El Genio de Addison

Desde pequeña me consideré siempre una exploradora, bajaba todos los días desde mi casa a un campo cercano donde dormían las ruinas abandonadas de una iglesia. Allí pasé muchas horas de mi niñez, cargada con mi pala, mi pincel y mi lupa. Esperaba que las piedras me contaran cosas, historias lejanas, cuentos fantásticos que me transportaran a un mundo de caballeros y princesas, cuevas que escondían tesoros con inmensos dragones escupiendo fuego en su puerta, apestosos sapos que se transformaban en príncipes sólo con un beso y gemas preciosas con poderes mágicos.
Ya pasaron muchos años de todo aquello y ahora en medio de los rascacielos que agujerean el cielo de la ciudad, sigo buscando tesoros. Paso tardes enteras recorriendo barrios antiguos, visitando iglesias y entrando en viejos anticuarios. Siento que hay algo en algún lugar esperando por mi y no cejaré hasta encontrarlo.
Día tras día, invierno tras invierno, al salir de trabajar me dejo llevar por mis piernas con la esperanza de que me conduzcan hacia algo que cambie mi vida de forma espectacular. Tarde tras tarde vuelvo a casa con las manos vacías pero con el deseo de que pasen las horas rápido para seguir buscando. Muchos años se fueron sumando a mi pesado cuerpo así como muchas decepciones, ¡pero un día apareció!
Allí estaba, dorado y reluciente en la estantería de una tienda que habían abierto hace poco. Sólo con verlo supe que aquel objeto tenía que ser mío. Con urgencia entré en la tienda y como si estuviera robando el objeto más valioso del mundo, entré en un estado de ansiedad que hizo que se me empapase todo mi cuerpo de sudor. Estaba deseando llegar a casa y frotarlo contra mi cuerpo para dar rienda suelta a mis deseos.
Recorrí las avenidas a gran velocidad mirando continuamente hacia atrás para ver si alguien me seguía, entré como una bala en el portal de mi casa, subí las escaleras de tres en tres y una vez dentro de mi piso, empecé a frotar el objeto tan rápido que la palma de la mano me ardía por la fricción. De repente, un sobresalto me hizo caer al suelo. La lámpara de aceite que era el objeto que había comprado empezó a echar un humo negro y espeso que invadía toda la habitación. Con la adrenalina a tope y los pelos de punta, aprieto con fuerza el extintor de incendios que tenía en la cocina. Un fuerte chorro de espuma fue a impactar directamente en el traje impecable del “Genio” recién salido en ese momento de la lámpara. Enfadado y hecho un desastre me increpó a que pidiera rápido los tres deseos de rigor porque tenía que irse como una bala a la tintorería porque una inútil ignorante le había estropeado el uniforme.


Mi subconsciente tomó la batuta en ese momento y los tres deseos salieron escopetados de mi boca dejándome con una cara de lela como si no fuera yo la que hubiera hablado:
Primer deseo: Adelgazar 50 kilos.
Llevo desde la pubertad arrastrando una obesidad mórbida que no puedo quitarme de encima. Hice varias dietas, me puse el balón intragástrico e incluso me hicieron un bypass, pero nada, mi ansiedad por comer es continua y mi cerebro, no mi estómago, me está pidiendo comida continuamente.
Segundo deseo: Ser morena.
Desde pequeña me llamaban “cara de leche” por que mi piel era tan blanca que daba grima verme. Estaba muy acomplejada, siempre llevaba puesta una gorra amplia bajo la que me camuflaba mi rostro haciendo que conservase mi odiosa palidez “in saecular saeculorum”.
Tercer deseo: No tener pelos en el cuerpo.
Mi vello oscuro, largo y fuerte era para mi un castigo divino. Las piernas parecían las de un mono y si dejara crecer el pelo del pubis sin cortarlo, haría una trenza que simularía un gran falo debajo del pantalón o de la falda.
Tres deseos que me iban a dar por primera vez en mi vida, felicidad, seguridad y autoestima. Ya sé que otro persona pediría en mi lugar amor, dinero y salud, pero yo no. Sabía que todo esto vendría de la mano una vez se cumplieran mis deseos.
Con mucha premura el genio desprendió un haz de luz muy intenso que invadió todo mi cuerpo, llegando a levantarme unos centimetros del suelo para caer después presa de un gran dolor a ambos lados de la espalda que me dejó inconsciente. Cuando desperté, el genio no estaba y la lámpara tampoco. ¿Habría sido un sueño?
Medio aturdida me dirijo al espejo del baño y….¡Dios mío! ¡Estaba desnuda! ¡Morena, sin pelo y desnuda! La ropa que llevaba puesta se había deslizado por mi cuerpo hasta caer al suelo. ¡Era maravilloso! Sentada en las frías baldosas lloré de emoción y por primera vez en mi vida fui realmente feliz.
Los días siguientes fueron maravillosos, pasaba el día en la calle o en locales de ocio, me encantaba la sensación de sentirme admirada y deseada, por primera vez en mi vida me sentía como un objeto de placer que emborrachaba mi vanidad.
Fueron días maravillosos, excepto por el cansancio y la sed continua que sentía. Bebía toda clase de líquidos, pero no me calmaban la sed, en cambio paradójicamente beberme totalmente el agua del bote de las aceitunas me dejaba satisfecha.
Pasaron las semanas y el cansancio se agudizaba sobre todo los días que tenía mucha actividad en el trabajo. Llegaba a casa y me caía literalmente en la cama. No tenía fuerza para quitarme los zapatos ni para ir al baño. Me costaba hasta darme la vuelta en la cama y si me ponía de cuclillas no era capaz de incorporarme, era como si me hubieran absorbido toda mi fuerza vital.
-¿Sería el genio un personaje ruín y rencoroso que me castigó por haberle estropeado el traje?
-¿Y si fuera un vampiro que me cameló con los deseos para después chuparme toda la sangre?
Una corriente de miedo y escalofríos recorrió mi cuerpo haciéndome desfallecer aún más. Después de una noche cargada de pesadillas y dolor de espalda, tomé la decisión de ir al médico al día siguiente.
Camino del centro de salud mi cabeza daba vueltas sobre la manera de plantearle al medico mi problema. No tendría más remedio que suprimir algunos detalles de mi historia ya que si no me mandarían directamente al psiquiátrico.

