Va de tetas… Ginecomastia

Te encanta mirar los pechos prominentes y turgentes de la mujer de tus sueños. Te los imaginas derritiéndose en sudor en tus manos mientras los acaricias. Sólo tienes ojos para su suave bamboleo que para ti es una tempestad contenida en dos copas de un sujetador que sueñas con romper para beber directamente en ese canalillo de placer.

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No quiero romperte todas esas ilusiones y fantasías pero solo quiero decirte que si perteneces al género de la flecha , tienes un número nada despreciable de probabilidades de tener tú también unas mamas prominentes en algún momento de tu vida.

Ya al nacer, tus probabilidades de que te presentes en sociedad con unas pequeñas prominencias en el área pectoral son de un 60%; si en cambio eres un adolescente de más o menos 14 años tus posibilidades son de un 65 % y si estás entrando en la senescencia un 57 %.

Estos porcentajes se incrementan si tomas anabolizantes esteroideos.

Este aumento de los pechos se llama ginecomastia (pecho de mujer, aunque vulgarmente le llaman tetas de perra) y se puede dar en condiciones fisiológicas, patológicas o con la toma de medicamentos o sustancias con actividad estrogénica.

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La ginecomastia neonatal se debe al efecto de los estrógenos maternos (hormonas feminizantes que atraviesan la placenta). El proceso remite en semanas o incluso en meses sin secuelas.

La ginecomastia puberal es la más habitual y se debe al proceso de maduración sexual en sí.

Desaparece en la mayoría de los casos tras un año de evolución aunque en un 8 % de los afectados persiste en el tiempo. Estas ginecomastias se desarrollan por un desequilibrio funcional en las concentraciones de hormonas sexuales masculinas y femeninas y se agravan en caso de obesidad. Las fuentes de andrógenos (hormonas sexuales masculinas) son la corteza de la glándula suprarrenal y los testículos.

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Las células de la grasa, piel, mama, hueso, testículos, cerebro e incluso células tumorales expresan la enzima aromatasa que transforma los andrógenos en estrógenos estimulando el crecimiento mamario. Un exceso de grasa por lo tanto, facilita la tasa de conversión de estas hormonas aumentado las probabilidades de ginecomastia.

La ginecomastia senil se produce por disminución de la testosterona (hormona sexual masculina) y aumento de los estrógenos agravado por una mayor incidencia de obesidad a esta edad.

Además de las causas fisiológicas existen múltiples causas patológicas que pueden producir una ginecomastia como trastornos genéticos, tumores, hermafroditismo, realimentación en desnutridos, patología tiroidea, alteraciones testiculares, fármacos e incluso estrés psicológico entre muchos otros.

Ningún varón está libre de padecer un crecimiento mamario en alguna época de su vida, sobre todo teniendo en cuenta que algunos productos cosméticos de uso diario como cremas, champús, lociones, tratamientos capilares etc., pueden contener estrógenos o sustancias con actividad estrogénica que suponen una amenaza oculta para los planos y varoniles pectorales.

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Sin ir más lejos se dieron casos de ginecomastia con el uso frecuente de productos herbales por vía tópica como el aceite del árbol del té y de lavanda y con cremas que contenían estrógenos en niños.

La mayoría de las ginecomastias tienen una resolución espontánea, es decir, revierten sin tratamiento. Son subsidiarias del mismo cuando son de larga duración, mayores de 4 cm y dolorosas. El tratamiento suele ser médico o quirúrgico.

Mª Jesús

Pd.- Esta entrada participa en el desafío que Francis Villatoro y Arturo Quirantes lanzaron a la blogosfera como #lunesTetas.

Crema exuberante

Las estanterías de nuestros baños están repletas de multitud de productos, que clasificamos la mayoría de las veces, por el precio que nos costó cada uno y no por otros criterios más coherentes. De esta forma, los productos de “marca” están apartados en un lugar preferente del armario lejos del alcance de los niños y los demás productos que compramos más baratos en perfumerías, droguerías, supermercados o Internet, los ponemos al alcance de toda la familia y cualquier miembro de la misma, los puede utilizar.
¿Se acuerdan de la película “Mi gran boda griega”? Si no la vieron, les aconsejo que la vean, se divertirán un poco. En este film el patriarca de la familia cura todos los males con un limpiacristales: sarpullidos, heridas, granos, etc.
¿Ridículo, verdad? Pues ahora piensen por un momento, en el trajín de una mañana de un día cualquiera en un hogar familiar e imagínense la siguiente situación:
– ¡Mamá, tengo la cara muy seca, el frío me está matando! -dice el hijo de 13 años.
– Échate mi crema antiarrugas que tiene una consistencia más espesa que la que te pones habitualmente y seguro que te protege más.
– ¡Mamá en el colegio se ríen de mi pelo porque dicen que parece un nido de pájaros de lo encrespado que está! – grita el niño de 7 años, intentando aplastarse el pelo.
– ¡Lávate con el champú alisador de pelo de tu hermana! -dice con paciencia la madre.
¿Me creerían ustedes que si ese comportamiento se repite a menudo, los niños de esta señora pueden desarrollar un crecimiento nada estético de sus mamas? ¿No, verdad? Eso podía ser con el limpiacristales, pero ¿cómo puede suceder con una crema o con un champú, aunque se usen a diario? Sigue leyendo