El peso de la menopausia

La menopausia es un período de la vida de la mujer caracterizado por el cese de los ciclos menstruales. Es una etapa de reajuste endocrinológico que puede determinar en mujeres genéticamente predispuestas a padecer determinadas patologías como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, dislipemias, diabetes tipo 2, obesidad, etc.

Se define por el cese de períodos menstruales y se diagnostica por la ausencia de reglas (amenorrea) de más o menos 6 a 12 meses. Varía mucho de una mujer a otra y generalmente suele durar entre 2 y 7 años.

La mujer percibe cambios en su cuerpo, sobre todo en su estructura corporal. El reparto de grasa corporal se modifica, como si alguien se tomara la licencia de hacer reformas y lo pusiera todo patas arriba, perdiendo de esta forma las curvas femeninas y adquiriendo una distribución androide. Nota con horror como su cintura se va expandiendo al ritmo que va perdiendo los contornos sensuales de las caderas.

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El motivo de este cambio radica en la actividad de una enzima llamada lipoproteinlipasa que se encarga de hidrolizar los triglicéridos de la dieta en ácidos grasos. Dependiendo de las necesidades energéticas que presente en ese momento el organismo, estos ácidos grasos se acumulan en el tejido adiposo o pasan a quemarse en los músculos.

Bajo el efecto de las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona) la lipoproteinlipasa se encuentra más activa en la región glúteo-femoral, es decir, en las caderas. Esto cambia completamente en la menopausia, ya que la enzima lipoproteinlipasa presenta en esta etapa de la vida, mayor actividad en la grasa abdominal debido a la disminución de las hormonas sexuales. Esta circunstancia conlleva que se acumule más grasa en el abdomen, siendo esta localización un factor de riesgo potencial para determinadas enfermedades como diabetes, enfermedad cardiovascular, hipertensión y dislipemias.

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El apetito también sufre modificaciones en la menopausia. Habitualmente, la mujer en edad fértil tiene menos apetito que el varón. El motivo radica en la leptina, una proteína segregada por el tejido adiposo que informa al cerebro del estado de los depósitos grasos. Esta hormona estimula el gasto energético e inhibe el apetito.

Las mujeres tienen concentraciones más elevados de leptina, lo que hace que su apetito sea menor. Esto cambia completamente con la llegada de la menopausia, ya que los estrógenos, se encargan de regular la secreción de leptina o mejor dicho de estimularla. Al disminuir los estrógenos, la leptina desciende, aumentando a la par el apetito.

Leptina

La menopausia es la etapa de la vida de la mujer con la prevalencia más alta de obesidad, con los problemas de salud que esto conlleva. La falta de hormonas sexuales y el avance del envejecimiento producen un deterioro progresivo en la calidad de vida de la mujer menopáusica, complicándose aún más si existe sobrecarga ponderal.

Sin embargo y aunque parezca sorprendente, existe un tejido corporal que sí sale beneficiado de un aumento de tejido adiposo en este período y es ni más ni menos que el hueso.

La obesidad en la menopausia protege o amortigua los cambios degenerativos de la osteoporosis.

El tejido adiposo no es solamente un depósito donde el organismo almacena los excedentes de energía, es algo más. Se trata de un órgano activo capaz de almacenar y metabolizar hormonas, como las esteroides sexuales, gracias a la acción de dos enzimas la 17-β-hidroxiesteroide oxidorreductasa y la aromatasa dependiente del citocromo P-450. Estas enzimas transforman las hormonas sexuales masculinas producidas en la glándula suprarrenal (testosterona, DHEA y androstendiona), que se siguen sintetizando en la menopausia, en hormonas sexuales femeninas (estrona y estradiol).

Esta conversión se incrementa con el contenido de grasa corporal y con la edad. Esto quiere decir que la mujer menopáusica obesa tiene mayores niveles de estrógenos que una menopáusica con normopeso.
Los estrógenos juegan un papel fundamental en el mantenimiento de la masa ósea, aumentan la absorción intestinal de calcio y vitamina D, disminuyen la pérdida renal de calcio y equilibran la actividad osteoblástica y osteoclástica del hueso, es decir, la formación y destrucción del tejido óseo.

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Todo esto conlleva que al declinar la concentración de los estrógenos, también lo haga la masa ósea, siendo este proceso más rápido en los primeros 10 años de la menopausia, ralentizándose después con el paso del tiempo.

El hecho de que la mujer menopáusica presente mayores concentraciones de estrógenos en sangre es un factor protector para la masa ósea, aunque no cabe duda que el precio a pagar es muy alto. El exceso de peso además de favorecer la presencia de otras patologías, produce sobrecarga de todo el sistema músculo-esquelético dando lugar a osteoartritis en las articulaciones que soportan más peso como rodillas, cadera y espalda, y por otro lado la estimulación estrogénica mantenida aumenta la incidencia de cáncer de mama, en las mujeres menopáusicas.

Camino

Envejecer es duro, pero tenemos que asumir los cambios en nuestro cuerpo como un capítulo más de nuestro vida y adaptarnos a ellos. Si queremos llegar lejos en nuestra andadura vital es mejor que vayamos ligeros de equipaje, ya que como decía Charles A. Saint-Beuve:

“Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo”

Mª Jesús

Regulación del apetito

Vitrubio

Nuestro organismo es como una efervescente ciudad cargada de vida y actividad. Miles de células en armonía realizan su trabajo afanosamente para que todas las funciones corporales se lleven a cabo con presteza y efectividad.
El intercambio de información es constante a través de señales eléctricas o mensajeros químicos para que el ritmo no cese nunca, ni cuando ésta, nuestra ciudad, aparentemente duerme.
Todos los días nuestro cuerpo despierta con nuevos retos y posibilidades. Nacen diariamente muchas células, se forman conexiones cerebrales nuevas, se crean, se discuten proyectos y se toman decisiones.
Consideramos que nuestro cuerpo es perfecto pero a veces nos cuesta verlo así. No entendemos por qué de repente nos duele, sin motivo aparente, una pierna; por qué algunos recuerdos desaparecen para siempre de nuestra mente o por qué a veces somos incapaces de controlar nuestro apetito.
Probablemente a veces se habrán hecho alguna de estas preguntas: Sigue leyendo