Historia clínica

Raza: Blanca. Edad: 30 años. Sexo: Mujer.
Motivo de consulta: La paciente presenta astenia progresiva de un mes de duración relacionada con aumento de actividad o estrés, acompañada de pérdida de 50 kg de peso, pérdida de vello y cambio de coloración de la piel. No refiere traumatismos, episodios febriles ni la ingesta de medicamentos.
Exploración física: Coloración amarronada de la piel, más prominente en mucosa bucal, pezones y superficies extensoras.
Dolor a la palpación en fosas renales.
Signos de deshidratación.
Tensión arterial: 80/50 mm Hg
Analítica: Niveles de glucosa y cortisol en ayunas bajos.
Alteraciones hidroelectrolíticas con disminución de sodio y aumento de potasio.
Hipótesis diagnóstica: Enfermedad de Addison.
Se ingresará en planta de endocrinología para estudio y tratamiento.

¡Menuda jugada me hizo el genio ese del demonio!
Me concedió todos los deseos a costa de destruir mis glándulas suprarrenales, dando lugar a lo que los médicos llaman enfermedad de Addison.
La enfermedad de Addison es una enfermedad que se incluye en el grupo de las enfermedades raras por su baja frecuencia. Se produce por la destrucción de las glándulas suprarrenales bien sea por infecciones, toma de algún medicamento como los opiáceos, fenitoína, cetoconazol, megestrol y rifampicina o por causa autoimunitaria, siendo esta última la más frecuente.
La enfermedad de Addison se puede asociar en la misma persona a otras patologías glandulares autoinmunitarias como la diabetes mellitus insulinodependiente, el hipotiroidismo, la alopecia aerata y el vitiligo.
Su clínica viene determinada por la pérdida de secreción de glucocorticoides y mineralocorticoides por las glándulas suprarrenales, dando lugar a malestar, fatiga, falta de apetito, sed con necesidad de sal, disminución de peso (se pierde grasa, músculo y agua), dolor de espalda y articulaciones, oscurecimiento de piel, disminución de la secreción ácida gástrica.
El diagnóstico de sospecha se realiza por la medición del cortisol en sangre, pero es una prueba bastante insensible ya que su secreción es pulsátil. Lo más recomendado es administrar por vía intravenosa o intramuscular una dosis alta de ACTH (hormona hipofisaria que estimula la secreción del cortisol) para ver si hay respuesta suprarrenal con un pico en el cortisol sérico, que nos daría la confirmación de que se trata de la enfermedad de Addison.


¿Por qué la afectación de unas glándulas tan pequeñas produce este cuadro?
No porque sean pequeñas, de más o menos 4 gramos cada una, dejan de ser importantes.
Las glándulas suprarrenales son las encargadas de producir las aminas simpaticomiméticas, adrenalina y noradrenalina además de las hormonas glucocorticoideas y mineralocorticoideas. La adrenalina y la noradrenalina se liberan en respuesta a estímulos del sistema nervioso simpático; los mineralocorticoides se encargan de mantener los niveles de minerales en concentraciones constantes y los glucocorticoides se encargan de mantener la glucemia en niveles óptimos además de intervenir en el metabolisno de las proteínas y de las grasas.
En conjunto las glándulas suprarrenales se encargan de que el cuerpo se adapte a distintos tipos de estrés como traumatismos, infecciones, cambios de temperatura, etc., además de mantener los niveles de glucosa constantes en sangre en períodos entre comidas y de mantener los líquidos corporales y sus electrolitos (minerales) en niveles óptimos impidiendo cambios bruscos de osmolaridad plásmatica cuando bebemos o cuando llevamos varias horas sin beber.
Todo la clínica que presentaba fue remitiendo paulatinamente con el tratamiento hormonal sustitutivo a base de glucocorticoides y mineralocorticoides.
Poco a poco fui recuperando el aspecto habitual pero ya no me acomplejaba con mi aspecto anterior al contrario me sentía guapa porque estaba sana y era feliz.
De una mala experiencia siempre nos queda una lección y la mía fue aprender a valorarme tal y como soy, aunque “el como soy” no se adapte a mis deseos.

Mª Jesús

Esta entrada es la primera participación de Vendo mi cuerpo por ser delgad@ en la XVII Edición del Carnaval de Biología que en esta ocasión organiza Ununcuadio.

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2 pensamientos en “El Genio de Addison

  1. ¡Vaya! Es tan interesante que no podía dejar de leerlo: ¡me ha parecido increíble cuando has pasado de la ficción a la realidad de Addison! Y además he aprendido (todo era nuevo para mí).
    Un saludo, y gracias por ajustarte al tema, jaja 😉

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