro!

Me siento como una pluma, ligera hasta casi flotar. Tantos años sintiéndome pesada y torpe que me da la sensación que con mi poco peso y este colocón estoy recorriendo las nubes en ala delta.

Mi cerebro es como si cambiara de golpe su función, percibo sensaciones desconocidas y muy placenteras para mi, en cambio ¡Ja! ¡Ja! se me olvidó donde vivo o donde dejé el coche. ¡Qué gracia! Voy a tener que hacer autostop, eso sí, a lo mejor produzco algún accidente porque con el calor que me sube desde el pubis, me voy a quitar hasta las bragas y con algo de suerte el hombre de mi vida se estará aproximando hacia aquí en su coche y me llevará en brazos como una princesa hasta el motel más cercano. ¡Uy! ¡Qué cosas tengo! Si me oyera mi madre, la tenía clara, la que me iba a caer. ¡Bah! ¿Quién piensa en eso? Necesito una copa más, así es que voy a probar como me sientan las burbujitaaaaas de una copa de champán. Sigue leyendo