Diario de una guerrera

Héroe

China, siglo II a.C.:

Nací en el año del dragón y me llamo Chuslín. Soy la última descendiente de un apellido que se extinguirá con mi muerte, ya que el cielo no agasajó a mis progenitores con un hijo varón.

Me crié en la granja familiar en un valle fértil, atravesado por dos ríos, con mis padres y mi abuela.

Vivíamos del cultivo de la tierra que solo nos daba para comer. Día tras día bajo el sol intenso o con frío penetrante, mi padre y yo realizábamos las tareas más duras del campo. No me separaba de su lado, lo acompañaba todos los días en sus oraciones matutinas, en sus ejercicios e incluso en sus visitas a la taberna cercana, donde siempre me quedaba fuera haciendo rabiar al perro del dueño, mientras lo esperaba.

El trabajo duro y la compañía de mi progenitor hicieron de mi una mujer atípica. Soy capaz de matar un jabalí pero no de preparar un arroz en condiciones. Puedo lanzar una flecha y atravesar un águila pero soy una patosa enhebrando una aguja.

Mi alma es masculina y no se corresponde con mi odiado cuerpo femenino. Me repugna la sangre que emano cada mes de mis entrañas y el dolor opresivo que siento esos días en los pechos, que me dicen continuamente que mi sueño es imposible y que “yo” soy la culpable de que el linaje de mi familia no se perpetúe. Sigue leyendo

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